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Sociedad
TN hace 5 días 2 min de lectura

Boris Cyrulnik, psiquiatra: Cuando llegamos a los 60 años, la memoria, el cuerpo y las emociones hablan juntos sin vacilación. Ya no podemos engañarnos"

El psiquiatra francés analizó por qué la madurez transforma las prioridades y obliga a mirar el pasado con mayor honestidad.

Boris Cyrulnik, psiquiatra: Cuando llegamos a los 60 años, la memoria, el cuerpo y las emociones hablan juntos sin vacilación. Ya no podemos engañarnos"
Foto: TN

El psiquiatra y neurólogo francés Boris Cyrulnik aseguró que cumplir 60 años marca un antes y un después en la vida de las personas. Según él, a esa edad se produce una transformación profunda: las prioridades cambian, el ritmo de vida se ajusta y la experiencia acumulada invita a repensar el pasado desde otra perspectiva.

Cyrulnik sostiene que la madurez no solo modifica la percepción del tiempo, sino también la relación con uno mismo. Además, remarcó que en esta etapa el rendimiento profesional o el crecimiento económico dejan de ser el centro, y aparecen objetivos relacionados al bienestar personal y al sentido de lo vivido, según Mens Health.

El tiempo como aliado y el fin del autoengaño

Cyrulnik explicó que, al llegar a los 60, muchas de las metas que antes ocupaban el centro de la vida pierden protagonismo. El tiempo deja de ser un enemigo y se convierte en un aliado, permitiendo observar con mayor claridad el recorrido vital. En ese contexto, resulta más difícil ocultarse detrás de expectativas o autoengaños.

Cuando llegamos a los 60 años ya no podemos engañarnos. El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos sin vacilación, afirmó el psiquiatra. Para él, esa coincidencia entre vivencias, emociones y señales del propio cuerpo impulsa una relación mucho más sincera con uno mismo y con las decisiones tomadas a lo largo de los años.

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Por último, el especialista francés considera que aceptar las heridas del pasado es más útil que intentar ignorarlas. Lo que nos mantiene vivos no es la ausencia de heridas, sino cómo has aprendido a vivir con ellas, aseguró Cyrulnik, una idea que atraviesa buena parte de su trabajo como investigador y divulgador.

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