La Hermana Verónica: la monja rocker que impulsa una revolución desde la cocina
Tiene 50 años, mundo recorrido y debuta como cocinera en TV.Cómo pasó de nadar en River a consagrar su vida a Dios. Y cómo derriba el estereotipo de una religiosa.
Hija de un ateo, cursaba un profesorado de Geografía cuando a los 21 años recibió una invitación que la "flechó" de una forma sobrehumana.
Cuatro días de aislamiento e introspección en un retiro espiritual en San Miguel bastaron para que volviera a su casa con la certeza de que existía un amor más elevado, capaz de contener a todos los demás. Algo superior al rayo del que hablaba Cortázar, "que parte los huesos y deja estaqueado en la mitad del patio".
"Salí de ahí enamorada", dice, en un monasterio de cuento, la Hermana Verónica, 50 años, fanática de River y del rock, docente, trilingüe, electricista, ex empleada de curtiembre, ex remisera, ex trabajadora de una fábrica de marcadores y futura estrella de la señal ElGourmet.
-Es una buena analogía decir que se parece a enamorarte. Pero es algo mucho más grande. En el amor de enamoramiento vivís, respirás, pensás, y todo es por la otra persona, ¿verdad? Incluso vos estás como a un costado. Pero la experiencia del amor de Dios es un amor que te hace amar todo, el pasto, los perros, a las otras personas...
-Usted habla de una analogía, ¿pero estuvo enamorada de alguien?
-Sí, claro. Tuve tres novios antes de entrar. Uno a los 18, otro a los 20 más o menos. Y otro poquito antes de entrar en el convento. De chica quería tener una familia. A partir de Dios tuve la certeza de que ese grupito no me alcanzaba. Nosotros pensamos, de manera egoísta, que si tenés un amor excluye a los demás amores, y con Dios es todo lo contrario. El amor de Dios es un amor totalmente inclusivo. Cuando Dios ocupa el primer lugar, todos los amores se transforman y adquieren otra dimensión mucho más grande.
Verónica Evangelina Prieto tiene mundo. Vivió en Brasil y en los Estados Unidos, y paseó en misiones o encuentros eclesiásticos por China y África. Algo de eso se traduce en su sabiduría, en la forma de caminar este monasterio en Belgrano, el de La Epifanía, fundado en 1956, al que nos invita.
Convento adentro de las hermanas benedictinas -a metros de la avenida Luis María Campos- hay caminitos abrazados por flores y una atmósfera que recuerda a La novicia rebelde, la película de Robert Wise que transcurre en Salzburgo, Austria. No está Julie Andrews, pero Verónica tiene mucho de su alegría, de la impronta musical. Ama cantar, tocar el órgano y la guitarra, está a punto de iniciarse en la carpintería y este lunes 6 de julio estrenará rol de conductora de TV. Sus bandas preferidas: Ataque 77 y Soda Stereo.
"Creo que Dios puede hacerse presente en cualquier manifestación artística. No hay lugar en el que el amor no pueda ser expresado. Me encantan Fito Páez y muchos grupos de rock nacional. Ya no voy a recitales, pero antes de entrar al convento iba a ver a Soda, Fito, Michael Jackson, Tina Turner, Guns and Roses, UB40. Me gustan también el dúo Coplanacu y la música cristiana".
-Hay una idea arraigada de que una monja termina excluyendo pasiones, que no puede tener determinados hobbies. ¿Eso cambió o depende de las congregaciones?
-El amor de Dios es totalmente inclusivo. Dios quiere que seamos felices, que disfrutemos de la vida, que tengamos muchos intereses porque él los pone en el corazón. Cuando ayudo a mis alumnos a ver su vocación, les digo: "nunca Dios te va a pedir algo que no te gusta". Si le tenés miedo a la sangre, no te va a pedir que seas cirujano, porque Dios no es un masoquista que quiere hacerte la vida difícil. ¿Cuál es la contribución que le vas a dar al mundo? ¿Qué dones te dio Dios para que se los des al mundo? Messi lo tiene re claro, por ejemplo. Todo el tiempo dice: "Dios me dio este don, esto viene de Dios, a Dios le agradezco".
-Messi y Dios... Ahí encuentra una gran relación...
-Por supuesto, el talento, el don, es de Dios. Y también hay, claro, un trabajo personal. Mi profesora de música decía, "Beethoven no es Beethoven solamente por el don. Si el tipo no se sentaba delante del piano, no iba a llegar a ser lo que fue". Esa pasión estoy convencida que la da a Dios.
