SER MONTIEL - Diario La Mañana
"El trofeo tan anhelado por un pueblo que vive fútbol, que sueña fútbol, que se ilusiona con el fútbol" , dicta el relato de Rodolfo De Paoli luego de declarar, en el último penal de la serie en Lusail , la automática conversión de toda una república en un hábil lateral derecho surgido en las inferiores de River . Tres años y medio hemos sido Montiel , y seguimos y seguiremos siendo. El miércoles, iniciado el encuentro contra Inglaterra, el silencio en las calles era respirable y otorgaba la imagen de una suspensión del tiempo, quizá producto de la tensión en los cuerpos, total, a causa del cruce entre lo incierto y la esperanza. Por fortuna, el verso más feliz de todos, que fue el gol de Enzo Fernández a Pickford , y la sentencia definitiva, irrevocable, que fue el subsiguiente cabezazo de Lautaro , nos retribuyeron con creces la agonía que nuestra condición de Montiel a veces implica. Sensatas y pertinentes habían sido las palabras de Scaloni previo al compromiso, pero también profundamente falsas. Nunca es sólo un partido de fútbol, y menos contra Inglaterra . Hay demasiado pasado en juego como para que ello sea cierto. Por eso es imposible que la ministra de Seguridad, aun a través del más perfecto acto de genuflexión y servidumbre, impida la existencia de la bandera blanca que brilló en las manos de Lo Celso y Otamendi con la consigna prohibida. En la era en la que todo se desdibuja, la esencia mundialera ancestral no iba a ser la excepción, y en lo vertiginoso y convulso, en lo rápido y contradictorio, ser Montiel implica también un constante ejercicio de olvido y recuerdo selectivos. Olvidamos el estrechón de manos de nuestro Capitán con El Diablo , pero recordamos todas sus marcas y récords en el sobrehumano desempeño que despliega aún con 39 años. Olvidamos la provocación al DT de Egipto con la bandera israelí, pero celebramos el sabor especial de la arrolladora remontada. Hacemos como que no vemos al Diego Armando Maradona hecho con Inteligencia Artificial promocionando la ludopatía, porque necesitamos a todos nuestros ídolos y dioses intactos en medio de la cruzada. Es este, quizá, el mecanismo de defensa de un pueblo que ha sido ya demasiado castigado, un pueblo que no se resigna a privarse de la alegría transversal, contagiosa. La forma de obrar de quien es consciente de su gallardía, experticia y, si me lo permiten, superioridad en la disciplina. La única oportunidad en la que formar parte de la resistencia es seguir la corriente, porque en su cauce se encuentra lo indomable e inexplicable de la pasión popular más fervorosa de todas. Es imposible saber lo que ocurrirá hoy, solamente son certezas la fe y la esperanza, inmensas, mágicas. Solamente queda dejar todo de nosotros en el aliento y la búsqueda de la gloria máxima, el nacimiento de la cuarta estrella en el último baile, para unirnos en las calles y en todo el país, y ratificar y recordar, una vez más, que somos todos Montiel .