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La Nacion hace 19 horas 6 min de lectura

Sin copa, pero con orgullo: miles de argentinos salieron igual a las calles del interior para agradecer a la selección

A pesar de la derrota frente a España en la final del Mundial, hubo festejos en plazas, centros cívicos y puntos emblemáticos de distintas ciudades para reconocer el recorrido del equipo de Lionel Scaloni y despedirlo con aplausos, banderas y bocinaz

Sin copa, pero con orgullo: miles de argentinos salieron igual a las calles del interior para agradecer a la selección
Foto: La Nacion

Sin copa, pero con orgullo: miles de argentinos salieron igual a las calles del interior para agradecer a la selección

A pesar de la derrota frente a España en la final del Mundial, hubo festejos en plazas, centros cívicos y puntos emblemáticos de distintas ciudades para reconocer el recorrido del equipo de Lionel Scaloni y despedirlo con aplausos, banderas y bocinazos

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El silencio en las calles y el escaso movimiento que se replicaron a lo largo y ancho del país durante la final del Mundial cesaron casi al mismo tiempo que terminó el partido en el estadio Nueva York-Nueva Jersey, a más de 8000 kilómetros de distancia. El gol que no llegó, sin embargo, no les restó energía a quienes decidieron salir a las calles y reunirse en los mismos lugares donde se habían convocado desde el primer partido para celebrar a la selección nacional.

En Mar del Plata, ese silencio que acompañó casi toda la tarde, ya transformado en desazón por la derrota, se quebró en el microcentro con festejos moderados, aunque ruidosos al fin. Miles de marplatenses volvieron a coincidir en el centro cívico de la ciudad no para gritar por los bicampeones, sino para agradecer una campaña que llegó hasta la final y se interrumpió con la agónica derrota ante España.

Los preparativos habían sido los de una jornada festiva: la mayoría de los comercios cerró desde las 15 y los colectivos dejaron de circular a partir de las 14. Casi una hora después de finalizado el partido se escucharon los primeros estruendos de pirotecnia, pocos en relación con la euforia que se había vivido el miércoles tras la épica victoria frente a Inglaterra en las semifinales. Esa fue la verdadera alegría, vale más que un campeonato, expresó Melchor. Junto a sus tres hijos caminaba hacia las inmediaciones del Palacio Municipal, habitual punto de encuentro de los festejos.

Los primeros en llegar coparon la plazoleta donde se levanta el Monumento al General San Martín. Una vez más, algunos asistentes treparon hasta llevar banderas celestes y blancas a lo más alto de la estructura. Días atrás, una persona debió ser internada por las lesiones que sufrió al caer del monumento.

En las calles cercanas, las autoridades municipales desplegaron un operativo que no pasó desapercibido. Hubo cortes de tránsito para garantizar exclusivamente la circulación de peatones y de vehículos menores, como motocicletas, que terminaron siendo uno de los medios más prácticos para llegar al centro ante la falta de transporte público.

En los alrededores de la plaza San Martín, hasta donde los cortes lo permitían, la caravana de vehículos fue intensa y estuvo acompañada por un incesante concierto de bocinazos.

El impacto de la derrota fue fuerte en Mendoza. Hubo mucho silencio, algunos sollozos y resignación cuando terminó el partido en los Estados Unidos. Sin embargo, también hubo quienes decidieron salir a celebrar, sin excesos, con tranquilidad y agradecimiento hacia la selección argentina por el recorrido que el equipo dirigido por Lionel Scaloni completó hasta la final.

Veredas, calles y plazas permanecieron prácticamente vacías en gran parte de la provincia por la tarde y, tras la derrota, la mayoría emprendió rápidamente el regreso a sus hogares.

Eran pocas las personas que seguían con la bandera en alto en las principales localidades o en el kilómetro 0 de la capital provincial, donde se había previsto una convocatoria masiva en caso de que la selección argentina se consagrara campeona.

Mientras se dispersaban los últimos mendocinos que eligieron reunirse en la avenida San Martín y la peatonal Sarmiento, así como en la concurrida avenida Arístides Villanueva, los efectivos que participaban del operativo de seguridad continuaban en sus puestos.

Entrada la noche, todo comenzaba a recuperar la normalidad. Un grupo de amigos que se despedía en pleno microcentro señaló a LA NACION que habrá otra oportunidad y que mañana habrá que volver a empezar, cueste lo que cueste. Lo dijeron con el corazón herido, según describieron ellos mismos.

Los bocinazos, las banderas y las camisetas argentinas habían comenzado a aparecer en las calles de Córdoba desde el mediodía y continuaron después del resultado de la final. En la previa también crecieron las ventas de asado, bebidas, banderas y camisetas.

Durante el partido, la ciudad quedó prácticamente vacía. Incluso el transporte público realizó sus últimas salidas desde las terminales a las 15.30. Solo se escuchaban gritos de aliento provenientes de edificios y viviendas. Los momentos de mayor intensidad se dieron durante el entretiempo y al término de los 90 minutos reglamentarios, antes del inicio del alargue.

Tras la ceremonia de premiación y la despedida del seleccionado argentino en el estadio Nueva York-Nueva Jersey, comenzaron a escucharse nuevamente los bocinazos y los ¡Viva Argentina!. Aunque sin la masividad registrada en encuentros anteriores, especialmente en el triunfo frente a Inglaterra, distintos grupos se congregaron para celebrar el subcampeonato.

Debido a los incidentes registrados en festejos en los partidos previos, se había preparado un esquema de anillos de control integrado por efectivos de la Policía de Córdoba, Gendarmería Nacional, Policía Federal, Fuerza Policial Antinarcotráfico, personal municipal y organismos de emergencia.

Hacia las 20, la cantidad de personas reunidas en el tradicional Patio Olmos alcanzó su punto máximo. Hubo bengalas, cantos y coros de agradecimiento a la selección nacional. En las principales avenidas, el tránsito fue aumentando acompañando los bocinazos y las muestras de apoyo al equipo argentino, que esta vez regresó con el subcampeonato.

Tras una jornada soleada en la que locales y turistas disfrutaron de la nieve en el cerro Catedral, cientos de personas se acercaron desde temprano al Centro Cívico de Bariloche para seguir la final en pantalla gigante, tal como había ocurrido en cada presentación de la selección argentina durante el Mundial.

El apoyo se mantuvo hasta el último minuto y, aun después de la derrota, muchos permanecieron en la plaza entre abrazos, aplausos y cantos de agradecimiento al equipo de Lionel Scaloni.

También se escucharon bocinazos y muestras de aliento en otros puntos de la ciudad donde se habían organizado concentraciones, como la base del Teleférico Cerro Otto, situada a seis kilómetros del centro.

Con la colaboración de Darío Palavecino, Pablo Mannino, Gabriela Origlia y Paz García Pastormerlo

La Nacion Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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