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Provinciales
Diario el Sol 10/07/2026 08:22 2 min de lectura

MESSI NO ES DIOS PERO SU PALABRA FUE RECORDADA POR EL ARZOBISPO DE BUENOS AIRES ESTE 9 DE JULIO

MESSI NO ES DIOS PERO SU PALABRA FUE RECORDADA POR EL ARZOBISPO DE BUENOS AIRES ESTE 9 DE JULIO
Foto: Diario el Sol

Hay frases que, pronunciadas en un contexto determinado, trascienden el momento y adquieren una dimensión pública. Eso ocurrió este 9 de Julio, cuando el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, eligió cerrar su homilía por el Día de la Independencia con palabras que millones de argentinos ya conocían. No eran propias. Eran de Lionel Messi, publicadas el 18 de diciembre de 2022, pocas horas después de que la selección nacional conquistara el Mundial de Qatar.

"Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito de este grupo que está por encima de todas las individualidades es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos. Lo logramos. Amén."

La elección no fue casual. Tampoco fue una simple referencia futbolística destinada a despertar simpatía entre los presentes. En el contexto de una celebración patria, García Cuerva convirtió aquellas palabras en un mensaje que interpela a una sociedad profundamente atravesada por divisiones políticas, económicas y culturales.

No deja de resultar significativo que una de las reflexiones más potentes sobre la unidad nacional provenga de un vestuario y no de un recinto legislativo. Messi hablaba del funcionamiento de un equipo de fútbol. Sin embargo, el arzobispo trasladó esa experiencia al plano de la convivencia democrática. Allí reside el valor de la cita.

La selección campeona del mundo representó algo que pocas veces ocurre en la Argentina contemporánea: un objetivo compartido. Durante algunas semanas desaparecieron las diferencias partidarias, las discusiones cotidianas y los enfrentamientos permanentes que dominan la agenda pública. El éxito deportivo generó un sentido de pertenencia que parecía imposible en otros ámbitos.

Naturalmente, un país no puede gobernarse con la lógica de un campeonato. Los problemas estructurales exigen políticas públicas, acuerdos institucionales y decisiones complejas. Pero tampoco puede ignorarse el simbolismo de aquel proceso. La selección no ganó únicamente por el talento individual de sus figuras. Ganó porque logró construir un colectivo donde cada jugador aceptó un rol, subordinó intereses personales y entendió que el resultado común era superior al lucimiento propio.

Ese es, precisamente, el aspecto que García Cuerva decidió rescatar. Su mensaje no fue una invitación a la nostalgia mundialista, sino una exhortación a recuperar la capacidad de construir objetivos comunes.

La política argentina parece haber naturalizado una lógica distinta. Con frecuencia, el adversario deja de ser alguien con quien competir democráticamente para convertirse en un enemigo al que hay que descalificar. La confrontación permanente genera rédito inmediato, pero debilita la confianza social y dificulta cualquier consenso duradero.

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Diario el Sol Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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