A los votantes de Milei también les duele el bolsillo, pero siguen bancando el rumbo
El 70% admite que su salario no le gana a la inflación; aun así, el 55% de ese núcleo cree que lo peor ya pasó, según Zentrix. El desgaste económico dejó de distinguir entre oficialistas y opositores. El ajuste que atraviesa la gestión de Javier Mile
El 70% admite que su salario no le gana a la inflación; aun así, el 55% de ese núcleo cree que lo peor ya pasó, según Zentrix.
El desgaste económico dejó de distinguir entre oficialistas y opositores. El ajuste que atraviesa la gestión de Javier Milei empezó a golpear también a su propio electorado: según el Monitor de Opinión Pública de la consultora Zentrix, el 70,2% de quienes votaron a La Libertad Avanza en 2025 admite que su salario no le está ganando a la inflación.
El dato marca un punto de inflexión en el clima social. La experiencia del deterioro del poder de compra ya no es patrimonio de la oposición: atraviesa también al núcleo que llevó al Presidente a la Casa Rosada. Con todo, hay un matiz que sostiene al oficialismo y lo diferencia del resto: entre sus votantes, la mayoría todavía interpreta ese sacrificio como el costo de una transición, no como la prueba de un fracaso. El relevamiento se realizó sobre 1.297 casos, entre el 15 y el 22 de junio.
Los números del bolsillo oficialista son elocuentes. Además del 70,2% que reconoce que su ingreso pierde contra los precios, un 45,3% de los votantes de Milei admite que no logra estirar sus ingresos más allá del día 20 del mes. Es casi la mitad de su propio electorado atravesando la misma dificultad que el conjunto de la sociedad.
El contraste con la oposición, de todas formas, muestra que la intensidad del golpe no es igual. Entre quienes votaron a fuerzas opositoras en 2025, el deterioro es casi total: el 96,6% dice que su salario no le gana a la inflación y el 71,3% no pasa del día 20. La brecha entre ambos grupos es de más de 25 puntos, lo que confirma que el ajuste se siente con distinta dureza según el lugar social y político de cada uno.
La lectura de fondo es la que ofrece el propio informe: no se trata de dos países materialmente distintos, sino de una misma presión económica que se distribuye de manera desigual. El sacrificio existe en los dos bandos; lo que cambia es la profundidad -y, sobre todo, el sentido que cada uno le asigna.
La fe que todavía resiste
Ahí aparece el rasgo que todavía distingue al electorado oficialista. Pese a reconocer el deterioro de su bolsillo, el votante de Milei sostiene la expectativa de mejora: el 55,4% cree que “lo peor ya pasó”. Del otro lado, entre los votantes opositores, apenas un 3,4% comparte esa mirada, mientras que un contundente 83,6% está convencido de que “lo peor está por venir”.
Esa distancia -más de 80 puntos entre un grupo y otro- es la brecha más amplia de todo el informe. Y explica por qué, aun con el ingreso golpeado, el oficialismo conserva una base que banca el rumbo: para esa porción de la sociedad, el ajuste es un peaje transitorio hacia una recuperación que todavía esperan. La paciencia, más que la comodidad, es lo que sostiene el apoyo.
En el total de la población, sin embargo, el ánimo es otro: el 55,1% cree que lo peor está por venir, contra un 24% que piensa que ya pasó. El optimismo, hoy, es patrimonio casi exclusivo del núcleo duro libertario.
El activo que empieza a erosionarse
Esa expectativa de mejora fue, durante meses, el principal activo político del Gobierno. Pero los datos sugieren que empezó a desgastarse. La aprobación de la gestión de Milei había trepado de forma sostenida entre septiembre de 2025 y febrero de 2026, cuando alcanzó el 45% -el único mes en que llegó a empatar con la desaprobación-. Desde marzo, el ciclo se revirtió: la aprobación volvió a caer hasta el 33,2% en junio y el rechazo recuperó terreno hasta el 56,6%.
El repunte, en los hechos, se agotó antes de consolidarse. Y el diagnóstico social acompaña ese giro: consultados por su principal preocupación, los encuestados ubicaron a la corrupción al frente (51,3%), seguida muy de cerca por los ingresos y salarios (48,2%). El bolsillo, otra vez, en el centro de la escena.
El interrogante que deja el relevamiento apunta hacia adelante: cuánto puede resistir esa fe si el ingreso no se recupera. Mientras la expectativa de mejora se sostenga, el oficialismo conservará su piso; pero esa paciencia se apoya en una promesa que, tarde o temprano, el bolsillo va a querer ver cumplida. Y por ahora, ni siquiera entre los propios, el sueldo le gana a la inflación.