Rusia se inquieta por la guerra y teme otra movilización - Informe Digital
Drones, escasez de nafta y rumores de reclutamiento agravan el malestar social en una encuesta cercana al Kremlin.
La guerra ya golpea la vida cotidiana en Rusia y el malestar se expande. En Moscú, las estaciones de tren hacia el sur muestran este verano un paisaje inusual: menos turistas, más uniformes y una ansiedad que se repite en todo el país, entre ataques con drones, cortes de internet, escasez de gasolina y el temor a una nueva movilización.
Desde la primera convocatoria de reservistas para combatir en Ucrania en 2022, el clima social no mostraba tanta tensión. El 2 de julio, la Fundación de Opinión Pública (FOM), una encuestadora cercana al Kremlin, informó que el 55% de los consultados dijo que sus compañeros y familiares se sentían ansiosos, frente al 40% del año anterior. La vieja idea de un contrato social en el que la población se mantenía al margen de la política y el poder la dejaba en paz quedó seriamente dañada.
Los ataques con drones, antes concentrados en Kursk y Belgorod, ya alcanzan otras zonas del país. El 6 de julio, drones ucranianos atacaron la refinería más grande de Rusia, en Omsk, a unos 2.500 kilómetros del frente.
La falta de combustible ya se siente en la calle y en la economía. En todo el país, los conductores esperan dos o tres horas para cargar la cantidad máxima diaria permitida, de 20 o 30 litros. Varias estaciones se quedaron sin nafta y en Crimea y Novorossiysk las autoridades prohibieron la venta minorista: solo pueden repostar funcionarios, empleados de servicios públicos y empresarios vinculados al sector. Dos instalaciones petroleras cerca de Novorossiysk fueron destruidas.
Valery, dueño de una tienda de comestibles en esa ciudad, advierte que la escasez puede complicar la distribución de alimentos y otros movimientos logísticos. Los precios ya muestran el impacto: en junio, la papa subió 4,5% respecto del mes anterior. Algunos productores dicen que no podrán cosechar si el faltante de combustible continúa.
En Rostov, al sur del país, una comerciante que vende productos locales resume el enojo con una frase dirigida a Putin, Trump, Zelensky, Macron y los gobernadores: Antes vivíamos bien. Ahora solo nos dedicamos a ir de un problema a otro.
Elena Panfilova, que coordina grupos de discusión en Moscú, sostiene que el clima pasó de la frustración al odio abierto hacia las autoridades. Dice que no solo irritan la escasez de combustible y los cortes de internet, sino también la distancia cada vez mayor entre la realidad y la narrativa oficial. Valery lo resume así: La única salida es poner fin a las hostilidades.
Durante los últimos cuatro años, hemos escuchado informes optimistas que afirman que las tropas rusas avanzan con confianza a lo largo de todo el frente. Sin embargo, si observamos los mapas, todo está estancado en un pantano, agregó.
Putin insiste en que la guerra avanza, en líneas generales, según lo previsto. En una entrevista reciente, leyó sus respuestas de un teleprompter y aseguró: Todo funciona con estabilidad y con un margen de resistencia considerable. Su reconocimiento limitado del cambio de escenario sugiere que todavía evalúa su próximo paso. Entre los rusos crece el temor a que, en vez de bajar la intensidad del conflicto, el Kremlin la profundice.
También se reactivó el debate sobre una nueva movilización. A comienzos de junio, el diputado Sergei Gurulev escribió en redes sociales que ya se había decidido convocar tropas en otoño. Después borró el mensaje y dijo que había sido pirateado. Siempre pasa lo mismo: primero hay rumores de que algo malo va a ocurrir, luego las autoridades lo niegan y, finalmente, sucede, dice Sergei, empleado de una agencia de publicidad en Nizhny Novgorod, al este de Moscú.
Piensa mudarse al campo para que los reclutadores no lo encuentren. Ir a la oficina sería un suicidio, afirma. Muchos de sus compañeros evalúan emigrar, una idea que volvió a ganar peso desde 2022.
En Penza, al sureste de Moscú, podrían estar ensayando una nueva ronda de movilización. Desde mediados de junio, vecinos denuncian que hombres son detenidos en la vía pública y en redadas puerta a puerta, llevados a puntos de reunión y obligados a firmar contratos con el ejército. En las calles se ven menos varones y el miedo se instaló en la rutina.
El ambiente en la ciudad es terrible, dice Elena, una residente. Le prohibí a mi marido salir de casa. Cuando salgo, lo dejo encerrado desde afuera. Mantenemos las cortinas cerradas todo el día. Andrey Surkov, comisario militar de Penza, sostuvo que las redadas tenían como único objetivo buscar desertores y personas que habían evadido el servicio militar.
Brigadas bolcheviques
La disidencia empieza a expresarse con más libertad. El 25 de junio, un exsoldado publicó en Instagram un mensaje dirigido a Putin en el que denunció que los soldados estaban siendo torturados por negarse a entregar sus salarios a los comandantes.
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