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TN 11/07/2026 05:49 6 min de lectura

Ni la plata ni los hijos: el verdadero problema que lleva a muchas parejas a la consulta con un psicólogo

Aunque muchas parejas creen que el conflicto es por la plata, los hijos o la convivencia, los especialistas advierten que el verdadero problema suele otro. Por qué llegar a tiempo a la consulta puede marcar la diferencia.

Ni la plata ni los hijos: el verdadero problema que lleva a muchas parejas a la consulta con un psicólogo
Foto: TN

Para cuando muchas parejas llegan al consultorio, el problema ya no es la discusión por la plata, los hijos o las tareas de la casa. El verdadero conflicto suele ser el tiempo. Tiempo sin hablar de lo que molesta, sin pedir ayuda, sin encontrar espacios para la relación o detrás de miles de justificaciones. Por eso, una de las preguntas que más escuchan los terapeutas no es cómo mejorar la relación, sino si todavía están a tiempo de hacerlo.

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En los últimos años, la terapia de pareja dejó de ser un recurso reservado para situaciones extremas y comenzó a consolidarse como una herramienta a la que cada vez más personas recurren. Aun así, gran parte de las consultas llegan cuando el vínculo ya atraviesa un desgaste profundo, después de meses o incluso años de desencuentros acumulados.

Cuando el problema no es la discusión, sino la forma de discutir

Los especialistas observan que muchas parejas quedan atrapadas en dinámicas repetitivas que terminan erosionando el vínculo, más allá del motivo puntual de cada pelea. El problema, además, suele detectarse de manera tardía.

Según explica la psicóloga Romina Halbwirth (M.N. 26252), muchas parejas no consultan ante las primeras señales de alarma, sino cuando sienten que perdieron la capacidad de reparar los conflictos. Llegan cuando la relación viene acumulando pequeñas desconexiones, silencios, reproches y desencuentros que durante mucho tiempo fueron minimizados, señala.

Para la especialista, el problema rara vez está únicamente en el tema que genera la discusión. Detrás de los conflictos cotidianos suele repetirse una misma forma de vincularse que, con el paso del tiempo, desgasta la relación. No es que una pareja discuta solamente por dinero, por crianza o por convivencia, sino que muchas veces discute siempre desde la misma coreografía emocional, explica.

Esa dinámica puede adoptar distintas formas. En algunos casos, uno de los miembros reclama mientras el otro se cierra. En otros, una persona busca constantemente conversar mientras la otra evita el conflicto. Con el tiempo, esas posiciones se vuelven rígidas y generan cada vez más distancia emocional.

Una de las señales tempranas es la repetición constante de una misma escena: cambian los temas de discusión, pero la sensación final siempre es la misma. Otro punto clave son las respuestas físicas durante los conflictos: tensión corporal, ansiedad, sensación de amenaza, necesidad de escapar o bloqueo emocional. El sistema nervioso de la pareja empieza a reaccionar como si el otro fuera un peligro y no un compañero, sostiene la psicóloga.

No obstante, muchas personas siguen interpretando la búsqueda de ayuda profesional como una señal de fracaso. Para Halbwirth, se trata de una idea equivocada: Pedir ayuda a tiempo no es declarar la muerte del vínculo; a veces es la forma más adulta de cuidarlo.

Los conflictos cambian, pero el desgaste suele ser el mismo

Las dificultades económicas, las diferencias en la crianza, los desacuerdos sobre la convivencia, la sexualidad o las relaciones con las familias de cada uno aparecen con frecuencia en el consultorio. Sin embargo, para los profesionales especializados en terapia de pareja, el tema que llega a la sesión rara vez cuenta toda la historia.

Muchas veces, los conflictos visibles funcionan como una puerta de entrada para comprender malestares más profundos relacionados con el reconocimiento, la distribución de responsabilidades, el poder o la forma en que cada integrante percibe el vínculo.

Asimismo, un metaanálisis publicado en 2025 en la revista BMC Psychology encontró que las intervenciones terapéuticas para parejas generan mejoras significativas en la satisfacción con la relación, la calidad del vínculo y el bienestar emocional de quienes participan. Los autores destacan que los mejores resultados suelen observarse cuando la consulta no se posterga durante años.

Una pareja puede consultar por dinero, pero lo que está en juego es una sensación de injusticia. Puede consultar por la crianza, pero lo que aparece es una dificultad para organizar los roles y las decisiones dentro del sistema familiar, explica Halbwirth.

Ese desgaste también suele agravarse por las exigencias de la vida cotidiana: jornadas laborales extensas, responsabilidades familiares, preocupaciones por llegar a fin de mes y la falta de tiempo compartido terminan empujando a muchas parejas hacia una dinámica en la que el encuentro queda relegado.

No necesariamente dejaron de quererse. A veces están simplemente desbordadas. Y cuando una pareja vive en modo supervivencia, cualquier diferencia se siente como un ataque, expresa la especialista.

Dentro de ese escenario también aparecen las infidelidades, uno de los motivos de consulta más frecuentes. Sin embargo, los terapeutas advierten que no siempre representan el origen de la crisis. En muchos casos funcionan como un punto de quiebre que deja al descubierto distancias emocionales, problemas de comunicación o conflictos que llevaban tiempo acumulándose sin haber sido abordados.

¿Siempre se puede salvar una relación?

La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Para la psicóloga, siempre existe la posibilidad de trabajar algo dentro del vínculo, aunque eso no significa necesariamente que la pareja vaya a continuar unida.

Una relación puede recuperarse cuando todavía existe disposición para escuchar, asumir responsabilidades y construir una forma distinta de vincularse. Lo que no siempre hay es margen para seguir juntos, afirma.

Además, remarca que la terapia de pareja no debe transformarse en una defensa automática de la permanencia, ya que existen situaciones atravesadas por violencia, humillaciones, control o maltrato sostenido en las que el objetivo no es mejorar la comunicación, sino proteger a las personas involucradas.

En ese sentido, la terapia también puede cumplir otro rol menos visible: ayudar a atravesar una separación de manera más saludable. A veces la terapia no salva la pareja, pero salva la posibilidad de despedirse con más conciencia, sostiene.

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La diferencia es importante, especialmente cuando existen hijos en común. Una ruptura conflictiva puede seguir impactando durante años en la dinámica familiar, mientras que una separación trabajada permite preservar acuerdos, roles y vínculos parentales.

Por eso, no esperar a que la relación llegue a una situación límite para buscar ayuda es clave, insisten los estudios. No todo desgaste implica un final. Pero todo desgaste necesita ser escuchado, concluye Halbwirth.

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