Exorcismos: qué dice la Iglesia sobre el demonio y por qué sostiene que las posesiones existen
Mientras el cine los convirtió en un género de terror, la Iglesia Católica los considera un rito vigente y regulado por el derecho canónico. El papa Francisco insistió durante años en que el diablo no es una metáfora sino una presencia real y reveló
Las películas de terror instalaron la idea de que el exorcismo es solo una ficción cinematográfica; sin embargo, para el universo de la fe es una realidad vigente. Lejos del mito, la Iglesia Católica -por ejemplo- lo define como un sacramental: un riguroso rito litúrgico, estrictamente codificado por el derecho canónico, cuyo único fin es combatir, expulsar y conjurar la influencia de entidades malignas.
Las frecuentes menciones al diablo por parte del papa Francisco le devolvieron al tema una vigencia que incomoda a los más escépticos. A esta generación, como a muchas otras, se le ha hecho creer que el diablo era un mito, una imagen, una idea. La idea del mal. Pero el diablo existe y tenemos que luchar contra él, advirtió el Sumo Pontífice durante una homilía en la Casa Santa Marta en octubre de 2014.
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No fue una declaración aislada. Lejos de tratar a Satanás como una metáfora psicológica, Jorge Bergoglio siempre lo ha definido como una entidad real y concreta. Y esta convicción no es nueva ni abstracta.
En un libro-entrevista del reconocido vaticanista Fabio Marchese Ragona publicado en 2023, el Papa detalló que, durante su época como arzobispo de Buenos Aires, varias personas se le acercaron asegurando que estaban poseídas. Lejos de despacharlas, las derivó a especialistas.
Los envié a dos sacerdotes exorcistas, relató Francisco. Uno de ellos era Carlos Alberto Mancuso, histórico exorcista de la diócesis de La Plata; el otro, su propio confesor, el padre Nicolás Mihaljevic, un jesuita nacido en Croacia. Esa decisión de Bergoglio ilustra a la perfección el modus operandi de la institución.
Y es que el filtro de la Iglesia es estricto y establece que no cualquiera puede realizar el ritual. Solo los Obispos pueden designar sacerdotes que estén habilitados para intervenir en la lucha contra el diablo.
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Asimismo, si bien la institución atiende a todas las personas que lo solicitan, el porcentaje de casos en los que finalmente se actúa es mínimo. En la gran mayoría de las consultas, tras una evaluación médica y psiquiátrica, se descubre que el origen del supuesto fenómeno es, en realidad, un trastorno de la salud mental.
Más allá del ritualismo, el crucifijo y el agua bendita, la existencia del demonio pertenece al terreno de lo incomprobable. Sin embargo, como concepto, funciona como el último recurso para explicar el misterio del mal: la idea de que el egoísmo, la violencia y la injusticia que asolan al mundo no nacen únicamente de la miseria humana, sino de un debate eterno entre el bien y el mal entre Dios y el demonio que se libra en el territorio íntimo de la conciencia.