Impresiones en 3D, el avance científico que lleva esperanza a quienes padecen dolores en las articulaciones
El cartílago no recibe sangre ni nervios propios, lo que complica enormemente su recuperación. Desde las infiltraciones hasta los andamios impresos con materiales naturales, la ciencia busca nuevas respuestas para esta problemática.
Correr, hacer sentadillas, subir escaleras: movimientos cotidianos que el cartílago hace posibles sin que casi nadie le preste atención, hasta que empieza a fallar.
El problema es que cuando el dolor aparece, el daño suele llevar tiempo instalado. Y recuperarse no es sencillo: el cartílago es uno de los pocos tejidos del cuerpo que no tiene riego sanguíneo ni inervación propia, lo que limita su capacidad de regeneración natural.
Cada vez más personas en especial deportistas y personas con sobrepeso o sedentarismo llegan a la consulta con lesiones que se fueron gestando silenciosamente durante años.
Por qué el cartílago es tan vulnerable
El cartílago articular funciona como el gran protector del hueso. Su capa más externa permite el deslizamiento entre superficies; las más profundas, aportan resistencia mecánica y amortiguación. El problema es que todo ese sistema depende del líquido sinovial para nutrirse, ya que no recibe oxígeno ni nutrientes directamente de la sangre.
Cuando algo falla ya sea por impacto repetido, mala técnica deportiva, sobrepeso o sedentarismo el daño avanza en silencio. En corredores, el desgaste suele producirse por microimpactos acumulados siempre sobre la misma zona del cartílago. En deportistas de fuerza, la causa habitual es la fricción en rangos de menor eficiencia mecánica, como sentadillas muy profundas o ciertos ejercicios de hombros.
Una vez perdida esa primera capa protectora, la superficie queda deshilachada perdiendo la protección y su principal función de deslizarse sin fricción. A partir de esa situación, el proceso de degradación irá en aumento a pasos acelerados, explica el doctor Ara Kassarjian, jefe del servicio de Radiología de la clínica Olympia del grupo Quironsalud, España.
Síntomas y diagnóstico
El síntoma principal es el dolor localizado en la zona de la lesión, más intenso al correr, saltar, arrodillarse o subir y bajar escaleras. En algunos casos, el cuadro se confunde con una lesión de menisco, ya que los síntomas pueden ser muy similares e incluso coexistir.
El diagnóstico se realiza principalmente con resonancia magnética, aunque los grados más leves pueden no detectarse si el equipo no tiene suficiente campo magnético o secuencias específicas para cartílago. La artroscopia sigue siendo la técnica con mayor capacidad diagnóstica, ya que permite ver directamente el tipo, la ubicación y la extensión de la lesión.
Qué tratamientos existen hoy
El abordaje varía según si la lesión es aguda o crónica. En lesiones recientes, el reposo y la descarga articular durante dos o tres semanas suelen ser el primer paso, junto con magnetoterapia y analgésicos.
Para las lesiones de más de dos meses de evolución, el camino es escalonado:
- Tratamiento inicial: fisioterapia, fortalecimiento muscular, suplementos como colágeno, ácido hialurónico, condroitina o glucosamina.
- Tratamiento intermedio: infiltraciones articulares con corticoides, ácido hialurónico o factores de crecimiento plaquetario (PRP).
- Tratamiento avanzado: artroscopia con técnica de microfracturas, injertos osteocondrales o matrices de colágeno que estimulan la regeneración del cartílago hialino.
Lo que viene: andamios impresos en 3D
En la frontera de la investigación aparece una propuesta que suena a ciencia ficción pero ya tiene resultados en laboratorio. Un equipo de la Universidad del País Vasco desarrolló una biotinta a base de celulosa, gelatina y proteína de soja obtenidas de subproductos de la industria alimentaria que puede imprimirse en 3D para generar estructuras tridimensionales capaces de funcionar como andamios para la regeneración del cartílago.
El objetivo es llegar a utilizar materiales naturales, para dejar de lado las prótesis de metal o de plástico, explica Iraia Osquila, investigadora del proyecto. Lo más llamativo es que estas estructuras tienen memoria de forma: cuando se les aplica una fuerza y luego se libera, vuelven a su forma original, imitando exactamente el comportamiento natural del cartílago bajo carga.
Los andamios impresos guían la formación de nuevo tejido y actúan como sustratos para promover la adhesión celular, sin obstaculizar su proliferación; se comportan como una matriz extracelular artificial en la que las células se organizan en estructuras tridimensionales, imitando la estructura del tejido nativo, detalla Osquila. El material es biodegradable: cumple su función de andamio, nutre a las células y luego desaparece, dejando lugar al tejido regenerado.
El camino hasta la aplicación clínica todavía es largo, pero la dirección está marcada: menos metal, menos plástico y más biología.