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Provinciales
Perfil 07/07/2026 18:29 2 min de lectura

Argentina 3 - Egipto 2: ¡Oh, juremos con gloria a morir!"

El deporte, como la vida, tiene sus propias batallas. No se libran con armas, sino con coraje. No exigen dar la vida, pero sí dejar el alma. Y eso fue lo que hizo la Selección Argentina en el inolvidable 3-2 frente a Egipto.

Argentina 3 - Egipto 2: ¡Oh, juremos con gloria a morir!"
Foto: Perfil

¡Oh, juremos con gloria a morir!", dice uno de los versos más poderosos del Himno Nacional Argentino. Claro que nadie muere en una cancha de fútbol. Pero esa frase, escrita para hablar de quienes estaban dispuestos a entregar la vida por la libertad, conserva un significado que trasciende la guerra: la decisión de no rendirse jamás, de asumir el sacrificio y de pelear hasta el último instante por una causa colectiva.

El deporte, como la vida, tiene sus propias batallas. No se libran con armas, sino con coraje. No exigen dar la vida, pero sí dejar el alma. Y eso fue lo que hizo la Selección Argentina en el inolvidable 3-2 frente a Egipto.

La épica no nace de las victorias cómodas. Aparece cuando todo parece perdido, cuando el reloj juega en contra y la lógica invita a bajar los brazos. Es ahí donde surge el heroísmo: en quienes siguen creyendo cuando ya casi nadie cree, en quienes encuentran fuerzas cuando el cuerpo parece no tenerlas.

Los héroes deportivos no son invencibles. Se equivocan, sufren, se cansan y hasta parecen derrotados. Lo que los distingue es que nunca aceptan la derrota como destino. Siguen insistiendo. Siguen luchando. Siguen representando algo mucho más grande que ellos mismos.

Y si toda gesta necesita un conductor, Argentina volvió a encontrarlo en Lionel Messi. No sólo por su talento, sino por esa capacidad única de transmitir esa energía que invita a seguir buscando más, A su alrededor, Leandro Paredes, con un cierre providencial que evitó un gol que parecía inevitable; Enzo Fernández, elevándose con la elegancia de los grandes para convertir de cabeza; y Cristian "Cuti" Romero, que fue a buscar la pelota con un coraje conmovedor, imponiéndose de cabeza como si en ese salto se jugara mucho más que un partido. Fueron acciones distintas, pero unidas por un mismo espíritu: el de un equipo dispuesto a dejarlo todo.

Por eso hay partidos que valen más que un resultado. Porque recuerdan que el heroísmo no pertenece únicamente a los libros de historia. También puede aparecer en una cancha de fútbol, cuando un grupo de jugadores decide cumplir, a su manera, aquel antiguo juramento de pelear con gloria hasta el final.

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