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FASCISMO TECNOLÓGICOMiguel A. Reguera, dice: ¿Cuál es el límite ético de los que deciden los caminos para acceder a los bienes y servicios que nos den una calidad de vida que alcance estándares mínimos de dignidad? Estoy haciendo referencia
FASCISMO TECNOLÓGICO
Miguel A. Reguera, dice: ¿Cuál es el límite ético de los que deciden los caminos para acceder a los bienes y servicios que nos den una calidad de vida que alcance estándares mínimos de dignidad? Estoy haciendo referencia a la tecno-oligarquía que impone en nuestras vidas ´el fascismo tecnológico´. Estas personas están diseñando nuestros objetivos y metas sociales, definiendo los medios y herramientas para alcanzarlos, es decir, todo lo opuesto a la igualdad democrática donde cada ciudadano es igual un voto y la decisión es colectiva.
Ellas tienen el poder material para comprar medios de comunicación tradicionales o inventan nuevas formas de comunicar para ensalzar a su Divinidad a través de la ´Tecnolatría´. Envían mensajes que muestran los aspectos positivos de utilizar los nuevos adelantos y a su vez callan opiniones críticas y eliminan las disidencias.
El ciudadano de a pie, ilustrado, pero educado en los tiempos del libro de papel, la regla ´T´ y el teléfono de línea se siente día tras día violentado, por las nuevas exigencias del sistema.
Un token por aquí, una aplicación nueva por allá. Puede ser para estacionar o para obtener un turno médico. Un QR por acá para acceder al menú de comidas y un 0800 por allá con respuestas automatizadas y únicas. ¿Y si alguien no tiene teléfono inteligente? ¿Y si no hay internet en la zona o se cortó la luz y no tiene dinero para cargar el celular? ¿Y si el sistema falla y te descuentan dos, tres o más veces por el mismo servicio? ¿Cuál es el plan B? ¿Con quien hablar, que no sea un bot, si no hay centros de atención, ni cajas o cabinas de pago presenciales?
¿Por qué además de aceptar que manipulen nuestros datos y controlen nuestras decisiones, debemos vivir con contratos de adhesión donde debemos obligatoriamente aceptar las nuevas condiciones o quedar excluidos del bien o servicio?
¿Qué organismos de control garantizan el ejercicio pleno de nuestros derechos constitucionales? ¿Quiénes nos defienden de los que excluyen y descartan de la vida social? ¿Cuándo van a protegernos de estafas virtuales, permitiéndonos que usemos alternativas analógicas y que la opción digital sea facultativa para el ciudadano?
Como en el cuento ´Casa Tomada´ de Julio Cortázar, sentimos que nuestros espacios de libertad son recortados a diario por una ideología elitista, que bajo la apariencia de ser democráticos y la excusa de facilitar nuestras vidas, solo consagran privilegios de aquellos que tienen los medios materiales y los conocimientos suficientes para vivir en el paraíso digital.
El dilema de nuestro tiempo es libertad o tecnofascismo. Y los que hoy se sientan integrados por creer tener abiertas las puertas del ´cibercielo´, sepan que serán los excluidos de mañana. Además, la empatía con el otro debería recordarles que todos tienen padres, hermanos, amigos, abuelos, vecinos o conocidos que merecen que el pensamiento y la acción sean empleados en defender su dignidad de vivir en una sociedad libre y democrática.