Radiografía de la soja: el mejoramiento genético explica más de la mitad del aumento de los rindes
La RECSO, impulsada por el INTA y ASA, presentó los resultados de la campaña 2025/26 tras evaluar 88 variedades en todo el país. En la zona núcleo los promedios rozaron los 6000 kilos, pero advirtieron que falta mejorar la nutrición para aprovechar e
La cadena de la soja argentina sumó un nuevo capítulo clave para definir sus estrategias de cara a los próximos ciclos productivos.
En las instalaciones de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del Instituto Nacional de Tecnología Agropeucaria (INTA) Marcos Juárez, en Córdoba, se concretó la presentación oficial de los resultados obtenidos por la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO) correspondientes a la campaña 2025/26.
La jornada se consolidó como una cita fundamental para el sector agrario, reuniendo a directivos y técnicos del INTA, la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), y referentes de la industria semillera y biotecnológica del país.
A través de un esquema de trabajo que se viene ramificando por todas las regiones agrícolas, la última campaña arrojó una base estadística imponente: se analizaron más de 350 ensayos distribuidos estratégicamente a lo largo y ancho del territorio nacional.
Los datos recolectados no solo sirven como una guía objetiva para que el productor elija qué semilla volcar en sus lotes, sino que además certifican de manera científica el salto de productividad que viene logrando el mejoramiento genético vegetal en la Argentina, una herramienta que actúa como el verdadero motor silencioso de la competitividad tranqueras adentro.
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Durante el encuentro, las autoridades pusieron de relieve la solidez metodológica de la RECSO, un sistema coordinado que procesó más de 11.000 datos parcelarios específicos en 66 localidades distintas, representativas de la totalidad de las subregiones y ambientes sojeros locales.
Cristian Vissani, coordinador nacional de la RECSO, detalló el enorme despliegue técnico del ciclo y destacó que las evaluaciones incluyeron un total de 88 cultivares comerciales aportados de forma voluntaria por 12 compañías semilleras líderes del mercado nacional.
La calidad de la información obtenida fue uno de los puntos más celebrados por el comité técnico de evaluación.
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De la totalidad de los ensayos montados a campo, el sistema debió rechazar apenas el 8%, lo que significa que un 92% de las parcelas bajo estudio superó los estrictos estándares de control impuestos por la red.
Los registros finales mostraron coeficientes de variación sumamente estrechos, inferiores al 17%, y desvíos técnicos controlados por debajo de los 500 kilogramos por hectárea, parámetros que garantizan la confiabilidad absoluta de los resultados para la toma de decisiones comerciales e industriales.
Brechas y contrastes
El mapa productivo arrojado por la campaña 2025/26 evidenció un escenario de buenos rendimientos generales en términos macroeconómicos, aunque dejó expuestas marcadas brechas de productividad entre las diversas geografías del país.
Estas diferencias respondieron directamente a la distribución y volumen de las precipitaciones registradas durante el período crítico del llenado de grano. Mientras que las regiones del norte argentino y la zona núcleo central contaron con un excelente acompañamiento ambiental, los perfiles hídricos del sur bonaerense jugaron en contra, deprimiendo los techos productivos de la región austral.
El norte del territorio nacional exhibió un comportamiento sobresaliente. De acuerdo con el relevamiento detallado por Vissani, los promedios generales en esa macroregión se posicionaron muy cerca de los 4000 kilogramos por hectárea.
Sin embargo, hubo casos puntuales que quebraron todas las marcas previas, como ocurrió en las localidades salteñas de Piquete Cabado y Las Lajitas, donde los lotes experimentales alcanzaron picos de rendimiento promedio de hasta 5000 kilos por hectárea, impulsados por lluvias oportunas y un manejo agronómico de vanguardia.
La situación contrapuesta se vivió en el sur de la provincia de Buenos Aires. En localidades de fuerte tradición agrícola como Miramar, Tres Arroyos y Balcarce, la escasez de agua se hizo sentir en los momentos clave del desarrollo biológico de los cultivos.
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Como consecuencia directa de este estrés hídrico, los rendimientos promedio de la red en esa zona geográfica cayeron sensiblemente, promediando apenas unos 2100 kilogramos por hectárea al momento de la cosecha.
Por su parte, la Región Pampeana Norte que abarca las provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, el norte de Buenos Aires y el norte de La Pampa volvió a ratificar su condición de corazón productivo del país, concentrando el mayor volumen de ambientes y localidades evaluadas, con 46 estaciones de ensayo.
El rendimiento promedio general para este bloque de provincias se ubicó en los 4200 kilos por hectárea. Dentro de este universo, los mejores campos de la denominada zona núcleo agrícola, como Salto, OHiggins y Chacabuco, descollaron con marcas medias que rozaron los 5900 kilogramos por hectárea. El podio regional lo completaron localidades clave como Corral de Bustos y la propia Marcos Juárez, que consolidaron excelentes indicadores productivos.
El motor genético
Uno de los aportes teóricos más sustanciosos de la jornada llegó de la mano de Diego Santos, especialista del INTA Paraná y miembro activo del Comité Técnico de Evaluación de la red.
Santos expuso los análisis enfocados en la provincia de Entre Ríos, donde la RECSO evaluó materiales que se extendieron desde los grupos de madurez III cortos hasta los grupos VIII largos, logrando promedios estables de entre 4200 y 4400 kilogramos por hectárea en los ambientes de mayor aptitud agrícola.
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El especialista precisó que las mayores tasas de ganancia genética actual se están concentrando en los grupos de madurez VI y VIII, confirmando una regla fundamental de la agricultura moderna: las variedades nuevas rinden sistemáticamente más que sus antecesoras.
A través de las mediciones históricas que realizamos desde Prosoja, pudimos determinar una ganancia genética anual sostenida de 15,3 kilos por hectárea por año, lo que representa una mejora equivalente al 0,96% anual. El dato más contundente es que entre el 50% y el 60% de todo el incremento del rendimiento que experimentó la soja en la Argentina durante las últimas décadas se explica pura y exclusivamente por el incansable trabajo de mejoramiento vegetal, reveló Santos.
No obstante, el técnico lanzó una advertencia dirigida a toda la cadena de valor respecto a los factores que limitan la expresión de este potencial genético.
Usando una metáfora automovilística, Santos señaló: Podemos tener un Fórmula 1 en las manos gracias a la biotecnología, pero si ese auto no corre en una buena pista o no recibe el combustible adecuado, jamás va a desarrollar todo su potencial en la carrera.
Con esto, el investigador puso el foco sobre la nutrición de los suelos y la fertilización, que continúan figurando entre los principales cuellos de botella de la producción argentina.
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La jornada concluyó con una fuerte reivindicación de la historia de la RECSO, un espacio público-privado que nació en 1980 en Marcos Juárez bajo la visión del recordado investigador Héctor Baigorrí y que desde 2004 formalizó su alianza estratégica con ASA.
Juan Erdmann, gerente de Asuntos Técnicos de la asociación de semilleros, cerró el encuentro remarcando que para sostener esta tasa de ganancia genética e inversión en investigación es imprescindible brindar certezas normativas.
Para continuar impulsando el desarrollo de nuevas variedades es fundamental fortalecer el reconocimiento de la propiedad intelectual en el país. Ese reconocimiento legal es el único mecanismo que permite sostener las inversiones privadas a largo plazo y seguir entregándole la mejor genética disponible a los productores argentinos, concluyó el directivo.