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Provinciales
TN 07/07/2026 18:19 2 min de lectura

La resurrección de Messi: se sobrepuso a otro penal errado, marcó el camino a la hazaña con un golazo y se desahogó al final a pura lágrima

Lágrimas y desahogo para un equipo que conjuga entre hazañas y errores en cada partido.

La resurrección de Messi: se sobrepuso a otro penal errado, marcó el camino a la hazaña con un golazo y se desahogó al final a pura lágrima
Foto: TN

Las lágrimas de Messi y Scaloni tienen dos componentes: emoción y desahogo. Es que el corazón y el coraje de la Selección son mucho más pesados que cualquier error en el retroceso o la falta de coordinación en la presión alta. Y si de presión alta hablamos, bienvenidos a otro capítulo de la Copa del Mundo en modo-drama.

Nueve de cada diez equipos habrían tirado la toalla después de la segunda estocada del buen combinado egipcio, conformado por futbolistas que de momia no tienen nada Arranquemos de una buena vez esa etiqueta anacrónica que condena en la previa a naciones sin títulos mundiales o historia. Basta.

¿Qué hizo mal la Albiceleste para quedar al borde del precipicio hasta el último cooling break? Algo similar, aunque atenuado, a lo que había padecido contra Cabo Verde: los argentinos llegaban tarde y a veces de a uno a la hora de presionar, y cuando perdían pelotas en ataque retrocedían mal. ¿Era de 2 a 0, era para tanto? Parecía muy exagerado. Y no solo por el penal que volvió a fallar el gran capitán. La Selección había hecho figura al arquero egipcio.

Y entonces, ¿qué hizo la Argentina bien para darlo vuelta, cuando parecía que la derrota era prácticamente inevitable? Jugar y creer. Con lo que queda hasta el final, fue la orden de Scaloni. Y el corazón, otra vez, apareció. Y no se trató solamente de valentía. La bola corrió, aunque tal vez faltó profundidad. Pero la Selección hizo tres goles, y pudo haber conseguido un par más.

Noventa y nueve de cada cien futbolistas habrían tirado al techo la pelota que Messi eyectó hacía el gol. Y Messi llora. Y lloramos todos. No lo derrumbó el penal, ni la desventaja. Nada detiene a la voracidad del capitán del representativo argentino. ¿Cómo te vas a entregar, si el Diez no se entrega jamás?

¿Alcanza con esto para un bicampeonato Mundial? Esa será otra historia. Y hay tiempo para pulir lo que aún no fluye. Lo único que no se discute es que la Selección sigue en el Mundial, y que sigue alegrando a todos los argentinos. Emoción y desahogo. Y goles. Ocho de ellos de Messi, el más maravilloso futbolista del mundo.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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