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Provinciales
Tiempo Argentino 11/07/2026 21:40 7 min de lectura

Volver a nacer: cómo es la vida de las mujeres que sufrieron violencia de género

Dos historias de víctimas de intento de femicidio en primera persona. La hija de una de ellas relata su experiencia también como testigo. La vida en comunidad, y la necesidad de tejer redes con otras.

Volver a nacer: cómo es la vida de las mujeres que sufrieron violencia de género
Foto: Tiempo Argentino

Yo quisiera no tener más miedo. Poder dormir tranquila y estar segura en mi casa. Cuando me voy a acostar le pido a Dios que por favor no me lo lleve a él mi casa, que no se acuerde de mí. Y a la mañana cuando tengo que llevar los chicos al colegio, digo gracias Señor, por otro día más de vida. Que por favor no me lo encuentre. Juliana vive atemorizada hace poco más de un año. De hecho, el nombre que usamos en esta nota es ficticio, para preservar su identidad ante posibles represalias de su expareja y su familia.

Vive en Barrio Garrote en el Municipio de Tigre. Tuvo cinco hijos (entre 21 y siete años) en los 20 años que estuvo con su ahora expareja. Se juntaron a los 13 de ella y a los 14 de él. El año pasado, cuando las situaciones violencia que comenzó a sufrir Juliana fueron escalando, se separaron y viven a 20 cuadras de distancia dentro del mismo barrio. Cuando habla, Juliana llora y de a ratos, parece disculparse por sentir miedo. Repite una y otra vez que no puede ser que él haya cambiado tanto, que ahora la acuse de estar con otros hombres, que la golpee, que haya intentado abusar sexualmente de ella y que incluso la quiera ver muerta.

En los últimos seis meses, de acuerdo a la última información proporcionada por el Observatorio Adriana Zambrano de la Casa del Encuentro, se produjeron 278 intentos de femicidios en la Argentina. De ellos, 130 fueron en manos de parejas y 137 de exparejas. En casi el 30% de los casos estaban presentes lxs hijxs, en su mayoría niñxs y adolescentxs.

En Argentina en 6 meses 121 víctimas fatales de violencia de género.

La Casa del Encuentro (@Casadelencuentr) July 1, 2026

Del 1°/1 al 30/6/2026, hubo 105 femicidios y vinculados de mujeres y niñas, 5 transfemicidios y 11 femicidios vinculados de varones adultos y niños, según el Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano pic.twitter.com/55fVwld5jt

El gobierno de Javier Milei transita su tercer año sin hacer absolutamente nada para prevenir y erradicar la violencia por motivos de género. Todo lo contrario. Desde el mismo Poder Ejecutivo se intentó instalar que los femicidios no existen y que, de existir, fueron ellos quienes lograron que la cifra descendiera. De ninguna manera eso podría haber pasado cuando el mismo Estado desarticuló los programas existentes, vació todas las políticas y propagó el odio hacia mujeres (feministas sobre todo).

Cuando escucho decir que no existe la violencia de género me da impotencia. Más en mi caso, porque yo lo viví y en ese momento yo no sabía que existía un centro. No tenía a dónde ir y no sabía si había algún lugar donde te pueden acompañar. Pero sobre todo me da mucha impotencia que no sepan que sí, realmente hay mucha, mucha violencia, dice Verónica sentada en una de las salas de un centro comunitario de Virrey del Pino, La Matanza. A su lado, su hija Ludmila agrega: es porque ellos no lo viven o no conocen los casos de todas las mujeres que la sufren, pero da mucha bronca e impotencia que piensen así.

Verónica es sobreviviente de tentativa de femicidio. En 2019 quien entonces era su pareja intentó matarla chocando la camioneta donde iban juntos contra un poste. Chocó dos veces. Llevaban tres años juntos y ella siente que fue en el último tiempo que él se puso violento. Ludmila, su hija, quien entonces tenía 14 años recuerda otra cosa. Yo escuchaba cuando él peleaba con ella. A él le molestaba que yo viva con ello. Una vez estaban peleando y él me echó. Yo le contesté mal porque él no paraba de insultarla. Cuando decidimos irnos las dos, nos siguió con la camioneta. Nos echaba y nos iba a buscar. Y teníamos que volver porque él la amenazaba. Para ese entonces, Ludmila se fue a vivir con su tía pero decidió regresar a la casa con su mamá porque tenía miedo que él la mate.

