Sudamericana de Lácteos cambió de dueño y apunta a reabrir en 20 días - Informe Digital
Tras casi seis meses parada y con deudas, la planta de Díaz pasó a manos de Pablo González y espera homologación laboral.
Después de casi seis meses con la producción paralizada, Sudamericana de Lácteos cambió de dueño y empezó a encaminar su reactivación. El empresario Pablo González firmó la compra de la firma, que arrastraba una fuerte crisis financiera, y ya puso en marcha las tareas para volver a producir en la planta de Díaz, Santa Fe. El objetivo es retomar la actividad en 15 a 20 días, aunque antes deberá completarse la homologación del acuerdo laboral por parte de la Secretaría de Trabajo de Santa Fe.
La producción estaba detenida desde enero, los trabajadores acumulaban meses sin cobrar y la empresa mantenía deudas con empleados, tamberos, proveedores y otros acreedores. En ese escenario se abrieron las negociaciones para encontrar un comprador que permitiera reactivar la planta.
González, que tiene una aceitera en Serodino, explicó que conoció la situación a través de productores que abastecían de leche a la empresa. Hace como tres meses que veníamos en conversaciones para comprar esta empresa. Nosotros tenemos una aceitera cerca de Díaz y algunos clientes eran proveedores de esta láctea. A partir de eso nos llegó la información de que estaba a la venta y empezamos a analizarla, contó a LA NACION.
Según relató, el primer contacto con los dueños anteriores se produjo a fines de marzo. Después de revisar la documentación financiera, comercial y crediticia, presentó una propuesta formal de compra a mediados de abril.
Viajé a Villa María, donde estaban los vendedores. Tuvimos una reunión de unas dos horas y acordamos rápidamente las condiciones, señaló. Sin embargo, la operación quedó condicionada a resolver previamente la situación de los distintos acreedores. El acuerdo contemplaba que yo me hacía cargo de todo el pasivo, obviamente descontándolo del precio de la operación. Pero la compra estaba supeditada a que previamente pudiera acordar con los acreedores para reestructurar esas deudas, explicó.
De acuerdo con González, esos entendimientos avanzaron rápido con proveedores y también con los trabajadores. El único punto que demoró el cierre fue la negociación con la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra).
Con los empleados no hubo inconvenientes para acordar la forma de regularizar la deuda salarial. El tema apareció cuando tuvimos que acordar con el sindicato, afirmó.
Finalmente, el lunes pasado las partes firmaron un acuerdo para regularizar la deuda que la empresa mantenía con Atilra, Ampil y Ospil, con un plazo de gracia de seis días y luego el pago en doce cuotas.
En paralelo también se firmó el acuerdo laboral, que ahora deberá ser homologado por la Secretaría de Trabajo de Santa Fe, un paso necesario dentro del proceso de reactivación. Con esa instancia encaminada, González avanzó con la escritura de compraventa. Fuimos a la escribanía y firmé la compra de Lácteos Díaz. Hoy soy formalmente el dueño de la empresa, señaló.
La planta emplea a 82 trabajadores que dejaron de percibir sus salarios en enero, cuando también se frenó por completo la recepción de leche. Consultado sobre la magnitud de la crisis financiera, González evitó dar cifras del pasivo total, aunque indicó que la deuda equivale aproximadamente al valor de dos meses completos de ventas de la compañía.
Mientras se completan los trámites administrativos, comenzaron las tareas para volver a poner en condiciones la planta. Ahora estamos empezando con la limpieza, la sanitización y la puesta a punto para, en 15 o 20 días, empezar a operar, explicó.
La planta tiene capacidad para procesar hasta cinco millones de litros de leche por mes y produce principalmente queso barra, quesos duros y queso crema, comercializados bajo la marca Sudamlac, entre otras como Tambería Holandesa y Pensilvania. En una primera etapa, la estrategia comercial estará orientada a recuperar rápidamente el funcionamiento de la empresa.
La idea es destinar un 30% al mercado interno y un 70% al mercado externo, inicialmente a países limítrofes. Hay productos, como el queso barra, que tienen muy buen posicionamiento tanto en el mercado interno como afuera. Al principio hay que ser prácticos y recuperar rápidamente el movimiento de la empresa, sostuvo.