Más longevidad, menos nacimientos: el desafío de repensar la seguridad social en una Argentina que envejece
El aumento de la expectativa de vida y la caída de la natalidad modifican la relación entre aportantes y jubilados. Especialistas advierten que la discusión ya no pasa solo por los haberes, sino por la sustentabilidad de un esquema que hoy cuenta con
Durante décadas, el debate previsional argentino estuvo dominado por una pregunta recurrente: cuánto deben cobrar los jubilados. Sin embargo, el verdadero desafío hoy es otro. Ademas de discutir fórmulas de movilidad, bonos o moratorias, resulta indispensable preguntarnos si el sistema sobre el que se construyó la seguridad social continúa siendo compatible con la realidad demográfica y laboral que atraviesa el país y el mundo.
La Argentina envejece. La expectativa de vida aumenta sostenidamente mientras la natalidad registra una marcada disminución. Esta combinación modifica la relación entre trabajadores activos y beneficiarios del sistema previsional y obliga a replantear muchas de las premisas sobre las que históricamente se apoyó la seguridad social. Para que nuestro sistema previsional sea sostenible necesita al menos contar con tres aportantes para cada pasivo, la situacion actual está bastante por debajo de ese nivel. Hay aproximadamente 1,5 aportantes por cada pasivo del sistema previsional.
La mayor longevidad constituye una extraordinaria conquista social. Vivimos más años gracias a los avances médicos, sanitarios y tecnológicos. Pero ese logro también implica que las personas permanecen durante más tiempo percibiendo prestaciones previsionales y demandando servicios de salud y cuidados de largo plazo.
Al mismo tiempo, bajó la tasa de natalidad a nivel mundial. Esa realidad significa que, en el futuro, habrá menos personas incorporándose al mercado laboral y por lo tanto, menos aportantes para sostener un sistema basado en la solidaridad entre generaciones.
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El desafío ya no consiste únicamente en crear empleo, sino en generar empleo formal, productivo, promover empleo de las personas mayores con capacidad de sostener el financiamiento de la seguridad social.
El debate previsional debe dejar de ser exclusivamente una discusión sobre el presente para convertirse en una conversación sobre el futuro. La sustentabilidad del sistema dependerá de la evolución del empleo formal, del crecimiento económico, de la productividad, de la capacitación permanente y de la capacidad de adaptación frente a los cambios tecnológicos y demográficos.
Más longevidad y menos nacimientos no representan una amenaza. Constituyen una nueva realidad que exige instituciones modernas, políticas previsionales sostenibles y acuerdos que trasciendan los ciclos políticos. El verdadero desafío no es vivir más; el desafío consiste en garantizar que esa conquista pueda sostenerse con justicia, solidaridad y responsabilidad intergeneracional.