De River a los hábitos
Nació el 10 de septiembre de 1975 y se crio en Belgrano, en una familia tipo, madre ama de casa, padre vendedor de vinos y café -en la primera etapa- y, más tarde, taxista. Sus días se repartían entre la escuela y River Plate, club en el que nadaba. No había estampitas cerca, ni rosarios, ni mandatos familiares que pudieran dar indicios de que elegiría unir su vida a Dios.
Su primer acercamiento a la catequesis fue gracias a una vecinita que le propuso ir juntas. Verónica quedó encantada con los cantos dominicales en las misas de San Cayetano de Belgrano, pero aún la relación con la religión no rozaba la devoción. Cuando le preguntaban qué quería ser de grande respondía "médica o astronauta".
"Soy la oveja negra de la familia. Mi padre era ateo, hasta que, cuando yo estaba en tercer año en el colegio, le pidieron a mi papá y a mi mamá que se casaran por iglesia, porque ellos se habían casado solamente por civil", cuenta. "Tuve una infancia lindísima porque mis padres se ocuparon siempre de que hiciéramos muchas cosas junto a mi hermano Gustavo. Íbamos a inglés, todos los días a la plaza y al club, y estudiábamos instrumentos. Querían darnos una buena educación, pero mi hermano se enfermó a los cuatro años y resultó complicado, entraba y salía del hospital".
El cuadro que cambió la dinámica familiar fue una enfermedad inflamatoria autoinmune, dermatomiositis. "Mucha gente queda paralizada y en ese momento no había tratamiento. Mi hermano tenía maestras domiciliarias, tratamos siempre de que hiciera la vida lo más normal posible. Murió jovencito por un ataque cardíaco", se emociona.
Cuando terminó la secundaria, a su padre lo despidieron del trabajo y llegó el tiempo de poner el hombro. Se empleó como administrativa en una curtiembre y se destacó en las tareas de facturación y procesamiento de libros de IVA. También manejó un remis y trabajó en una fábrica de fibras.
-¿En qué momento sintió de otra forma a Dios?
-A los 21 años, una compañera de la facultad me invitó a un retiro. Y dije 'Bueno, no pierdo nada'. Yo iba a la parroquia porque en realidad me gustaba un chico. En Acción Católica teníamos la formación, después jugábamos al vóley y nos íbamos al cine o a comer. Hasta ese momento no lo conocía a Jesús, no conocía a Dios, iba solamente por la parte social de la parroquia. Y un día Julieta, amiga de la facultad, me habla de un retiro. Fue un antes y después.
-¿Qué pasó?
-La noche del viernes se hace un Via Crucis, que es vivir la pasión de Jesús. Fue muy marcante para mí. Encontré a Jesús y a ese acto de amor que él hizo por nosotros, elegir entregar su vida. Experimenté un amor muy grande y a partir de ahí empezó mi vida cristiana. Tengo que admitir, era del grupito del fondo en el colegio secundario. Nos dedicábamos a molestar. Pensé: tengo que tratar bien a las personas. Entonces, mi escala de valores se modificó, mis lecturas, la forma, las cosas que me interesaban. Descubrí a San Francisco de Asís.
-¿Cuál es el sentimiento de encontrar a Dios?
-Yo pienso que es una gracia, no te puedo explicar con palabras. Encontrar a Dios es un regalo. Cualquier cristiano que haya encontrado a Dios, por nada del mundo va a dejar ese tesoro. Es como dice el Evangelio, el que encuentra un tesoro vende todo lo que tiene, no le importa nada. Dios pasa a ser el centro de tu vida.
-Muchos creen que una religiosa está en el convento rezando y nada más. Pero usted tiene mil ocupaciones...
-¿Viste que hoy está la onda de las buenas vibras y no sé qué? Lo que hace una hermana, traducido, es eso, implorarle a Dios por toda la gente que tiene necesidad. Es entrar en sintonía con Dios; creemos realmente que Dios es uno y todos nosotros somos una sola cosa. Entonces, lo que yo hago tiene una influencia también sobre vos, y el amor que te tengo, te llega.
-¿Hay muchos que usan a la religión como huida?
