La Selección de todos los tiempos: quedar en la memoria no es para cualquiera
Un mal partido no empaña el mejor ciclo del fútbol argentino en su historia, tanto por los logros como por las formas.
Un mal partido no empaña el mejor ciclo del fútbol argentino en su historia, tanto por los logros como por las formas.
De las diferencias futbolísticas que marcó España sobre Argentina, en la final del Mundial 2026, no quedan dudas. Los miles de millones de personas que vimos el partido observamos un equipo muy superior a otro que tuvo que llegar al suplementario por la gran actuación del arquero rival. Pero de lo que tampoco hay dudas es de la trascendencia de esta selección a partir de sus inéditas virtudes.
La acumulación de títulos es contundente, pero también lo son las formas. La representatividad que estableció el equipo nacional con el público generó una retroalimentación positiva y por esa relación es que se ganó un lugar en la memoria colectiva.
Desde la concepción del proceso de Scaloni, esta selección fue un reflejo de cómo se vive en Argentina y de lo que es el fútbol como deporte y como fenómeno cultural.
Argentina siempre tuvo buenos jugadores de fútbol y venía de muchas frustraciones hasta que el técnico tomó las riendas del primer equipo. Decisión impulsada por César Luis Menotti y ejecutada por Claudio Fabián Tapia, que fue muy cuestionada, porque el DT no había dirigido nunca a un equipo de mayores.
En medio de una renovación generacional tras el golpe de Rusia 2018, el entrenador se hizo cargo de la albiceleste cuando había una necesidad de recambio generacional y con jugadores de primer nivel mundial que no podían plasmar todo su potencial, como Lionel Messi, Ángel Di María y Nicolás Otamendi.
Un detalle particular es que el propio Scaloni había formado parte del cuerpo técnico de Sampaoli en esa Copa del Mundo para la cual la selección clasificó en la última fecha y en Rusia fue un descalabro.
Leo, Di María y Otamendi no solo la rompieron, sin que lideraron al resto y abrieron paso a los nuevos caudillos, como Rodrigo De Paul y Leandro Paredes.
Es imposible pensar en prescindir de algunas de las partes. Los que juegan son siempre los futbolistas, principales protagonistas, pero no están solos.
No hay Scaloneta sin Scaloni, sin el cuerpo técnico, el grupo de trabajo y de dirigentes que encabeza Tapia.
Por más que a algunos les moleste y más allá de todo lo que pase de ahora en adelante con el Chiqui.
El de Pujato no solo acertó en la mayoría de sus convocatorias, sino que además transformó a un plantel de buenos jugadores en un gran equipo. Dibu Martínez, Cuti Romero, Lisandro Martínez, Alexis MacAllister, todos aciertos del técnico y su gente.
Y algo destacable es que no se casó con nadie, más allá de los gustos que tiene cualquier técnico. Porque no le tembló el pulso para sacar a De Paul o Paredes y darle protagonismo a Enzo Fernández y Julián Álvarez en su momento.
Argentina no es un equipo perfecto, pero sí es humano. Sobre todo lo fue en este Mundial 2026, donde lo emocional se vio más a flor de piel que nunca. El fuego sagrado siempre es necesario para llegar lejos, pero lo que los jugadores le hicieron vivir a su gente en los partidos de eliminación directa fue una película atrás de la otra.
Esta selección dejó en claro una vez más el poder más noble que tiene el futbol. El de poder unir, una vez más, aunque sea por un rato.
Después de ganar dos Copas América, dos Eliminatorias Sudamericanas, Qatar 2022, la FInalíssima, se las rebuscó para volver a emocionar. Mantenerse es más difícil que llegar y en esa enjundia hay mucho de grandeza.
Este equipo tuvo fútbol e ímpetu para revertir situaciones en las que otros se hubiesen caído a pedazos. Incluso en la final, jugando muy mal, España sufrió hasta el minuto 125 para ganar por la mínima.
Y en un día de pobre imagen colectiva, las actuaciones de Nicolás Tagliafico y Dibu fueron tope de gama.
Argentina representó a su gente. Con virtudes y defectos como cualquiera, pero lo hizo.
Lo hizo a través de pibes que llevan la identidad de su pueblo impregnada en la sangre. Salidos de clubes, barrios, escuelas y patios donde se respira fútbol en el más amplio sentido de la palabra. Una pasión tan desmedida como única.
Este equipo quedará en la memoria porque volvió a conmover a su gente con aquello que estos pibes vivieron desde chicos. Lo que vivimos todos.
El coraje, la valentía, el ímpetu, el fútbol. Las ganas de hacer historia y lo necesario para no perder el único partido que no se podía perder. La carga extra que tenía el partido con Inglaterra no hace más que enaltecerlos. Es tan fuerte haberlo ganado que en estas líneas no hace falta explicar por qué.
Gracias por eso.
El fútbol argentino, con todo lo que eso significa, lo bueno y lo otro, generó orgullo a través de estos chicos.
Y la derrota con España, por más notable que haya sido, es apenas una anécdota al lado de todo lo que hicieron.