La sorprendente casa de Lomas de Zamora revestida con cientos de mayólicas rescatadas que un arquitecto creó para su nieta
Javier tiene 60 años y dedica su vida al patrimonio y al arte. Tras el nacimiento de Aurora, comenzó una revolucionaria intervención en su propiedad de 1906 para que la nena y todo el que pase por la vereda nunca olvide el valor de jugar.
La casa parece detenida en el tiempo, o quizás salida de las páginas de un libro que alguien olvidó abierto. En una época donde el minimalismo parece dominar los espacios y uniformar las ciudades, la vivienda de estilo italiano construida en 1906 se rebela con timidez y belleza. Su fachada no es una simple pared: es un lienzo vivo, un rompecabezas de recuerdos, azulejos rescatados y misticismo.
Detrás de esta obra de arte monumental está Javier, un arquitecto y artista plástico de 60 años, especializado en patrimonio arquitectónico y cultural, que decidió emprender el proyecto más importante de su vida. El motor de esta enorme transformación no fue la búsqueda de reconocimiento profesional, sino un sentimiento tan antiguo como el mundo: el amor fundacional de un abuelo por su nieta, Aurora.
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Esa vivienda, testigo de su historia familiar, encierra una mística propia desde sus bases. Javier y su esposa ingeniera civil, docente de ciencias exactas y especialista en literatura inglesa, con quien comparte la vida desde los 15 años la adquirieron bajo una atmósfera cargada de generosidad y afecto. La antigua dueña les transmitió un cariño que impregnó las paredes desde el primer día, dejándoles incluso sus pertenencias en un emotivo gesto de desprendimiento al momento de la mudanza.
Y así, con los años, el hogar fue tomando forma y creando su propia historia. Hasta que un hecho detonante la transformó en algo mayor.
Cuando nació mi nieta nos produjo toda una revolución interna y a mi en especial en querer dejar algo como legado a futuro. Y ese legado tiene que ver con no dejar nunca esta parte lúdica de niño que tenemos adentro, que la tenemos que tener activa siempre, relata el arquitecto sobre el nacimiento de la pequeña, un hecho sorpresivo que resignificó por completo sus prioridades y su mirada sobre el futuro. Sabíamos que deseábamos ser abuelos, pero no pensamos que nos iba a impactar tan fuerte internamente esto de una nueva generación, un nuevo ser con una responsabilidad. Porque con hijos y nietos parece que la responsabilidad del legado es mayor. La emoción de verla para mí es lo máximo que puedo anhelar en la vida, sumó en diálogo con TN.
El lugar es especial. Está lleno de obras, de arte, de magia. Hay esculturas y mayólicas rotas y reconvertidas en una obra nueva, formando parte de una historia que recién comienza. Su casa es un mundo soñado. Repleta de decenas de juegos de té, alberga un taller infinito para jugar, armar, desarmar y volver a crear. Desde soldadura hasta crochet, el hogar es un espacio libre donde hasta el objeto más ínfimo puede convertirse en el punto de partida de una nueva creación.
El ADN cultural: pintar cuadros en su infancia y tomar el té con cuentos de Dickens
Para entender la sensibilidad de Javier hay que viajar a su propia infancia. Desde chico sus padres lo incentivaron a explorar el mundo del arte. Mientras que por las mañanas asistía al colegio inglés San Albano, sus tardes transcurrían en la mítica escuela de arte del Instituto Di Tella. Allí, bajo la guía de la profesora Nora Grez, Javier ya pintaba lienzos de cuatro y cinco metros de largo en apenas sus primeros años de vida.
En aquel universo infantil convivió de cerca con figuras de la talla de Marta Minujín, Edgardo Giménez o Pipo Pescador, con los cuales hoy siguen siendo amigos. Pero quizás el recuerdo más vívido y musical sea el de aquellas tardes donde se apagaban las luces, su madre tocaba el piano y, en la penumbra, sonaban las canciones y poemas de María Elena Walsh.
