Estudio científico revela cuál es el mes en el que nacen las personas más optimistas y a la vez proclives a sufrir depresión
Aunque la ciencia descarta que el signo zodiacal determine la personalidad, algunos estudios analizaron si la estación de nacimiento puede influir en ciertos rasgos emocionales.
Durante años, la astrología sostuvo que el día de nacimiento podía decir mucho sobre el carácter de una persona. Sin embargo, desde una mirada científica, esa idea no tiene respaldo sólido. Eso no significa, sin embargo, que el momento del año en que una persona nace no haya despertado interés científico.
La diferencia está en el enfoque. La comunidad científica no toma el día de nacimiento como una llave mágica para explicar la personalidad, pero sí ha investigado si factores estacionales, como la luz, el clima, la duración del día o ciertas condiciones ambientales durante los primeros meses de vida, pueden estar relacionados con variaciones emocionales o biológicas.
Un antecedente citado con frecuencia es un estudio realizado con ratones y publicado en Nature Neuroscience, en el que los investigadores expusieron a crías recién nacidas a condiciones de luz similares al invierno o al verano. Los resultados sugirieron que la iluminación temprana podía afectar ciertos mecanismos asociados al ritmo biológico.
Douglas McMahon, uno de los investigadores vinculados a ese trabajo, planteó entonces que, si un mecanismo parecido existiera en humanos, quienes nacen en invierno podrían presentar mayor vulnerabilidad a ciertos trastornos del ánimo o enfermedades mentales.
A partir de ahí, distintos estudios intentaron explorar si existía alguna relación entre el mes de nacimiento y rasgos como el optimismo, la irritabilidad, las oscilaciones emocionales o la predisposición a la depresión.
El periodista científico Jeffrey Kluger, al revisar varias de estas investigaciones para la revista Time, fue prudente con las conclusiones. El mes de nacimiento puede aparecer como un factor más dentro de una red enorme de influencias, pero no define por sí solo el carácter ni el destino emocional de una persona.
La historia personal, el entorno familiar, las experiencias posteriores, la salud, los vínculos y las condiciones de vida pesan muchísimo más que la fecha del cumpleaños.
Mayo, el mes asociado al optimismo y a una mayor vulnerabilidad emocional
Entre los datos más llamativos aparece el caso de las personas nacidas en primavera, especialmente en el mayo boreal o el diciembre austral. Según investigaciones citadas en este campo, quienes nacen entre marzo, abril y mayo en el norte, o octubre, noviembre y diciembre en el sur, tienden a mostrar una disposición más optimista. Sin embargo, esa misma estación también aparece asociada con una mayor propensión a cuadros depresivos.
En particular, un trabajo publicado en Plos One por investigadores de la Queen Mary University de Londres señaló que los nacidos en mayo mostraban una tendencia más alta a desarrollar depresión dentro de la muestra analizada.
El dato puede parecer contradictorio, pero no necesariamente lo es. El optimismo no vuelve inmune a nadie frente al sufrimiento emocional. Una persona puede tener una disposición vital positiva y, aun así, ser vulnerable a períodos de tristeza profunda, agotamiento o desequilibrio anímico.
De hecho, algunos estudios también observaron más casos de suicidio entre personas nacidas en los meses de primavera, aunque estos hallazgos deben leerse con cautela y nunca como una predicción individual.
El panorama cambia si se mira el resto del año. Los nacidos en verano suelen asociarse con menor tendencia a la tristeza intensa, aunque algunos trabajos los vinculan con mayor ciclotimia, una forma de oscilación emocional leve entre estados de ánimo más bajos y momentos de euforia.
En otoño, en cambio, se registran menos casos de depresión y trastorno bipolar, aunque aparece una mayor tendencia a la irritabilidad. Los nacidos en invierno, según varias investigaciones, serían más vulnerables a ciertos trastornos como depresión, bipolaridad o esquizofrenia, aunque también se los describe como menos irritables.
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Lo que muestran estas investigaciones son asociaciones estadísticas, no sentencias personales. Aun así, resultan interesantes porque recuerdan que el cuerpo humano está atravesado por factores ambientales desde muy temprano, incluso antes de que podamos recordarlos.