La psicología asegura que nuestras mentes están diseñadas para poder disfrutar del sufrimiento de los demás
La curiosidad morbosa, la búsqueda de aprendizaje y algunos mecanismos del cerebro ayudan a entender por qué las historias de crímenes reales atraen a millones de personas.
Las películas de asesinos seriales, los documentales de true crime y las series basadas en crímenes reales se encuentran entre los contenidos más vistos del mundo.
Aunque puedan parecer historias difíciles de mirar, millones de personas las consumen por horas. Para la psicología, esta fascinación no es una señal de violencia o de falta de empatía, sino una característica propia del funcionamiento del cerebro.
La psicóloga criminalista Julia Shaw sostiene que nuestras mentes están diseñadas para poder disfrutar del sufrimiento de los demás. Sin embargo, aclara que esto no significa que las personas sean crueles por naturaleza. Más bien, hace referencia a procesos psicológicos cotidianos, como la satisfacción que algunas veces aparece cuando alguien que nos perjudicó recibe una consecuencia negativa o fracasa.
Este fenómeno, conocido como schadenfreude, fue ampliamente estudiado y forma parte de las emociones humanas. Así lo reflejó también Shaw en su libro Hacer el mal (2019).
Pero esa no es la única explicación. La especialista señala que el atractivo por las historias de crímenes responde principalmente a la curiosidad morbosa, una tendencia natural a interesarse por situaciones peligrosas, extrañas o extremas para entender cómo ocurren sin tener que vivirlas en carne propia.
En cierto modo, el cerebro utiliza estos relatos como un simulador que le permite aprender sobre amenazas reales desde un entorno seguro.
¿Por qué nos gustan tanto las series de crímenes?
Según distintas investigaciones en psicología, existen varios motivos detrás de esta fascinación:
- Curiosidad morbosa: buscamos comprender lo desconocido y aprender sobre situaciones de riesgo.
- Sensación de autoprotección: muchas personas consumen true crime para identificar señales de peligro y conductas manipuladoras.
- Adrenalina en un entorno seguro: el cerebro disfruta experimentar miedo o tensión cuando sabe que no existe un riesgo real.
- Necesidad de entender la mente criminal: intentar descubrir qué lleva a una persona a cometer actos extremos ayuda a reducir la incertidumbre.
Los expertos también destacan que este interés no implica admiración por los asesinos. De hecho, la mayoría de quienes consumen este contenido sienten empatía por las víctimas y buscan comprender por qué ocurren estos hechos para que puedan prevenirse.
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Al mismo tiempo, los investigadores advierten sobre los límites éticos del true crime. Convertir tragedias reales en entretenimiento o romantizar a los criminales puede afectar a las familias de las víctimas y distorsionar la comprensión de los hechos.
En definitiva, la psicología explica que nuestra atracción por el sufrimiento ajeno y por las historias de crímenes forma parte de mecanismos evolutivos relacionados con el aprendizaje, la supervivencia y la necesidad de comprender aquello que más nos asusta.
Esa mezcla de curiosidad, emoción y búsqueda de respuestas es la que convierte a las historias más oscuras en algunas de las más populares del mundo.