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TN 11/07/2026 05:54 10 min de lectura

Computación cuántica: el salto tecnológico que ya salió del laboratorio y llegó a las empresas

Se trata de la capacidad de procesar simultáneamente un número extremadamente alto de escenarios posibles, sin la ambición metafísica de la ficción. Ya se empezó a aplicar en bancos, laboratorios farmacéuticos, empresas de logística y ciudades entera

Computación cuántica: el salto tecnológico que ya salió del laboratorio y llegó a las empresas
Foto: TN

En 2020, la miniserie Devs, creada por Alex Garland, propuso una imagen que hoy resulta útil para pensar el presente de la computación cuántica. En la ficción, un magnate tecnológico de Silicon Valley construye, dentro de su compañía, un departamento secreto capaz de simular el universo entero a nivel cuántico, con el objetivo personal de reconstruir el pasado y reencontrarse con su esposa y su hija, muertas en un accidente automovilístico.

La computadora cuántica que imagina Garland no cura el dolor ni revierte la pérdida: procesa una cantidad de variables que ninguna máquina clásica podría abarcar, y con eso, promete reconstruir con exactitud algo que ya ocurrió. Esa misma capacidad de procesar simultáneamente un número extremadamente alto de escenarios posibles, sin la ambición metafísica de la ficción, es la que ya empieza a aplicarse en bancos, laboratorios farmacéuticos, empresas de logística y ciudades enteras.

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Una computadora tradicional procesa información en bits, que solo pueden valer 0 o 1. Una computadora cuántica trabaja con qubits que, por tratarse de partículas subatómicas, pueden estar en varios estados a la vez, un fenómeno conocido como superposición. Esa propiedad permite explorar en simultáneo múltiples soluciones a un mismo problema, en lugar de probarlas una por una como hace una computadora clásica.

A eso se suma el entrelazamiento cuántico, que conecta dos o más qubits de manera tal que el estado de uno determina el del otro, incluso a distancia. La combinación de ambos fenómenos es lo que multiplica de forma exponencial la capacidad de cómputo a medida que se agregan qubits al sistema.

Facundo Díaz, CEO de /q99 compañía que combina inteligencia artificial y computación cuántica con sedes en Argentina, Estados Unidos y Brasil resume el estado actual de esa tecnología con una analogía que remite a otro salto tecnológico ya asimilado por el público general.

Según explica, la evolución de la capacidad de cómputo cuántico resulta comparable a la ley de Moore, la observación que durante décadas describió la duplicación periódica de la potencia de los procesadores clásicos.

Hoy estamos trabajando con una computadora de ciento veinticuatro qubits de IonQ y sabemos que a fin de año ya vamos a tener una de doscientos cincuenta y seis, y la exponencialidad no es solo en la cantidad, porque cuando sumás qubits, lo que sumás es capacidad, señala Díaz.

Un año bisagra: de laboratorio a negocio

De acuerdo con el Quantum Technology Monitor 2026 de McKinsey & Company, más de 300 empresas en el mundo, entre ellas Airbus, JPMorgan Chase y Boehringer Ingelheim, trabajan de manera activa con proveedores de tecnología cuántica para resolver problemas comerciales concretos.

El mismo informe estima que la computación cuántica podría generar entre 1,3 y 2,7 billones de dólares en valor económico global hacia 2035, y calcula que la inversión en el sector alcanzó 12.600 millones de dólares en 2025, seis veces más que el año anterior.

Díaz coincide con esa lectura y ubica el corrimiento en Argentina un paso por detrás del ritmo global. Te diría que en 2025-2026 investigación y desarrollo y aplicación se abrieron: los grandes siguen invirtiendo en investigación y desarrollo y todavía hay muchas oportunidades de desarrollo, los estándares líderes ya se consolidaron y hoy la cuántica ya salió del laboratorio, explica el CEO de /q99.

Según su estimación, 2025 y 2026 constituyen el bienio de aplicación en gobiernos y grandes empresas, mientras que 2027 y 2028 serán los años en que las compañías medianas empiecen a encontrar casos de uso concretos. La tecnología ya está, es accesible, sobre todo vía cloud; no hay un gran movimiento de hardware, pero sí hay posibilidad de acceder a través de la nube, agrega.

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Esa hipótesis encuentra correlato en la hoja de ruta técnica de los dos principales desarrolladores de hardware cuántico. IBM presentó en noviembre de 2025 su procesador Nighthawk, de 120 qubits, con el objetivo declarado de alcanzar una ventaja cuántica verificable el punto en que una computadora cuántica resuelve un problema más rápido o de manera más eficiente que cualquier supercomputadora clásica hacia fines de 2026, y un sistema tolerante a fallos, denominado Starling, hacia 2029.

Google, por su parte, difundió en diciembre de 2025 resultados de su chip Willow validados mediante el algoritmo Quantum Echoes, según los cuales el sistema completó en cinco minutos una tarea que a una de las supercomputadoras clásicas más potentes del mundo le demandaría un tiempo equivalente a varias veces la edad del universo.

Como ejemplo de aplicación ya verificada y no meramente proyectada, la Cleveland Clinic completó en 2026 la simulación cuántica de una proteína de 303 átomos, un cálculo que ningún sistema de cómputo clásico disponible en la actualidad puede resolver en tiempos razonables.

