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Provinciales
TN 10/07/2026 15:28 3 min de lectura

Proverbio árabe: Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda

Esta frase convierte un fracaso seguro en una lección, porque incluso los objetivos imposibles pueden dejar aprendizajes decisivos.

Proverbio árabe: Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda
Foto: TN

Hay un proverbio árabe que parte de una evidencia casi burlona, el que dice quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda: cualquiera sabe que lanzarle una piedra a la luna es un esfuerzo condenado al fracaso.

Sin embargo, la idea acepta la imposibilidad desde el principio y, a partir de ahí, desplaza el foco hacia algo mucho más valioso, que quien insiste en ese intento absurdo, aunque nunca toque la luna, terminará dominando la honda.

Muchas veces se piensa el error como una derrota pura, como la prueba definitiva de que una meta era irreal o de que una persona no estaba a la altura.

Este proverbio, en cambio, sugiere otra lectura. Hay intentos que no llegan a la meta prevista, pero aun así dejan destrezas, resistencia, paciencia, cálculo, precisión y fortaleza. El blanco no se alcanza, pero el tirador ya no es el mismo después de haber probado una y otra vez.

En el fondo habla de lo que hoy llamaríamos el valor del proceso. Apuntar demasiado alto puede parecer ridículo ante los ojos de quienes solo miran el resultado inmediato, pero muchas veces son justamente esas metas desmesuradas las que obligan a desarrollar capacidades que de otro modo quedarían dormidas.

La frase también valora es la práctica constante que nace de perseguir algo que parece imposible. Mientras uno apunta al cielo, el cuerpo aprende, la mirada se afina y la mano gana destreza.

Este proverbio recuerda además que hay frutos que no llegan en forma de éxito directo, pero sí como preparación para desafíos futuros. A veces, aquello que parecía una pérdida de tiempo termina siendo el entrenamiento exacto que hacía falta para otra batalla más cercana y más decisiva.

Un proverbio árabe y una cultura donde la honda era una herramienta de vida

El proverbio se entiende todavía mejor si se lo ubica en el mundo del que proviene. En la tradición árabe antigua, especialmente en contextos nómadas y desérticos, la honda era una herramienta de supervivencia, pastoreo y defensa que exigía práctica constante. Manejarla bien implicaba fuerza, coordinación, puntería y disciplina.

Ese trasfondo le da al dicho una densidad especial. Los pueblos que vivían en condiciones duras sabían muy bien que ninguna destreza se obtiene sin repetición y que muchas veces el entrenamiento ocurre antes de que exista una necesidad urgente.

El que aprende a usar la honda apuntando a la luna tal vez fracase en su objetivo simbólico, pero cuando llegue el momento de usarla de forma concreta, ya tendrá en el cuerpo una maestría que el espectador burlón nunca desarrolló.

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Por eso el proverbio promueve la constancia. El sabio no admira a quien sueña sin hacer nada, admira a quien convierte un ideal imposible en un ejercicio diario de superación. La gran paradoja está ahí, porque el esfuerzo dirigido a lo inalcanzable puede volverse más útil que la comodidad de quien nunca intenta nada por miedo a fallar.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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