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Sociedad
La Gaceta Tucuman hace 2 días 4 min de lectura

Correr no fue escapar, fue volver a mí: el libro de un tucumano que sobrevivió a un asesinato, un coma y un cáncer

Ova Fonio terminó la publicación cuatro meses antes del nuevo diagnóstico. El deporte le enseñó disciplina y constancia.

Correr no fue escapar, fue volver a mí: el libro de un tucumano que sobrevivió a un asesinato, un coma y un cáncer
Foto: La Gaceta Tucuman

Resumen para apurados

- El profesor tucumano Osvaldo Fonio publicó recientemente su libro autobiográfico para relatar cómo el deporte y la resiliencia lo salvaron de múltiples tragedias.

- Tras presenciar el asesinato de su padre, quedar en coma y superar un linfoma, el autor enfrenta hoy una recaída de cáncer apoyado en la disciplina que le dio el running.

- Su testimonio busca inspirar a los jóvenes sobre la importancia de la constancia y los procesos largos frente a la adversidad, promoviendo el deporte como pilar de vida.

"Correr no fue escapar, fue volver a mí" es el libro que el profesor de Educación Física escribió a sus 39 años, justo en el momento en el que atraviesa una recaída de la enfermedad que parecía haber quedado en el olvido. "El deporte me devolvió todo lo que había perdido: el compromiso y el creer en mí mismo. Me formó como ser humano y me permitió volver a estudiar para recibirme con uno de los mejores promedios", le dice "Ova" a LA GACETA.

Fonio contó cómo decidió realizar la publicación: "Siempre fue mi sueño escribir el libro. Hice un quiebre después de que falleció mi mamá; sentí la conexión de que tenía que plasmar mi historia. Fui escribiendo de a poco, guardando bosquejos en pendrives, mandándome mails o por WhatsApp. Lo terminé hace unos cuatro meses, justo antes de que me diagnosticaran esta recaída".

"El libro se llama 'Correr no fue escapar, fue volver a mí'. Hoy está muy de moda entre psicólogos o gente del deporte decir que el que corre lo hace para escaparle a algo. Para mí correr no es escapar; el deporte te da la visión y la capacidad de tener esos dos o tres segunditos para pensar antes de actuar", señala y agrega: "Mi historia es muy dura, así que en el libro intenté no contar explícitamente los detalles más crudos, como ver el momento del escopetazo a mi papá o a mi mamá deteriorada por el cáncer. Lo hice para que no sea tan chocante ni invasivo, y para dejar la incógnita de modo que el lector busque los videos donde sí cuento mi historia real sin tabúes".

Fonio afirma que aprendió a ser optimista aun cuando todo se pone oscuro: "Lejos de que todo lo que me pasó me haya convertido en una persona enojada con la vida, lo usé como fuerza interna. Mi misión es llevar la bandera de que todo se puede y siempre se sale mientras uno tenga salud y a la familia unida".

Una batalla tras otra

La contratapa del libro lo resume con precisión: "Un testimonio real sobre el cuerpo, el dolor, el amor y la decisión -cotidiana- de estar presente". Y Fonio no necesita adornos para contar su historia. "A mi papá lo asesinó un vecino de un escopetazo. Después mi mamá tuvo un cáncer fulminante, me tocó verla llegar a pesar 30 kilos, y falleció un año antes de que nazca mi hija".

Perdió a su padre, a su madre y, como si la vida no hubiera terminado de probarlo, "a los dos o tres años de perder a mi mamá, me detectaron mi primer cáncer. Me curo, y a la semana de que me dieran el alta sufro un accidente que me dejó diez días en coma farmacológico. Aquello me dejó secuelas auditivas y visuales".

Sin embargo, no hay autocompasión en su voz: "Toda mi vida fue pérdida tras pérdida, dolor tras dolor. Pero siento que haber perdido tanto fue mi motor".

Fonio enfrenta su segundo cáncer. Una recaída. Y el desafío se hizo más complejo: su esposa, Florencia, quedó embarazada antes de que él comenzara la primera quimioterapia de este nuevo diagnóstico. Pero el deporte, dice, le enseñó a sostener la disciplina en los momentos más duros. "Curarme de este cáncer es como entrenar para un medio Ironman. Exige la misma constancia. Así como preparás una carrera durante 18 o 20 semanas, yo sé que cada 15 o 20 días tengo que ir a la quimio y bancarme los días posteriores, cuando el cuerpo deja de responder como debería". "Perdí muchas veces y gané muy pocas, pero me quedo con todas. Porque las pérdidas también me hicieron quien soy", añade.

"Si a los jóvenes no les va bien en seis meses, cierran y buscan otra cosa; nadie quiere perder tiempo. Está bueno dejarles el mensaje de que los procesos son largos y de que en el medio hay muchas más pérdidas que ganancias", sentencia.

La Gaceta Tucuman Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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