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Provinciales
San Juan 8 07/07/2026 18:30 3 min de lectura

Argentina volvió a demostrar que competir también es saber sufrir con personalidad

Perdía 2-0, Messi había fallado un penal y el reloj jugaba en contra. Sin embargo, la Selección reaccionó con personalidad, encontró respuestas desde el juego y dio vuelta el partido 3-2 frente a Egipto para seguir defendiendo el título en el Mundial

Argentina volvió a demostrar que competir también es saber sufrir con personalidad
Foto: San Juan 8

No hubo desorden, ni desesperación, ni una sucesión de centros sin destino. La Selección siguió insistiendo desde el juego. Leandro Paredes empezó a hacerse dueño de la circulación, Alexis Mac Allister encontró espacios entre líneas y Rodrigo De Paul volvió a ser el motor de un equipo que necesitaba recuperar confianza antes que fútbol.

El segundo gol egipcio, cuando el reloj empezaba a transformarse en un enemigo, pareció dejar a la Argentina al borde de una eliminación que nadie imaginaba. El 2-0 dolía por el contexto y por el desarrollo del partido. Había tiempo, pero cada minuto pesaba el doble.

Y entonces apareció esa reacción que distingue a los equipos que aprendieron a competir.

Cristian Romero encontró el descuento cuando el partido parecía escaparse definitivamente.

No solucionó todos los problemas, pero devolvió algo fundamental: la esperanza. A partir de ahí cambió el ánimo de todos. El estadio volvió a empujar, Egipto empezó a retroceder y Argentina recuperó esa convicción que había perdido por momentos.

Después del penal fallado, el capitán no se escondió. Siguió pidiendo cada pelota, aceleró cuando el partido lo necesitaba y terminó siendo decisivo. Su gol para el 2-2 fue mucho más que un empate: fue el punto de quiebre de una noche que hasta ese momento parecía escrita para otro lado.

Con el envión anímico, la Selección entendió que podía ir por más.

Scaloni mantuvo la apuesta ofensiva y el equipo respondió. Ya no jugaba solamente contra el reloj; jugaba convencido de que el triunfo estaba al alcance. Enzo Fernández, que había crecido con el correr de los minutos, terminó coronando la remontada con un cabezazo que desató el desahogo argentino después de una gran jugada colectiva iniciada desde el fondo y continuada con un contraataque perfecto.

El 3-2 no borró los errores que deberá corregir el equipo. Argentina volvió a sufrir en las transiciones defensivas y por momentos perdió el equilibrio frente a un rival que aprovechó cada espacio. Tampoco escondió que todavía hay rendimientos individuales que pueden crecer.

Cuando el partido se volvió incómodo, cuando el resultado era adverso y cuando incluso Messi había fallado una oportunidad inmejorable desde los doce pasos, la Selección no dejó de creer en su idea. No cambió el plan por el apuro. Siguió jugando, siguió buscando y terminó encontrando una victoria construida con paciencia, personalidad y jerarquía.

Los campeones no ganan todos los partidos con autoridad. Muchas veces también necesitan sufrir, equivocarse y encontrar respuestas cuando el margen de error desaparece. Eso hizo Argentina frente a Egipto.

Ahora vendrán los cuartos de final, con nuevos desafíos y aspectos por mejorar. Pero el equipo de Scaloni llega con una enseñanza que vale tanto como la clasificación: aun en una de sus noches más difíciles, nunca dejó de competir. Y cuando un grupo conserva esa convicción hasta el último minuto, siempre encuentra una oportunidad más.

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