Un estudio reveló que los chicos nacidos entre 1955 y 1978 no se hicieron fuertes porque recibieron una mejor crianza, sino porque tuvieron que aprender a gestionar sus propias emociones
La investigación asoció la autonomía y el juego libre de esa época con una mayor tolerancia a la frustración y habilidades emocionales que hoy se buscan enseñar en las escuelas.
Un estudio determinó que los chicos crecidos entre 1955 y 1978 no tuvieron una infancia más fácil, sino una niñez con menos barreras entre ellos y el mundo. De acuerdo a la psicología del desarrollo, esa generación aprendió a gestionar sus emociones porque debió hacerlo sola, sin la intervención constante de los adultos.
El concepto clave de esto es la resiliencia emocional, una capacidad que se generó en la calle, en el juego libre y en la resolución de conflictos sin supervisión.
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En esa época, los padres garantizaban lo básico techo, comida, escuela y exigencia de buenas notas, pero dejaban que los chicos resolvieran solos los problemas cotidianos, como discusiones con amigos, aburrimiento o peleas con los de su edad.
Un estudio publicado en 2023 en el Journal of Pediatrics, liderado por el psicólogo Peter Gray, mostró que la reducción de la actividad infantil independiente desde los años 60 fue de la mano con el aumento de dependencia de sus padres. La falta de juego libre y autonomía, según los expertos, impactó directamente en la salud emocional de las nuevas generaciones.
Las habilidades que se desarrollaban sin supervisión adulta
La infancia sin adultos arbitrando cada conflicto obligaba a los chicos a encontrar sus propias soluciones. Así, se entrenaban capacidades emocionales que hoy los investigadores buscan enseñar en programas escolares. Entre las principales habilidades que se fortalecían estaban:
- Tolerancia a la frustración: aprender a esperar, aceptar el no y seguir adelante sin crisis.
- Resolución de conflictos: negociar reglas y resolver peleas sin intervención adulta.
- Evaluación de riesgos: subirse a un árbol o andar en bicicleta en la calle y medir los propios límites.
- Creatividad ante el aburrimiento: inventar juegos e historias sin pantallas ni agendas.
- Autonomía temprana: ir a la panadería, atender el teléfono o resolver recados sin pedir permiso para cada paso.
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Por qué la crianza actual dificulta el desarrollo de estas capacidades
El cambio responde a una suma de factores: ciudades más inseguras, agendas escolares recargadas, pantallas presentes todo el tiempo y una cultura que trata cualquier incomodidad infantil como un problema urgente. Todo esto redujo drásticamente el tiempo en que los chicos pueden estar solos con sus pensamientos y desafíos.