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El Esquiu ayer 2 min de lectura

Una joya invaluable: la Copa del Mundo se consolida como el trofeo más caro del deporte global

Diseñado con más de seis kilogramos de oro macizo de 18 quilates, el galardón máximo de la FIFA posee un valor intrínseco de hasta 300.000 dólares solo por su peso en metal precioso

Una joya invaluable: la Copa del Mundo se consolida como el trofeo más caro del deporte global
Foto: El Esquiu

Mientras las delegaciones de la Argentina y España ultiman los detalles tácticos en los vestuarios del MetLife Stadium, todas las miradas del planeta fútbol convergen en el objeto de deseo que aguarda en el túnel de ingreso: la Copa del Mundo de la FIFA. Más allá de la gloria deportiva imperecedera que otorga a la nación que logra conquistarla, la estatuilla se erige de manera indiscutida como el trofeo más valioso, caro y codiciado de toda la industria del deporte mundial, superando con creces a los galardones de la Fórmula 1, el tenis o las grandes ligas norteamericanas.

La mítica pieza, diseñada originalmente por el escultor italiano Silvio Gazzaniga en la década de 1970, es una obra de arte de alta orfebrería que registra un peso exacto de 6,175 kilogramos. Su estructura principal está fundida en oro macizo de 18 quilates (lo que representa un 75% de pureza en su composición metálica), asentada sobre una base circular estilizada con dos anillos concéntricos de malaquita, un mineral semiprecioso de un característico tono verde que realza la estética de la pieza.

Si se realiza un desglose estrictamente financiero basado en los mercados de materias primas, el valor del trofeo oscila en una franja técnica de entre 250.000 y 300.000 dólares corrientes, ajustándose de manera diaria según las fluctuaciones de la tasa internacional de la onza de oro. No obstante, este cálculo nominal queda completamente desfasado frente al peso simbólico y cultural de la copa.

Al tratarse de una pieza única, protegida con recelo en las bóvedas de la FIFA en Zúrich y de la que solo se entregan réplicas laminadas a las federaciones campeonas, los especialistas estiman que una subasta hipotética del original alcanzaría cifras de carácter astronómico.

El misticismo que rodea al trofeo explica el fervor masivo que se vive por estas horas en las calles de Nueva York y en los alrededores del estadio. Para Lionel Messi y el plantel argentino, levantar el galardón esta tarde no solo significaría sellar el bicampeonato mundial en tierras norteamericanas, sino también volver a posar las manos sobre el tesoro más preciado de la cultura contemporánea; un símbolo que, para el universo del fútbol, no tiene precio posible.

El Esquiu Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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