Consumo y violencia

Juliana dice que su agresor era un excelente papá y un excelente esposo, pero que el consumo lo perdió. Trabajó muchos años instalando pistas de hielos en eventos, en el país y afuera pero de golpe y porrazo dejó ese empleo. Ella comprendió que estaba cansado de estar afuera y de perderse momentos de su familia. Pero notó que él comenzó a consumir, primero los fines de semana y luego todos los días. Dejó de trabajar y empezó a robar cosas de su propia casa para seguir consumiendo.

Cuando se le acababa la plata venía a la madrugada a pedirme plata para seguir tomando. Yo tenía apenas para que coman los chicos y no le daba. Se iba re enojado pero después empezó a llevarse las cosas de su casa, recuerda Juliana. En esa época ella trabajaba en un shopping, en el sector de limpieza, pero tuvo que dejar el trabajo para cuidar a sus hijos.

Después de eso, Juliana decidió perdonarlo segura de que él podía cambiar. Una dice no lo va a hacer más, es el papá de mis hijos, llevamos una vida juntos. Pero volvió a hacerlo de vuelta y esta vez comenzó a pegarme, relata. Esa primera vez, la buscó de la casa de la mamá de Juliana donde ella, cansada de esperarlo toda la noche se había ido con una de sus hijas a compartir unos mates. Me cazó de los pelos, me dio una piña y me gritó Puta de mierda, no dormiste en casa. La segunda vez, recuerda Juliana, fue en plena calle. Se le vino encima y empezó a sacarle la ropa buscando plata en el corpiño. La tercera vez se metió en la casa en plena madrugada armado con un cuchillo y quiso tener relaciones sexuales con ella. Ahí fue cuando decidieron irse a lo de su mamá, cansados de padecer los ataques. Cuando volvimos, se había robado toda la instalación de cable, me sacó ollas, acolchados. Me sacó todo: ropa de los chicos, calzado, platos, cubiertos.

Para ese momento, Juliana ya trabajaba en la ludoteca de una ONG. Las profesionales del espacio advirtieron que estaba pasando un mal momento y le brindaron el acompañamiento para que pudiera denunciar.

Volver a la vida

A Verónica recomponerse del choque le llevó un mes internada, pasó seis meses en cama hasta que pudo volver a caminar. Su hermano le cedió un terreno para que viviera allí junto a su hija.

Me quedé sin nada porque la familia de él no me quiso dar nada. Mi hija y yo nos quedamos con la ropa que teníamos puesta y nada más, explica. Pudo rearmar su vida y se casó, pero cuenta que quedó con miedo durante bastante tiempo. Me costó porque no me gustaba el ruido de autos, escuchaba un auto y me daba miedo, quería volver rápido a mi casa.

Al salir del hospital, Verónica recibió contención en el Centro Popular de la Mujeres, un centro de atención y prevención a la violencia de género cuya referente es Cecilia Vergara. Ella y Nancy Méndez, referente de otro centro, aparecen en el relato de Verónica constantemente.

Su agresor estuvo preso un poco más de tres años después del ataque. Desde la cárcel la llamó muchísimas veces. Él decía que yo seguía siendo de él, expresa. No se acuerda de la fecha pero sí que la citaron a la Justicia para una audiencia en donde tuvo que ingresar sola. Allí la desalentaron para ir a un juicio oral, que es lo que ella quería. Terminó firmando, mientras lloraba, por un juicio abreviado y finalmente su expareja salió en libertad.

Cuando salió fue a mi domicilio, pasó con un revólver. Mi hija lo vio, lo reconoció e hizo como que me iba a tirar. No me llegó a tirar porque yo estaba con una vecina. Ahí los mismos vecinos lo corrieron. Y después de eso ya no supe más nada de él.

En su nueva casa, Verónica puso un comedor que ahora no funciona y asiste al centro de la mujer de Virrey del Pino, a las mujeres que me hablan y me dicen sus problemas les digo que no están solas. Juliana también acompaña a otras mujeres. Durante la charla contó angustiada que una de las chicas que trabaja con ella está embarazada y su pareja además de agredirla le robó todo lo que tenía preparado para el bebé. Le digo que denuncie pero sé que es difícil hacer todo ese proceso. «

Tiempo Argentino Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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