El amago del reciclaje peronista en Entre Ríos: las caras del fracaso cierran filas para garantizarse impunidad
Detrás de supuestos acuerdos estratégicos en Concordia y Paraná, los caciques del PJ entrerriano intentan abroquelarse en una lista única. Sin recursos para internas y con pánico al avance de las auditorías judiciales, la vieja guardia busca retener
Detrás de supuestos acuerdos estratégicos en Concordia y Paraná, los caciques del PJ entrerriano intentan abroquelarse en una lista única. Sin recursos para internas y con pánico al avance de las auditorías judiciales, la vieja guardia busca retener cuotas de poder como escudo protector ante los tribunales.
El peronismo de Entre Ríos ha decidido romper el silencio electoral de cara a la contienda, pero no lo hace con una propuesta de renovación ni con una autocrítica tras los últimos y contundentes golpes en las urnas. Bajo lo que en los pasillos de la política se denomina el “amago del armado”, los principales referentes del Partido Justicialista provincial iniciaron una serie de movimientos medidos y reuniones reservadas. Sin embargo, este esquema nace con fecha de vencimiento: se trata de un desesperado intento de supervivencia corporativa comandado por los mismos personajes de siempre, aquellos que ya fracasaron en la gestión, perdieron el termómetro de la calle y hoy ven en las candidaturas la única vía para erigir un escudo judicial.
La premisa que recorre los despachos peronistas es cruda: no hay margen ni recursos económicos para una interna feroz. En el PJ admiten que falta financiamiento y que los candidatos no están dispuestos a poner dinero de sus propios bolsillos para costear una disputa puertas adentro. Ante la falta de caja, la billetera actúa como el principal ordenador, forzando acuerdos territoriales de cúpulas. Esta necesidad de unificar posiciones a la fuerza, lejos de responder a un proyecto político serio, es un pacto de impunidad para conservar fueros, frenar el avance de posibles juicios por corrupción y mantener los privilegios de una mesa chica completamente divorciada de la sociedad.
El pacto de Concordia: apellidos repetidos y el fantasma del vaciamiento
El epicentro de estas maniobras de reciclaje se sitúa en Concordia, históricamente el bastión electoral del peronismo local y hoy en manos del radical Francisco Azcué. Allí, las conversaciones están avanzadas para sellar una lista única que busca condicionar el armado de toda la provincia. El binomio diseñado para la intendencia sintetiza el regreso de las caras del fracaso: Ángel Giano encabezaría la fórmula acompañado por Leticia Ponzinibbio, esposa del exintendente y actual diputado provincial Enrique Cresto. Para completar el reparto de cargos entre los mismos nombres de las últimas décadas, Armando Gay aparece en la primera línea local y el exgobernador Gustavo Bordet se postula como candidato a senador provincial.
Este esquema en Concordia, que pretende mostrarse homogéneo, ya encuentra fisuras internas con el movimiento independiente del concejal Pablo Bovino, quien mantiene aspiraciones firmes y representa un factor de atención por sus antiguos coqueteos con los sectores de Javier Milei. La desesperación de la vieja guardia por cerrar este acuerdo total en Concordia demuestra que la prioridad no es recuperar la ciudad para los vecinos, sino garantizar la continuidad del clan familiar en el poder y usar el peso del territorio como moneda de cambio para tallar en las decisiones grandes de la provincia.
Tres candidatos para la gobernación y una sola necesidad: protección
A nivel provincial, el peronismo asoma la cabeza con tres precandidatos a gobernador cuyos verdaderos alcances deben mirarse con lupa. Enrique Cresto se muestra activo recorriendo el territorio, pero en los mentideros políticos ya se analiza que su postulación es un “amago estratégico” para ganar volumen en la mesa de negociación, utilizando la instalación de su esposa en Concordia como garantía de retaguardia. Por otro lado, la actual intendenta de Paraná, Rosario Romero, pisa fuerte en la mesa chica sostenida por el control del principal distrito electoral de la provincia, bajo el gastado argumento de que Concordia ya gobernó los últimos 24 años. El trío lo completa Guillermo Michel, diputado nacional por Gualeguaychú, quien a pesar de declarar que no le interesa la candidatura, acumula kilometraje recorriendo el norte entrerriano, Chajarí y tejiendo alianzas con figuras nacionales para posicionarse como un jugador de peso completo.
A este escenario se suma el histórico intendente de La Paz, Daniel Rossi, quien por fuera del PJ formal busca consolidarse como una tercera opción.
El quiebre en Paraná y el peligro de la polarización total
En la capital entrerriana el panorama es aún más complejo para el peronismo. La última derrota electoral dejó al partido profundamente quebrado y dividido, obligando al sector de Rosario Romero a explorar alianzas transversales e inéditas ante la sangría de la militancia de base y de los sectores vinculados a Julio Solanas o Gustavo Guzmán. En ese marco, los puentes tendidos por el veterano dirigente radical Fabián Rogel quien mantiene una histórica afinidad tanto con Romero como con Michel y Cresto buscan ensayar un frente que incomode la estrategia provincial del gobernador Rogelio Frigerio, aunque en el fondo solo expone el oportunismo de una dirigencia dispuesta a borrar cualquier frontera ideológica con tal de no perder influencia.
Mientras el PJ se debate en sus cuitas internas para evitar el costo de una interna, el oficialismo provincial avanza decididamente hacia una fusión electoral. Desde los sectores libertarios ya se ha deslizado que las fuerzas de Javier Milei no presentarán candidato propio, optando por confluir en una gran alianza que lleve a Rogelio Frigerio como única opción para la reelección, secundado en Paraná por figuras como el ministro de Finanzas, Fabián Boleas. Este escenario encamina la provincia a una polarización total de dos boletas. Al peronismo entrerriano se le acorta el margen: si insiste en presentarse ante la ciudadanía con la misma oferta de dirigentes desgastados, sospechados por la Justicia y responsables de las peores derrotas del partido, el pretendido armado de unidad no será más que la crónica de un fracaso anunciado.