La naranja agria del arbolado en Tucumán saltó de las veredas al frasco: el plan que la transforma en dulces y licores premium
Con asistencia técnica del INTA, el municipio capitalino industrializa un recurso cítrico que antes se descartaba en la calle. El proyecto ya generó capacidades en decenas de vecinos, instaló una marca propia y cierra el círculo ambiental transforman
En el tablero de los agronegocios y las nuevas tendencias productivas, la economía circular dejó de ser una declaración de principios teóricos para convertirse en realidades palpables sobre el terreno.
Mientras localidades como San Pedro, Azul y Pergamino avanzan en el mapa nacional con proyectos estratégicos vinculados a la industria farmacéutica tras sellar contactos con delegaciones de Vietnam, en el norte del país la innovación productiva se escribe con tonada local y un fuerte componente social.
En San Miguel de Tucumán, un lote de 9000 árboles distribuidos a lo largo y ancho de las veredas urbanas el equivalente a unas 40 hectáreas compactas de producción citrícola se convirtió en la materia prima de un circuito de agregado de valor que cruza la soberanía alimentaria con el empleo genuino.
La iniciativa, que ya lleva un año de ejecución sostenida en el territorio, nació del trabajo articulado entre la Agencia de Extensión Rural (AER) del INTA San Miguel de Tucumán y la Dirección de Programas de la Secretaría de Atención Ciudadana del municipio capitalino.
El corazón del proyecto consiste en un aprovechamiento integral de la naranja agria, un fruto tradicional del arbolado público que históricamente terminaba descartado en las calles, generando costos de limpieza y problemas logísticos para la comuna.
Hoy, ese insumo se cosecha de forma planificada y entra de lleno en una cadena agroindustrial comunitaria.
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El INTA viene articulando con el municipio desde hace varios años, fundamentalmente desde las bases de lo que era el programa ProHuerta en temas de autoproducción de alimentos, explicó a TN la doctora Myrna Lazarte, jefa de la AER INTA San Miguel de Tucumán.
La especialista detalló cómo mutó la escala de intervención: A partir de esa experiencia abrimos líneas de trabajo vinculadas a la economía social mediante Encuentros Agroecológicos en las plazas. En esos espacios empezamos a discutir la idea de agregar valor a las producciones locales y valorizar los recursos típicamente tucumanos, combinando la naranja agria de nuestras veredas con el histórico azúcar tucumano.
Del árbol a la marca propia
El proceso de transformación productiva no se limita a una cocina hogareña, sino que se rige bajo estrictos parámetros tecnológicos y de inocuidad.
La municipalidad se encarga de la recolección de los frutos en los espacios públicos y los traslada hacia los Centros Integradores Comunitarios (CIC), como el Vial III y el Oeste II.
Allí se montó una Sala Comunitaria de Agroindustria donde un equipo interdisciplinario del INTA integrado por el perito agrónomo José Zelaya (de la EEA Famaillá) y la técnica nutricionista Fernanda Rodríguez capacita a los vecinos en todo el ciclo técnico: desde el pesado, lavado en el área sucia, pelado y control del nivel de pH, hasta la esterilización de envases y la medición de la cocción con brixómetros para evaluar los puntos exactos de azúcar.
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Los resultados de esta primera etapa consolidan el éxito del modelo: se elaboraron 1251 unidades de mermelada y 300 botellas de un licor artesanal bautizado Naranchello.
Además, el proyecto logró instalar capacidades técnicas en 43 participantes que ya recibieron su certificación oficial por parte de la Dirección de Bromatología bajo normativas de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), impulsando su autonomía económica.
El volumen elaborado tiene un doble destino estratégico: una parte se distribuye de manera solidaria en comedores populares de la capital para reforzar la nutrición social y el remanente se comercializa bajo una marca de identidad cooperativa que ya camina con luz propia: LA MIGUE, mermelada tucumana.
Desde el municipio ratificaron el impacto del esquema en la economía familiar y destacaron que la intención es generar conocimiento para que los vecinos aprovechen las naranjas de la calle, pero también proyectar esto como una salida laboral directa en las ferias que otorga la comuna.
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Dado que la cosecha de la naranja agria ya finalizó su ventana de temporada, los equipos técnicos municipales y del INTA ya evalúan el uso de nuevas materias primas sugeridas por los propios participantes del taller.
La propuesta técnica busca que el vecino elabore para autoconsumo, distribuya en comedores o comercialice el producto. Tiene que ver con darle mayor durabilidad a los recursos de estación que están disponibles en la ciudad, destacó Lazarte.
El círculo perfecto del descarte
El aspecto más disruptivo de la iniciativa tucumana radica en su cierre de ciclo ambiental, un verdadero espejo de los manuales de bioeconomía aplicados a la gestión pública. La manufactura de las mermeladas y el Naranchello aprovecha hasta el último componente del cítrico: mientras la pulpa se destina al dulce, las cascaras se sumergen en alcohol para la destilación del licor artesanal.
Finalmente, todo el material orgánico sobrante y los descartes del pelado no van a la basura. Los remanentes son trasladados de manera directa al Compostaje Municipal, ubicado en el campus ambiental Yolanda Ortiz.
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En esas instalaciones, los residuos se procesan biológicamente hasta convertirse en compost de alta calidad, el cual regresa de forma totalmente gratuita a las manos de los mismos vecinos y productores que llevan adelante sus huertas agroecológicas familiares en los barrios.
Para los beneficiarios directos, muchos de ellos jubilados y amas de casa, el impacto trasciende lo económico. El taller funciona como un espacio de sociabilización y aprendizaje técnico que revaloriza el entorno urbano.
Con un esquema técnico sencillo pero riguroso, San Miguel de Tucumán demuestra que la gestión inteligente del arbolado público puede transformarse en una verdadera fábrica de alimentos, cuidado ambiental y oportunidades genuinas de empleo para la economía regional.