Yo siempre explico así: como tenemos un ADN físico, tenemos un ADN cultural. Ese ADN cultural está formado por todos esos elementos que vamos vivenciando y anexando, que puede ser desde el perfume de tu mamá cuando eras chiquitito, o tu abuela que te cantaba en italiano, un vecino que tocaba el violín, que te llevaran a ver obras de tal artista o al teatro. Todo eso te va haciendo un ADN cultural y con ese ADN, de grande, a través de nuestros ojos y nuestro inconsciente vemos el exterior, reflexiona el arquitecto.
Hoy, esa misma magia lúdica es la que Javier intenta transmitirle a Aurora en la cotidianidad de los días compartidos. En su hogar, tomar el té no es un hábito común; es una representación teatral donde las teteras cobran vida y los personajes de Charles Dickens o de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll se sientan a la mesa para desplegar un mundo de fantasía que proteja la individualidad de la niña en tiempos hiperconectados.
Para Aurora todo esto es natural. O sea, el estar... ponemos la mesa para tomar el té lo mismo he hecho con mis hijas más chicas con los personajes y contamos cuentos. Le produce un mundo mágico y creativo. Creo que eso es lo que tenemos que fomentar en los chicos hoy en día, más en las nuevas generaciones que con todo esto de la cibernética, que todo el mundo ve lo mismo y siente lo mismo. Tenemos que volver a esto de generar lo individual, qué siente cada uno, porque somos todos diferentes, expresa Javier, convencido de que la creatividad interna y la empatía son las herramientas definitivas que salvan a las personas cuando llega la adultez.
Una obra colectiva y performática hecha de desarmes
La impactante intervención de la vivienda se asienta en la paciencia y el reciclaje. Javier fue acopiando con los años materiales provenientes de demoliciones de antiguas propiedades. Con piezas de herrería, detalles de castillos y, fundamentalmente, cientos de valiosas mayólicas que revisten el frente, el lateral y la parte trasera del hogar, fue dando vida a un diseño orgánico que se adapta a los materiales que el destino le va entregando.
La composición de la fachada es como de doble entrada. No es que yo dije voy a diseñar esto, quiero hacer esto porque no sabía qué materiales tenía para hacerlo, porque es material de demolición y de recupero. Llevó cientos y cientos de mayólicas que son difíciles de conseguir. Entonces, entre los materiales que fui consiguiendo y el diseño que iba imaginando, fui adaptando una cosa por otra, explica sobre el proceso de construcción.
Sin embargo, el trabajo está lejos de concluir. Javier asegura que la obra apenas va por la mitad. Lo que sigue es la incorporación de los personajes físicos a la fachada, un ensamble performático donde las figuras antiguas, recortadas y resignificadas por sus propias manos, se integrarán en una gran narrativa visual.
No es una decoración, es una acción artística performática. La idea es incorporar una nena abriendo un gran libro del que escaparán más de 50 personajes de cuentos, cada uno con su propia historia, su misticismo y sus secretos. Cada uno va a ir contando parte de algo simbólico, de un cuento; va a tener mucha simbología encriptada, para que quien la observe vaya descubriendo qué cuenta cada personaje. Y también les dejo la puerta abierta para que imaginen lo que van contando. La historia que yo intento crear es una, pero la verdadera es la que produce en quien la observa..
Es por esto que -sostiene- la casa ya no pertenece únicamente a su familia. Quienes caminan por el barrio se detienen, sacan fotos, observan los detalles y completan la obra con sus propias experiencias. Para Javier, este intercambio con la comunidad es vital, porque concibe al hogar no como una fría estructura maximalista diseñada para complacer la mirada ajena, sino como un templo interno y un refugio de contención.
