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La Pirámide 10/07/2026 18:02 3 min de lectura

Crece la preocupación por el avance del jabalí europeo en Argentina destacando el caso de El Palmar como modelo de control

Especialistas advierten que la expansión del jabalí europeo provoca pérdidas millonarias para el sector agropecuario, pone en riesgo la biodiversidad y representa una amenaza sanitaria. En ese contexto, resaltan la experiencia desarrollada en el Parq

Crece la preocupación por el avance del jabalí europeo en Argentina destacando el caso de El Palmar como modelo de control
Foto: La Pirámide

Crece la preocupación por el avance del jabalí europeo en Argentina destacando el caso de El Palmar como modelo de control

El avance del jabalí europeo en Argentina se consolidó como una de las principales problemáticas ambientales y productivas del país. Introducida a comienzos del siglo XX con fines de caza deportiva, esta especie logró expandirse por gran parte del territorio nacional gracias a su gran capacidad de adaptación y a la ausencia de depredadores naturales.

Actualmente, el jabalí europeo está presente en la mayoría de las provincias argentinas y figura entre las especies invasoras más dañinas del mundo. Según explicó Francisco Pescio, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), su impacto económico alcanza los 1.600 millones de dólares anuales debido a los daños que provoca en cultivos, alambrados, caminos e infraestructura rural.

Además de las pérdidas económicas, el especialista advirtió sobre los riesgos que representa para la seguridad de las personas. Los ejemplares adultos pueden superar los 200 kilogramos de peso, desplazarse en grandes grupos y presentar un comportamiento agresivo. En los últimos años se registraron ataques a personas y la presencia de jabalíes en zonas urbanas y periurbanas encendió las alarmas en distintas provincias.

Riesgo sanitario

El crecimiento descontrolado de la especie también genera preocupación por la transmisión de enfermedades al ganado porcino, entre ellas triquinosis, hepatitis y peste porcina, afectando especialmente a pequeños y medianos productores.

A ello se suma la comercialización informal de carne de jabalí. De acuerdo con Pescio, la inexistencia de una cadena de producción habilitada favorece la faena clandestina y la venta de conservas, embutidos y otros productos sin controles sanitarios, lo que representa un riesgo para los consumidores.

En ese sentido, el docente de la FAUBA sostuvo que la habilitación de frigoríficos especializados permitiría garantizar los controles veterinarios, la cadena de frío y la trazabilidad de la carne. Sin embargo, recordó que el último establecimiento habilitado para esta actividad cerró en 2019, dejando sin incentivos económicos a los cazadores registrados y dificultando el control de la especie.

El ejemplo de El Palmar

Entre las experiencias exitosas de manejo, Pescio destacó el trabajo realizado en el Parque Nacional El Palmar, en el departamento Colón, Entre Ríos. Allí, la proliferación del jabalí comenzó a afectar seriamente la regeneración de la palmera yatay, una de las especies emblemáticas del área protegida.

Frente a esa situación, se implementó un programa de control que involucró a pobladores locales, cazadores autorizados, organismos sanitarios y autoridades del parque. El sistema contempló permisos de caza en sectores específicos, controles veterinarios de cada ejemplar capturado y un esquema de distribución de la carne entre los cazadores y comedores comunitarios.

Según explicó el especialista, esta estrategia permitió reducir significativamente la población de jabalíes, proteger el ecosistema, generar ingresos para los habitantes de la zona y aportar alimentos a instituciones sociales.

La necesidad de un plan nacional

Pese a experiencias como la de El Palmar, los especialistas coinciden en que el principal desafío continúa siendo la ausencia de una estrategia coordinada a nivel nacional.

Pescio señaló que las poblaciones de jabalíes no reconocen límites provinciales, por lo que las acciones aisladas resultan insuficientes para frenar su expansión. En ese sentido, remarcó la necesidad de una política federal que articule el trabajo entre Nación, provincias, universidades e instituciones científicas como el INTA y el CONICET.

Mientras tanto, la especie continúa avanzando sobre nuevos territorios, incrementando los riesgos para la producción agropecuaria, la biodiversidad y la salud pública, en un escenario que demanda respuestas coordinadas y sostenidas en el tiempo.

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