Carlos J. Miguens, un empresario innovador y heredero de la dinastía Bemberg
Impulsor y referente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), fue líder de marcas identificadas con el desarrollo de la industria en el país, entre ellas la Cervecería Quilmes; era hijo de la cineasta María Luisa Bemberg; el enfrentamiento con el
Carlos J. Miguens, un empresario innovador y heredero de la dinastía Bemberg
Impulsor y referente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), fue líder de marcas identificadas con el desarrollo de la industria en el país, entre ellas la Cervecería Quilmes; era hijo de la cineasta María Luisa Bemberg; el enfrentamiento con el peronismo
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La muerte de Carlos José Miguens, este domingo, a los 77 años, a raíz de un cáncer, suscitó un profundo pesar entre quienes lo conocieron.
Carlos José Miguens había nacido el 16 de febrero de 1949. Se formó en los colegios San Jorge y Cardenal Newman, tras lo cual estudió economía en la Universidad del Salvador. Su madre, María Luisa Bemberg, la reconocida directora de cine, y su padre, el prestigioso arquitecto Carlos María Miguens, dejaron en él una importante marca cultural.
Heredero de una larga tradición familiar empresaria, supo continuarla exitosamente. Tuvo especial influencia en su formación la figura de su abuelo, Otto Eduardo Bemberg, a quien siempre reconoció como su guía no solo para el desarrollo de negocios sino también para un comportamiento ético intachable.
Formó parte de diversos directorios de empresas del poderoso Grupo Bemberg. Entre ellas se destaca por su mayor importancia la Cervecería y Maltería Quilmes S.A., cuyo directorio presidió durante muchos años. Durante esos años logró consolidar el liderazgo de esa cervecería a través de un importante crecimiento de sus ventas y la incorporación de nuevas plantas fabriles en el país, en Chile y en Bolivia. Lamentó profundamente cuando la misma pasó a capitales extranjeros; generar trabajo para los argentinos siempre fue su obsesión.
Transmitió la misión de responsabilidad en el manejo de los negocios, sin dejarse seducir por los vicios que encontraba, según describía, en una Argentina en la que los atajos y las banquinas están a la orden del día. Casi siguiendo el evangelio, recomendaba mover las blancas con sabiduría, porque las negras también mueven
Además de su actividad en las empresas de la familia Bemberg, Carlos Miguens realizó múltiples inversiones propias o asociado con terceros. Muchos años antes de que se pusiera en boga la frase ahora tan difundida , pensaba que si en el otro lado de la cordillera de los Andes existían importantes reservas de oro y litio, no había ninguna razón para que no existieran las mismas posibilidades de explotación del lado argentino. Su compromiso con que el país creciera y contara con divisas era inclaudicable.
Así, el Grupo Miguens bajo su liderazgo formó parte de empresas mineras dedicadas a esta actividad en el lado argentino de la cordillera. A tales inquietudes de principios de este siglo, se agregó el ingreso de su grupo empresario en las centrales de energía Piedra del Águila y Central Puerto. Tuvo también participación en la compañía Citrícola San Miguel S.A., una de las principales empresas procesadoras de limón del mundo, con una participación del 15% de la molienda global de esta fruta.
Quienes lo trataron reconocían en él una gran facilidad para apreciar desde el vamos las posibilidades de éxito o de fracaso de los distintos emprendimientos que le acercaban. Una vez que tomaba una decisión, perseveraba en ella con llamativo ahínco. Por otra parte, se dedicó siempre a actividades independientes de asistencias estatales. Tenía una inquebrantable posición de transparencia en todos los negocios que encaraba.
Entre otros reconocimientos, al recibir el premio al CEO de Mayor Trayectoria en el año 2024, declaró que la Argentina necesita ir por el camino de los valores, los premios y los castigos, reclamando la necesidad de mejorar los comportamientos y gestiones de los ejecutivos. Hemos hecho negocios buenos y negocios malos dijo, pero siempre en un marco sin privilegios. Esa es la caracterización que ha mantenido nuestro grupo.
Para la gestión de las empresas, Miguens consideraba clave saber escuchar. Aconsejaba la formación de equipos, con denominadores comunes que permitieran empujar a todos para el mismo lado, como una estrategia para lograr buenos resultados. También generosamente ayudó a todas las personas que trabajaban en los emprendimientos a los que estaba vinculado, creando afectos que iban más allá de una simple relación laboral. Su posición nunca le hizo perder un estilo franco y sencillo. En los últimos años, preocupado por la realidad social, visitaba y ayudaba en distintas villas del conurbano.
S.A. LA NACION no puede olvidar que en la grave crisis que padeció a raíz de haberse endeudado en dólares para renovar su planta gráfica poco antes de la gravísima crisis de fines de 2001 y principios de 2002, Carlos Miguens, junto a su hermana Cristina, fue una de las personalidades que contribuyeron con un préstamo saldado en tiempo y forma a que recuperara su solvencia. Lo hizo de tal modo en la certeza de que el país no podía prescindir de una de las instituciones más confiables e imprescindibles para el desarrollo democrático del país y la transparencia de sus instituciones.
Tenía una habilidad natural para el deporte, destacándose en todos los que practicaba. Como polista tuvo 6 goles de hándicap, como golfista llegó a un hándicap de una sola cifra y también practicó con éxito la pesca. En sus años más recientes lo atrapó el automovilismo, participando asiduamente en una categoría en la que todos los autos tenían la misma potencia, lo que también respondía a su espíritu competitivo.
Preocupado por la situación empresaria general en el país, fue cofundador y vicepresidente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).
Ante el consejo clásico de no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti, Miguens era partidario de una premisa invertida: Haceles a los demás lo que te gusta que te hagan a ti.
Una característica muy fuerte de su personalidad fue su culto a la amistad. A lo largo de su vida mantuvo vínculos inseparables con amistades que se originaron en su juventud y que siempre mantuvo vigentes.
Carlos José Miguens tenía un elevado concepto de la familia, era un padre protector que apoyaba los proyectos de sus hijos y disfrutaba enormemente de su compañía. Estaba casado con Antonia Robirosa, con quien tuvo sus cuatro hijos, Carlos, Tristán, Lucas y Valentina.