Ella es argentina, él español y antes de mudarse juntos hicieron un pacto para sobrevivir a la final del Mundial
Tras dos años de relación a distancia, una sanjuanina y un madrileño comenzarán una nueva etapa en Madrid. Para el duelo por la Copa acordaron mirar el partido sin comentarios ni chicanas.
La sanjuanina Milagros Rodríguez Ventura y el madrileño Ignacio Francisco Blasco Alís se conocieron durante un intercambio en Viena, sobrevivieron dos años de noviazgo a la distancia y en agosto empezarán una nueva vida en Madrid. Antes deben superar una prueba: sobrevivir a esta final con camisetas opuestas.
Dentro de unas semanas compartirán el mismo departamento en Madrid. Empezarán a descubrir quién cocina mejor, cómo repartir las tareas de la casa, quién deja la luz encendida o quién ocupa más lugar en el placard. Sin embargo, la primera regla de convivencia no tuvo nada que ver con la vida cotidiana. La acordaron antes de mudarse y durará apenas 90 minutos (o 120).
Durante la final entre Argentina y España, lo mejor será hablar lo menos posible.
Ya acordamos que durante el partido idealmente no se habla: cada uno lo vive por su lado y después se comenta lo justo y necesario, dice Milagros Rodríguez Ventura, sanjuanina de 24 años, licenciada en Tecnología Digital por la Universidad Torcuato Di Tella.
Su novio, Ignacio Francisco Blasco Alís Nacho para todos, ingeniero informático graduado en la Universidad Carlos III de Madrid y con un máster en Data Science por la Universidad Politécnica de Madrid, acepta el pacto. Sabe que cualquier comentario fuera de lugar puede costar caro.
No es que teman una discusión. Todo lo contrario: se conocen demasiado.
Después de más de dos años de relación a la distancia aprendieron que el respeto también forma parte de la historia. Y el domingo será una buena oportunidad para ponerlo a prueba.
La historia empezó en 2024, en una residencia estudiantil de Viena.
Milagros había llegado desde Buenos Aires para realizar un intercambio universitario durante su carrera de grado. Nacho cursaba allí parte de su máster. Lo que comenzó como una amistad entre dos jóvenes apasionados por la tecnología terminó convirtiéndose en una relación que sobrevivió miles de kilómetros, videollamadas interminables y vuelos entre Europa y Argentina.
Ahora llegó el momento que esperaban desde hace tiempo.
En agosto dejarán atrás la distancia para empezar una nueva etapa juntos en Madrid, donde Milagros realizará una maestría.
Pero antes apareció un obstáculo que ninguno imaginó cuando se enamoró en Austria. La final del Mundial. Ella con la camiseta argentina. Él con la española.
Al principio estaba bastante asustada, no por perder, sino por las cargadas de mis amigos españoles y de Nacho, confiesa Milagros.
Aunque enseguida aclara que la competencia termina con el pitazo final.
Obvio que alguna cargada va a caer. De hecho ya empezaron. Pero sé que hay un límite que hay que respetar, opina.
Un español que ya tomaba mate antes de enamorarse de una argentina
La historia entre Mili y Nacho tiene una curiosidad que rompe todos los lugares comunes.
Lo lógico sería pensar que Nacho descubrió el mate gracias a Milagros. Pero ocurrió exactamente al revés.
Cuenta ella: Me pareció re loco lo inmerso que estaba en la cultura argentina. Tenía hábitos que lo hacían hasta más argentino que yo, como tomar mate, algo que yo casi ni hacía antes de conocerlo. Es paradójico, pero terminó siendo él quien me inculcó la costumbre.
Él sonríe cuando escucha esa anécdota.
La Argentina siempre le despertó curiosidad mucho antes de conocer a Milagros. Y desde que empezaron a salir esa fascinación creció todavía más.
Fue ella quien me adentró en profundidad a una cultura que ya me gustaba de antes. Ahora puedo decir que gracias a Mili la disfruto día a día, tomando mate todos los días, por ejemplo, dice.
En estos dos años viajó varias veces al país. Conoció Buenos Aires, donde vive Milagros; San Juan, donde está gran parte de la familia de ella; Mendoza, con sus bodegas y los asados que todavía recuerda; también recorrió Misiones, quedó maravillado con las Cataratas del Iguazú y descubrió parte de la costa atlántica.
Cada viaje fue una inmersión en una cultura que ya admiraba y que ahora siente cada vez más cercana.
Aunque hay una cuestión en la que mantiene una diferencia imposible de negociar.
Messi.
Antes que nada me gustaría corregir algo, dice entre risas. Como madridista que soy, no admito a Messi. Lo respeto. Por su culpa he sufrido muchas noches de mi vida, advierte.
La frase resume años de clásicos españoles.
Sin embargo, incluso un hincha del Real Madrid reconoce la dimensión del capitán argentino. Y eso, para Milagros, siempre fue una buena señal.
Entre videollamadas, festejos y una promesa para el domingo
La semifinal también tuvo su propia película.
Mientras Milagros seguía el partido desde Argentina, Nacho eligió un bar argentino en Madrid. No dudó en ponerse la camiseta albiceleste para acompañar a su novia en la distancia.
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Nacho siguió todo el partido en un bar argentino, con la camiseta de Argentina puesta, y obvio que íbamos comentando todo. Después hicimos una videollamada porque quería ver la locura de los festejos acá, cuenta ella.
Lo que más sorprendió a Milagros fue el contraste.
En España la película era otra. El día que ellos pasaron a la final el clima mundialista era casi nulo, grafica.
Nacho tiene una explicación.
Me impactó cómo viven el fútbol en Argentina. Desde el partido más intrascendente parece una final. Jamás vi una afición tan conectada con su selección. En España es muy distinto. Acá suelen ser más importantes los clubes que la Selección y la pasión ni se acerca a la argentina, explica.
Quizás por eso no le sorprende la intensidad con la que Milagros y todo su entorno viven cada partido.
Ella, de hecho, ya tiene un presentimiento.
No la quiero mufar, pero hay algo que me dice que el domingo ganamos, dice enseguida, como si quisiera anular la mufa antes de terminar la frase.
Él, naturalmente, piensa distinto.
Pronostica un 3-1 para España, con dos goles de Mikel Oyarzabal y uno de Lamine Yamal. El descuento argentino, según su imaginación, llevará la firma de Lionel Messi.
¿Y si eso ocurre?
Seguro Mili me va a consolar, responde. Y agrega: Yo celebraré la victoria española, no la derrota de Argentina. Es una rivalidad sana y se queda dentro del campo. Si ella pierde, la consolaré lo que haga falta.
La promesa tiene su peso: después de todo, apenas unas semanas más tarde estarán armando cajas para mudarse juntos a Madrid y empezar una convivencia que esperaron durante dos años.
El domingo habrá cargadas, festejos y, probablemente, alguna chicana inevitable. Pero los dos tienen claro que el resultado no cambiará nada importante.
La final terminará, alguien levantará la Copa y el lunes ellos volverán a hablar de la mudanza, de la universidad, del trabajo y de la vida que están por empezar en la misma ciudad.