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Opinión
Rosario 3 hace 20 horas 2 min de lectura

La selección de los milagros no pudo conseguir la cuarta estrella, pero compitió hasta el final

Argentina hizo lo que le permitió España, que fue un rival muy superior

La selección de los milagros no pudo conseguir la cuarta estrella, pero compitió hasta el final
Foto: Rosario 3

El ciclo virtuoso que inauguró y conduce el cuerpo técnico que encabeza Scaloni se pegó un porrazo fuerte en la final del Mundial, pero nadie puede, o no debería, levantar un solo dedo acusador contra un equipo que llegó hasta el último partido con mucho más coraje que fútbol. El mismo coraje que lo mantuvo con vida hasta el último instante frente a un rival claramente superior.

España, que era el principal candidato antes de iniciarse la Copa del Mundo, le hizo honor a los presagios y a las tendencias y se quedó sin discusiones con su segundo título mundial. Fue el mejor de todos.

Argentina ya había ganado su Copa del Mundo en la semifinal. Fue tan fuerte la victoria frente a Inglaterra que es probable que esta final, aunque la hubiera ganado, quedara en segundo término.

¿Acaso no se recuerdan más los cuartos de final de México 86 frente a Inglaterra que la final con Alemania de aquel torneo?

El capitán llora, como un chico que recién empieza su carrera y sufre una desilusión. El héroe de mil batallas no concibe la derrota. Llora Leo Messi, a los 39 años, como si no hubiera un mañana, con la medalla de plata colgada en el pecho. Nada de despreciar el segundo puesto. La competitividad al palo.

Duele, por supuesto que duele, cómo no va a doler perder la final de un Mundial. Pero nadie olvidará a este grupo que edificó una de las victorias más festejadas de la historia del fútbol argentino.

¿Reproches? Ninguno. Asumirse inferior al rival es una actitud que solo está reservada para aquellos que buscan la perfección. Y esta Argentina coqueteó varias veces con ella.

¿Se metió muy atrás Argentina? La metieron. España la metió. Se insiste, sólo el coraje la llevó al alargue y a pelear hasta el final. Y gracias a Dibu, que volvió a ser aquel.

Leo y sus muchachos se retiran ovacionados del imponente estadio de Nueva Jersey.

Terminó el Mundial, el de las emociones, el de la resiliencia, el de las grandes remontadas. El del subcampeonato del mundo. El último de Leo.

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