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Provinciales
AnalisisDigital 12/07/2026 18:15 2 min de lectura

Que no pare la fiesta en tiempos de Malaria | Análisis

Esta es una de esas victorias que te atraviesan el alma. Se filtra, perfora, supura. Brota de un sueño dulce, colectivo. De una alegría pegajosa, pegadita al pie, que se ve y se reconoce, y baila en las esquinas donde explosiona la fiesta. Es de al

Que no pare la fiesta en tiempos de Malaria | Análisis
Foto: AnalisisDigital

El goleador Lautaro Martínez apareció para poner el 3 a 1 definitivo en el tiempo suplementario.

José Luis Lanao

Esta es una de esas victorias que te atraviesan el alma. Se filtra, perfora, supura. Brota de un sueño dulce, colectivo. De una alegría pegajosa, pegadita al pie, que se ve y se reconoce, y baila en las esquinas donde explosiona la fiesta. Es de aliento hondo, penetrante, que limpia el aire y lo hace felizmente respirable. Un triunfo que nos permite seguir subidos a la esperanza, esa que andamos buscando en este presente desfigurado y no aparece, sigue huida en estos tiempos de malaria compartida.

Argentina volvió a sufrir, y estuvo lejos de la elegante interpretación del fútbol ofensivo sostenido en la belleza de los gestos humildes: el toque de balón en profundidad; el juntarnos; reconocernos; un amague; un quiebre; una gambeta. Esa dialéctica del asombro y del engaño que a uno lo mantiene vivo, lo hechiza y lo cautiva. La selección volvió a enfrentarse a sus fobias, matizadas por estados de ánimo variados. Se busca y se encuentra a ratos; en otros, simplemente desaparece. Un desequilibrio emocional para el análisis. Se le apareció el partido sobre el final, con un triunfo agónico sobre el abismo de un horizonte de penales. La albiceleste fue más, solo un poco más que Suiza, en un partido equilibrado y de bajo rendimiento futbolístico. El encuentro padeció la falta de presencia de Messi para elevar el nivel. Lo más importante es el resultado. Se ganó, y seguimos soñando; esta vez con liquidar a una Inglaterra que nos espera con un colmillo fuera.

Argentina se sube a la semifinal, y nosotros con ella. Se mantienen los sueños, los del pasado y los que están por venir. Ahí fuera se contagia la alegría, y huele, huele muy bien: a pueblo oloroso que inunda de sonrisas futbolísticas estos tiempos salvajes de delirios ultraliberales; como luccioles, pequeñas luciérnagas de resistencias, luminosas y perseverantes, que asaltan las calles con las manos vacías, empobrecidas, a cielo abierto, respirando el olor intenso de la felicidad compartida.

Ay que vivos / son los ejecutivos / del sillón al avión, / del avión al salón, / del harén al edén, / siempre tienen razón, / y además tienen la sartén, / la sartén por el mango, y el mango también, cantaba, en 1970, María Elena Walsh. Hoy hubiera cambiado ejecutivos por oligarcas.

(*) José Luis Lanao es exjugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979. Esta columna de Opinión se publicó originalmente en el diario Página/12.

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