Un tercio de las plantas usadas por pueblos indígenas de la Amazonia podría desaparecer, según un estudio
Una investigación de la Universidad de Zúrich proyectó que, por efecto del cambio climático, entre 2060 y 2080 se perdería una parte significativa de las especies que las comunidades amazónicas emplean en su vida cotidiana, lo que afectaría usos, sab
Los pueblos indígenas de la Amazonia podrían perder entre 28% y 34% de las plantas que usan de manera habitual entre 2060 y 2080 por efecto del cambio climático, una caída que también arrastraría nombres, usos, saberes y prácticas transmitidas de forma oral, con una reducción estimada del 26% del patrimonio biocultural de la región, según un estudio de la Universidad de Zúrich publicado en Nature.
La investigación reunió 90.536 registros de uso de plantas tomados de 700 referencias publicadas entre 1504 y 2023 y concluyó que las sociedades amazónicas utilizan 5.796 especies nativas.
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Esa cifra equivale a cerca de un tercio de la flora regional conocida y constituye, de acuerdo con el trabajo, la primera cuantificación sólida del vínculo entre cambio climático, pérdida de especies y desaparición de lenguas indígenas.
La Amazonia alberga más de 400 grupos indígenas, cuya relación con la flora se transmite sobre todo dentro de las familias y por tradición oral. El estudio sostiene que esa transmisión forma una biblioteca viva de conocimientos sobre alimentación, medicina, construcción, caza y vida ritual.
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Rodrigo Cámara-Leret, profesor de diversidad vegetal tropical y etnobotánica en la Universidad de Zúrich y autor principal del trabajo, afirmó que por primera vez pudieron sintetizar información dispersa a lo largo de más de 500 años. Revelamos que los pueblos amazónicos usan al menos un tercio de las especies de plantas conocidas de la región, precisó.
Después de construir la base de datos etnobotánica, los investigadores analizaron 8.429 modelos de distribución de especies bajo tres escenarios climáticos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. La comparación incluyó 4.509 especies utilizadas por personas y 3.920 no utilizadas, y mostró que las primeras sufrirían contracciones de rango geográfico más severas entre 2060 y 2080.
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A escala local, el trabajo examinó 82 lenguas indígenas con al menos 10 especies útiles registradas en la literatura. En esos territorios lingüísticos, la pérdida proyectada de especies sube con la gravedad del escenario climático: 28% bajo SSP1-2.6, 30% bajo SSP3-7.0 y 34% bajo SSP5-8.5.
La merma no se limita a las especies. El estudio calcula que los servicios asociados a esas plantas, desde alimentos hasta remedios y materiales, caerían entre 18% y 23% en los mismos escenarios.
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Ese impacto sería mayor en comunidades con lenguas amenazadas. De acuerdo con el artículo científico, esas regiones presentan pérdidas medias de plantas de 39% frente a 25% en lenguas no amenazadas, y de servicios de 27% frente a 17%.
Las plantas medicinales figuran entre las más expuestas. La investigación señala que la literatura etnobotánica amazónica está especialmente concentrada en usos medicinales: 33.245 registros, frente a 12.333 vinculados a alimentación humana, además de 3.862 especies medicinales frente a 1.804 alimentarias.
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La desaparición de una planta también implica la pérdida de su nombre y de su función cultural
El punto central del estudio es que la extinción no sería solo biológica. Cuando una especie desaparece, también se pierden su nombre indígena, los beneficios que se le atribuyen y el conocimiento sobre su papel en el bosque.
El trabajo identificó información para 243 culturas indígenas, de las cuales 48 ya están extintas, y registró 156 lenguas vivas. De ese total, 55% aparece como amenazado según Ethnologue; con el criterio de Glottolog, la proporción trepa a 97%, según el artículo.
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La investigación agrega que 74% de los servicios de las plantas está asociado a una sola cultura, lo que indica un conocimiento fuertemente localizado. También señala que 60% de los servicios culturalmente únicos pertenece a lenguas amenazadas.
En ese marco, los autores construyeron una red general de conocimiento indígena con 5.796 especies, 717 servicios vegetales y 36.504 interacciones.
Si las lenguas indígenas amenazadas desaparecen hacia fines de siglo, esa red se reduciría 26%; en un supuesto más severo, si los registros de lenguas no especificadas también correspondieran a idiomas amenazados, la contracción alcanzaría 61%.
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Jordi Bascompte, profesor de ecología en la Universidad de Zúrich y coautor del trabajo, dijo al medio que prácticas cotidianas ligadas a las plantas expresan una relación de dependencia y respeto hacia la selva. Esos rituales cotidianos reflejan un respeto por la naturaleza y una conciencia de la dependencia de la humanidad de la selva tropical, señaló.
Entre los ejemplos citados por la publicación figura el tabaco, usado como estimulante y también quemado antes de entrar al bosque para anunciar la llegada de las personas. Según Cámara-Leret, su olor característico sirve para apaciguar a los espíritus del bosque y dar tiempo a animales peligrosos, como las serpientes, para retirarse.
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El equipo también subrayó que la documentación disponible sigue siendo incompleta. La revisión cubre la mitad de los grupos indígenas amazónicos y el propio estudio indica que 50% de esos pueblos todavía no aparece en la literatura científica.
Patrick Roehrdanz, director de cambio climático y biodiversidad del Moore Center for Science de Conservation International en Estados Unidos y coautor del estudio, sostuvo que la conservación dependerá de reconocer los sistemas de conocimiento indígena como parte central del cuidado ambiental.
Añadió que los resultados ayudan a identificar lugares donde preservar cultura y naturaleza al mismo tiempo puede tener un efecto concreto sobre especies hoy amenazadas.
La investigación también plantea que sus resultados y su base de datos pública pueden orientar esfuerzos de restauración biocultural en la Amazonia.
Cámara-Leret sostuvo que el objetivo es ayudar a frenar, e incluso revertir, los efectos crecientes del cambio global sobre los ecosistemas y las tradiciones culturales, y remarcó la necesidad de seguir documentando por escrito el conocimiento sobre la flora amazónica en colaboración con las comunidades indígenas locales.
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