Los primeros usos concretos, más allá del laboratorio

Consultado sobre qué tareas cotidianas, más allá de los sectores de energía, farmacéutica o retail que suelen citarse como pioneros, podrían modificarse por la convergencia entre inteligencia artificial y computación cuántica, Díaz identifica tres frentes de impacto.

La computación cuántica es buena en optimizaciones y en cálculos matemáticos complejos, y es transformacional en esas áreas. En todo lo que es cadena de suministro y logística es transformacional, plantea.

El ejemplo que utiliza para explicar ese salto remite a un problema clásico de la informática, el del laberinto, en el que una computadora tradicional debe probar cada camino posible de manera sucesiva, mientras que un sistema cuántico puede explorar múltiples rutas de manera simultánea.

Esa misma lógica, según Díaz, ya se aplica a escala urbana. Nosotros estamos trabajando en ciudades en la optimización del tránsito con los semáforos integrados con el transporte público, para reducir tiempos y hacer mucho más eficiente la circulación, detalla.

El mismo principio explica por qué la exactitud y el costo de un envío de delivery, ya sea de comida o de una compra hecha en una plataforma de comercio electrónico, empiezan a modificarse sin que el usuario final lo perciba de manera directa. Cuando sos más eficiente, también optimizás no solo tiempo, sino también costos; nosotros estamos involucrados en varios proyectos donde se logran eficiencias del 30% o más, que es muy transformacional, agrega Díaz.

El segundo frente identificado por los especialistas en el tema es el de los cálculos matemáticos complejos aplicados a la modelización de escenarios, un terreno en el que un sistema cuántico permite evaluar de manera probabilística un conjunto de opciones que a la computación clásica le resultaría imposible procesar en un tiempo útil.

El sector financiero, con la construcción de modelos de riesgo y la optimización de portafolios de inversión, es el ejemplo más citado, aunque no el único.

Un tercer frente, mencionado en informes internacionales sobre el sector, es la ciberseguridad: la eventual capacidad de una computadora cuántica suficientemente potente para vulnerar los estándares de encriptación vigentes ya empuja a organismos como el NIST en Estados Unidos y la ANSSI en Francia a desarrollar algoritmos de criptografía poscuántica. Mientras tanto, ciberdelincuentes con recursos aplican la estrategia conocida como Harvest Now, Decrypt Later, que consiste en robar y almacenar hoy datos cifrados con la expectativa de descifrarlos en el futuro.

El desafío no es la ciencia, es la aplicación

Sobre qué competencias debería empezar a desarrollar hoy un profesional que no proviene de las ciencias exactas, Díaz traza una distinción entre la etapa científica de la computación cuántica, ya validada, y la etapa de aplicación, todavía en construcción.

Hoy hay que separar lo que es la academia, la aplicación y la ciencia. Los físicos tienen mucho sentido cuando estás trabajando en el desarrollo de la tecnología, pero hoy la tecnología está en un nivel de madurez tal que el desafío es la aplicación, sostiene.

Según su lectura, la etapa que exigía formación en física o ciencias exactas ya cumplió su función. No necesitás ser científico, no necesitás trabajar en la academia; al contrario, lo que hoy se necesita es esa capa de aplicación, que se tiene que construir sobre el nivel de madurez que ya existe en la tecnología, explica.

Esa afirmación no excluye el rol de la ciencia de base, que Díaz reconoce como fundamento indispensable del desarrollo actual, y que en la Argentina se sostiene a través de organismos como el CONICET y el Instituto Balseiro.

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Desde 2022, el proyecto QUBIT.AR reúne a investigadores del CONICET junto con equipos de la UBA, la Universidad Nacional de Córdoba, la UNSAM y el Instituto Balseiro, en aplicaciones de simulación molecular, algoritmos de optimización y criptografía poscuántica, con una plataforma experimental basada en qubits superconductores en construcción.

En junio de 2026, investigadores del CONICET, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Instituto Balseiro publicaron en la revista PRX Quantum el desarrollo de una técnica de sensado cuántico capaz de detectar señales sutiles en entornos atómicos complejos, con aplicaciones potenciales en la caracterización de tecnologías cuánticas y en procesos biomoleculares.

Un antecedente de 2024, publicado en la revista Science, había dado lugar a la fabricación de un material denominado cristal de tiempo, con potencial impacto en la transmisión ultrarrápida de información.

Para Díaz, ese trabajo de base convive hoy con una etapa distinta, orientada a quienes provienen de disciplinas alejadas de la física. Hoy, en uno o dos años, cualquier persona puede meterse en esto; obviamente, si venís de la informática y de la programación, estás en el momento justo, en el lugar adecuado. La teoría y la ciencia ya lograron la validación; ahora viene más por el lado de la aplicación, de gente que lo aplica a procesos de negocios reales, concluye el CEO de /q99, en referencia al desafío que /q99 comparte con instituciones como el CONICET y el Instituto Balseiro en materia de formación de talento regional.

La escena de Devs, con su cubo hermético en el que un empresario intenta reconstruir con exactitud un instante ya perdido, funciona como una exageración deliberada de algo que hoy ocurre en una escala mucho más modesta y menos dramática: sistemas capaces de simular, en minutos, procesos que la computación clásica no puede resolver en tiempos razonables.

La diferencia es que esa capacidad, en 2026, ya no vive únicamente dentro de un búnker de ficción, sino en la nube, accesible para bancos, ciudades y empresas medianas que recién empiezan a asomarse a ella.

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