Contacto

Volver a la portada
La Pampa
La arena hace 18 horas 5 min de lectura

Pantallas: ruleta rusa al volante | La Arena - Noticias de La Pampa y el país

Basta detenerse cinco minutos en cualquier esquina céntrica de las principales urbes para observar una escena que se repite con inquietante naturalidad: ...

Pantallas: ruleta rusa al volante | La Arena - Noticias de La Pampa y el país
Foto: La arena

Pantallas: ruleta rusa al volante

Basta detenerse cinco minutos en cualquier esquina céntrica de las principales urbes para observar una escena que se repite con inquietante naturalidad: conductores que avanzan con la mirada fija en la pantalla del teléfono, escribiendo un mensaje, escuchando un audio o revisando una notificación mientras el vehículo continúa en movimiento.

El celular se ha convertido en el copiloto invisible más peligroso de nuestras calles y rutas, un enemigo silencioso cuya presencia se ha naturalizado bajo la falsa convicción de que "a mí no me va a pasar".

Sin embargo, la evidencia científica demuestra exactamente lo contrario. El cerebro humano no puede realizar dos tareas que demandan atención al mismo tiempo con la eficacia que exige la conducción. La denominada "atención dividida" es, en realidad, atención disminuida. Cada segundo que la vista abandona el camino aumenta exponencialmente la posibilidad de no advertir un peatón, una motocicleta, un ciclista, un semáforo o un vehículo que frena inesperadamente.

Las cifras son contundentes. Diversos estudios citados por la Asociación Luchemos por la Vida sostienen que utilizar el teléfono celular mientras se conduce multiplica por cuatro el riesgo de sufrir un siniestro vial, y que el deterioro de las capacidades del conductor puede equipararse al de una persona que conduce bajo los efectos del alcohol.

La dimensión del problema se comprende mejor cuando se traduce en metros recorridos.

Un vehículo que circula a 120 km/h avanza aproximadamente 35 metros por segundo. Leer o escribir un mensaje durante apenas cinco segundos implica recorrer 175 metros completamente distraído, una distancia equivalente a casi dos cuadras sin prestar verdadera atención al tránsito.

Incluso a velocidades urbanas de 40 o 50 km/h, cuando el conductor mira su teléfono durante tres (3) segundos representan 30 metros recorridos prácticamente "a ciegas", esto equivale a media cuadra con los ojos cerrados, suficientes para provocar una tragedia irreversible.

Distracción.

La Agencia Nacional de Seguridad Vial también viene advirtiendo desde hace años sobre esta problemática. Según datos de su Observatorio Vial, el 16,8 % de los conductores presenta algún factor de distracción durante la conducción y el principal de ellos es el uso del teléfono celular, presente en el 9,4 % de los conductores observados. Por ello, el organismo recuerda que manipular el teléfono mientras se conduce no solo está prohibido por la Ley Nacional de Tránsito, sino que constituye uno de los comportamientos más peligrosos al volante, ya que obliga al conductor a quitar simultáneamente la vista del camino, la concentración de la conducción y, muchas veces, una de las manos del volante.

En La Pampa tampoco estamos ajenos a esta realidad. Los datos públicos relevados, establecidos en el Informe 2025 del Laboratorio Urbano de Movilidad y Seguridad Vial de General Pico refleja que durante ese año se detectaron 4.829 infracciones de tránsito, de las cuales 813 correspondieron al uso del teléfono celular mientras se conducía, lo que representa aproximadamente el 16,9 % de todas las infracciones constatadas por inspectores municipales.

No se trata de una conducta excepcional ni aislada: son cientos de personas que diariamente deciden apartar su atención del tránsito para mirar una pantalla.

Ese mismo informe aporta otro dato que debería hacernos reflexionar. El 75,8 % de los siniestros viales registrados en General Pico ocurrió en intersecciones, precisamente los lugares donde el conductor necesita el máximo nivel de atención para detectar peatones, bicicletas, motocicletas, vehículos que giran o cruzan y cambios en la señalización. Aunque el estudio no atribuye directamente esos siniestros al uso del celular, resulta evidente que cualquier distracción en esos puntos multiplica el riesgo de colisiones.

Motos.

Las motocicletas constituyen, además, el grupo más expuesto. Conteste con las estadísticas nacionales, el informe señala que la mitad de las personas involucradas en siniestros circulaba en motocicleta, y que este modo de desplazamiento concentra la mayor cantidad de lesionados graves.

En este contexto, basta imaginar un conductor de automóvil que desvía la vista apenas unos segundos para comprender por qué un motociclista puede transformarse en una víctima fatal sin haber cometido ninguna infracción.

Lo verdaderamente preocupante es que el uso del teléfono ya no responde únicamente a llamadas telefónicas. Hoy las distracciones son múltiples: responder mensajes de WhatsApp, escuchar audios, consultar redes sociales, cambiar una canción, utilizar aplicaciones de navegación, grabar videos para redes o incluso realizar transmisiones en vivo mientras se conduce.

Cada una de esas acciones implica apartar la atención de la única tarea que verdaderamente importa: conducir.

Existe, además, un fenómeno psicológico particularmente peligroso. La mayoría de quienes utilizan el celular al volante están convencidos de que pueden hacerlo "solo un segundo" o que poseen la habilidad suficiente para controlar ambas tareas simultáneamente.

La ciencia demuestra exactamente lo contrario: el conductor suele subestimar el tiempo que permanece distraído y sobreestimar su capacidad para reaccionar, generando una falsa sensación de seguridad que incrementa el riesgo de siniestros.

Decisión individual.

La seguridad vial no comienza con una multa ni termina con un control policial. Empieza mucho antes, en una decisión individual. Activar el modo conducción, silenciar las notificaciones, detener el vehículo para responder un mensaje o simplemente comprender que ningún audio, ninguna llamada y ninguna publicación justifican poner vidas en peligro son conductas que pueden evitar tragedias.

Porque detrás de cada estadística hay un nombre, una familia y un proyecto de vida que puede desaparecer en cuestión de segundos. Ningún mensaje es tan urgente como para justificar recorrer decenas o cientos de metros sin mirar el camino.

La próxima vez que el teléfono vibre mientras manejamos, la verdadera pregunta no debería ser quién nos escribe. La pregunta es otra:

¿Vale realmente la pena jugar a la ruleta rusa con la propia vida y con la de quienes comparten la calle por responder un simple "ya voy"?

La arena Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por La arena y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026