Nosotros siempre tuvimos la concepción de que la casa representa nuestra manera de vivir; es el lugar donde uno ingresa después de salir a pelear la vida al mundo exterior, que es muy dura y tiene todo tipo de luchas. Cuando entrás, tenés que tener un lugar donde te sientas acogido, que te refleje y que sea tuyo; si lo pensás semánticamente, tiene que ver con volver al útero donde uno estuvo protegido y cuidado. Una casa para mí tiene que tener eso. Hoy en día, cuando las desnudamos con este minimalismo y las ponemos en función de lo que el otro pretende de mí y no de lo que realmente soy, nos vamos sacando cosas de encima y nos olvidamos de quiénes somos. Vivimos en una ciudad donde por fuera somos distintos pero peleamos por ser iguales; es una lucha por algo que no es natural. Lo natural es que cada uno tengamos nuestra identidad, nuestra manera de ser y de manifestarnos. Parece que eso hoy es mala palabra y que tenemos que estar todos con las mismas condiciones, ser todos iguales, insiste.
El porvenir sin ataduras: un mensaje para dentro de 30 años
Los cuentos clásicos siempre han tenido un rol fundamental en la estructura familiar del arquitecto, quien atesora en la planta alta de su casa una enorme biblioteca infantil con reliquias familiares, incluyendo los primeros anuarios de Mickey Mouse que pertenecieron a su padre. Para él, los relatos tradicionales albergan una sabiduría ancestral y una preparación psicológica indispensable para la vida.
Lo que les queda a los chicos no es lo que uno cree que le está dando. Uno siembra, y después lo que crece dentro de ellos es su campo, su emoción. Aurora puede ser médica, puede ser artista plástica o lo que sea, pero esa formación la tiene interna. Creo que tenemos que ser creativos en todo; un médico también debe ser creativo para inventar algo y salir de su espacio de confort para querer crecer e inventar cosas para la posteridad. Esto va en todas las áreas, señala.
Al mirar hacia el futuro y pensar en qué huella dejará todo este esfuerzo en su nieta cuando pasen las décadas y él ya no esté físicamente, el artista prefiere no imponer expectativas rígidas. Sabe que la vida es impredecible su esposa es española, Aurora vivió un tiempo en España y los rumbos familiares siempre pueden cambiar, por lo que abraza el porvenir con una profunda madurez y libertad.
Cuando yo ya no esté y Aurora sea grande, quiero que le quede ese legado de nunca olvidarse de quién sos. Lo dijo Picasso: nos llevó toda una vida descubrir quiénes ya somos. Cuanto más rápido nos reconocemos, nos aceptamos y podemos crecer y edificar a partir de eso, ganamos tiempo, que esta vida es muy finita, reflexiona conmovido.
Y sobre el destino físico de la casa, añade con desapego: La casa quedará como parte de... no sé, capaz que viene un loco, un minimalista, y la vuelve a hacer minimalista y hay que empezar de cero. Capaz que viene alguien y le interesa levantar el guante y seguir otra acción. Capaz que no es más casa de vivienda y pasa a ser un espacio con otras actividades. Sería muy, muy cruel de parte mía pretender ver un futuro que no me corresponde. Creo que tenemos que vivir nosotros y vivir el hoy, y en función de esa misma manera que siga viviendo y que sea lo que el destino le toque. Sin pretender manejar el futuro. Eso es un error.
La llegada de Aurora transformó la realidad de este artista de manera definitiva, devolviéndole la fuerza para transitar las incertidumbres naturales de la existencia y recordándole que la vida se honra dando batalla en el día a día.
Todos los papás tenemos miedos y todos los abuelos tenemos miedos, y nos vamos a ir, nos vamos a morir teniendo miedos, porque querer pretender tener asegurado el futuro no lo tiene nadie. Si tenemos la fuerza nos tenemos que edificar internamente con esa fuerza, salir a pelear el día a día y hasta donde dé cada uno, y eso es honrar la vida. De eso se trata. Le anhelo eso a Aurora. Ella nos cambió la vida y también es un motor: así como uno le trata de transmitir todo esto como un futuro para ella, ella nos retroalimenta con esto de sentir ganas de seguir viviendo y seguir haciendo cosas, concluye.
Créditos
Fotos y video: Juan Pablo Chaves
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