-Me preguntan mucho ¿vos tuviste una decepción? Digo no. Mirá, nuestra vida no es fácil. No creo que alguien que no tenga vocación pueda vivir nuestra vida. Alguien que lo ve por fuera puede idealizarlo, romantizarlo, una mirada así como de Heidi. Vivir con gente de otras nacionalidades y que no elegiste, no es sencillo... porque vos a tu marido lo elegiste y tus hijos son tus hijos, es tu propia decisión, pero acá es gente que va llegando y se va sumando al baile, y a veces somos muy distintos.
Secretos de libertad
Se despierta a las cinco, reza cinco horas por día, cena a las siete de la tarde y se va a la cama a las nueve y media. El resto del tiempo lo destina a las clases que dicta en el Colegio San Ambrosio y a la fabricación de velas.
Acaba de volver de Alemania, Italia y Portugal, un viaje agotador en el que escaló montañas y conoció decenas de castillos. Tiene celular, y de vez en cuando va al cine. Pide que no le digan 'de usted' y no le cuesta provocar carcajadas. "¿Si tengo apodos? No, tenía un novio que me decía, 'Galleta marinera' porque mi cara es aplastada", se ríe suave.
Pulpo, pescado y frutos de mar, pastas con salsa de tomate natural, peceto relleno, milanesas, guisos... Aquellos fueron los sabores de infancia de la Hermana Verónica, y algo de todo eso cocinará en cámara en el nuevo desafío de ElGourmet.
A doce años de la muerte de la Hermana Bernarda, que ganó popularidad por sus recetas de origen alemán, a la religiosa la veremos de lunes a viernes, a las 18. La excusa serán las ollas y los puntos de cocción, pero entre el tendal de postres en el que se especializa -desde crumble manzana hasta cheesecake- hablará de misterios de la fe. "No soy ni gourmet ni chef, no hago platos rebuscados, ni tengo ingredientes secretos", avisa.
-¿Está preparada para la fama, hermana?
-Lo que yo espero es desmitificar un poco el estereotipo que hay sobre lo que es ser una hermana. Porque una cosa es el estereotipo colectivo y otra cosa es la realidad, ¿no? Después, siento que la cocina es una vía para manifestar amor. La cocina como una forma de servicio y de decirte que te quiero, que te amo, que me preocupo y que te cuido; darte algo mío. En todas las recetas que hago en cámara hay una historieta sobre Dios, sobre Jesús, o sobre los santos.
-Su objetivo es llevar a Dios a la tele....
-Recordar que Dios está, porque yo estoy segura de que todos saben, intuyen algo, sienten que está presente, pero a veces nos olvidamos.
-Uno imagina que cada vez menos jóvenes eligen la vida que usted tiene. ¿Hay estadísticas?
-Tal vez no publicadas, pero es evidente. Dios sigue llamando, por supuesto, pero nunca la iglesia o las congregaciones seremos la mayoría, nunca seremos muchos. Años atrás, en el siglo pasado, las mujeres tenían pocas posibilidades de una profesión. Entonces veían la vida consagrada como una forma de estudiar y tener una profesión. Eso ya no existe. Quien hoy está en el convento es porque realmente tiene un llamado y una convicción. La fe es más genuina.
-¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar en TV, hubo un casting?
-Fue totalmente providencial. Una amiga mía tiene una amiga que conoce a alguien que buscaba a una hermana que cocinara. Cuando te gusta comer, tenés que aprender a cocinar. Mi madre murió hace 20 años y yo necesitaba comer cosas ricas. Y además, como conté, cuando mi papá perdió el trabajo, mi mamá salió a trabajar. Y entonces ahí empecé a entrar en la cocina.
-¿Hubo algún momento en que pensara "quiero volver a mi vida anterior"?
-Nunca, no tengo un día, un minuto de arrepentimiento. Nosotras tenemos una vida muy rutinaria, nos levantamos, desayunamos, vamos a trabajar, volvemos a rezar, volvemos a trabajar. Una rutina ayuda en la maduración de una persona, porque hay cosas que están resueltas, en las que no tenés que pensar. Mucha de la energía que la gente necesita durante el día es para resolver cosas que no tienen importancia. Puedo tomar decisiones libres para buscar todo el tiempo la verdad, la libertad. Esas son mis metas absolutas de cada día. No me preocupo por lo que voy a comer o qué me pongo. Entendí que más que ser santa, en realidad lo que quiero es ser libre.
-¿Libre?
-Libre de todo, absolutamente, pero no libre de hacer cualquier cosa. La libertad entendida como no ser esclava del pasado ni de lo que va a venir después.
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