La UCA ve más desocupados en el autoempleo informal - Informe Digital
Salvia advirtió que cayó el empleo asalariado y creció el rebusque; estima que 29% de los despedidos termina allí.
El mercado laboral argentino está cambiando por abajo: menos empleo asalariado, más autoempleo informal y una brecha cada vez más marcada entre quienes acceden a trabajos de mayor productividad y quienes quedan atrapados en changas. Así lo planteó Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, en una entrevista con Infobae al Regreso.
El sociólogo sostuvo que en la última década se perdieron cerca de un millón de puestos asalariados y que buena parte de esa caída se aceleró en los últimos dos o tres años. Estamos viendo un proceso de deterioro del mercado de trabajo en donde se perdió trabajo asalariado y se generó mayor trabajo de autoempleo, cuenta propia, emprendimientos de distinta naturaleza, afirmó.
Del desempleo al rebusque
Según explicó Salvia, la pérdida de empleo formal empuja a muchas personas hacia ocupaciones independientes e informales. En ese pasaje, dijo, la primera salida suele ser un rebusque antes que un puesto registrado. De acuerdo con un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el 29% de quienes pierden su empleo termina en ese tipo de actividades, una tendencia que ya existía entre 2011 y 2013 pero que ahora se agravó.
El investigador aclaró que no todo el autoempleo responde a la misma lógica. Distinguió a un segmento minoritario de trabajadores técnicos y profesionales que se independiza para desarrollar tareas vinculadas con la economía del conocimiento y los servicios digitales. Pero advirtió que el crecimiento más fuerte está en ocupaciones de baja productividad y escasa protección social.
Dos mercados laborales que conviven
Para Salvia, la expansión del trabajo independiente está dominada por servicios personales, mantenimiento, producción domiciliaria y comercialización informal. También relativizó el peso de las aplicaciones: dijo que representan apenas entre el 6% y el 7% de la fuerza laboral, aunque con alta subregistración y poca cobertura social.
En ese universo, ubicó a vendedores ambulantes, limpiavidrios y trabajadores de changas como el núcleo más extendido de la precariedad. El vendedor ambulante, el limpiavidrios, el trabajador que hace changas constituye el 25, 30% de la fuerza de trabajo en Argentina, resumió.
Endeudamiento y expectativas frustradas
Salvia también advirtió sobre el endeudamiento de quienes dependen de trabajos informales para sostener ingresos. Puso como ejemplo a repartidores de aplicaciones, que en muchos casos financian motos o bicicletas con créditos vinculados a las propias plataformas. Según detalló, esos trabajadores arrastran en promedio una deuda de 900 mil pesos con su aplicación.
Atribuyó ese cuadro a las expectativas de mejora que se habían generado hacia fines de 2024. Muchas familias, señaló, se endeudaron convencidas de que 2025 iba a ser un año de recuperación, pero ese escenario no se consolidó.
El desafío de la productividad
Más allá del crecimiento del empleo informal, el director del Observatorio sostuvo que el problema de fondo es la fragmentación del mercado laboral. Mientras un sector reducido logra insertarse en actividades de alta productividad y mejores salarios, una porción mucho más amplia queda atrapada en ocupaciones precarias con escasas chances de movilidad social.
En ese diagnóstico, comparó la situación argentina con la de otros países de la región y cuestionó que el debate público se concentre solo en la desocupación oficial. La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28 o 30%, afirmó.
Su conclusión fue tajante: el país no solo enfrenta falta de empleo, sino una estructura laboral partida entre una minoría de alta productividad y una mayoría de subproductividad.