Aumentaron un 22,6% los suicidios en Argentina durante 2025, alcanzando un récord histórico
En 2025 se registraron 5.209 suicidios en Argentina, la cifra más alta desde que existen datos comparables, con un marcado aumento en jóvenes y varones. El contexto económico y social es un factor cla
En 2025, Argentina alcanzó el nivel más alto de suicidios desde que se disponen estadísticas comparables. Según datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad, 5.209 personas se quitaron la vida durante ese año, lo que representa un aumento del 22,6% respecto a 2024. La tasa nacional llegó a 11,8 casos por cada 100.000 habitantes, superando el promedio mundial informado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es de 9,1.
Desde 2023, el suicidio se consolidó como la principal causa de muerte violenta en el país. En 2025, las muertes por suicidio triplicaron a los homicidios dolosos, con 5.209 frente a 1.676 casos. Del total de víctimas, el 78,6% eran varones, con una mayor concentración en el grupo etario de 18 a 34 años.
Esta tendencia fue confirmada por un informe de The Lancet Regional Health-Americas, una publicación médica de prestigio, que señaló que en América el suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes ha ido en aumento sostenido durante los últimos 20 años. Actualmente, es la tercera causa de muerte entre varones de 10 a 24 años. Según el informe, las principales causas se vinculan con el aumento de la depresión y la ansiedad en edades cada vez más tempranas, la presión de los entornos digitales y el consumo de drogas.
Julieta Calmels, subsecretaria de Salud Mental de la provincia de Buenos Aires, destacó que la mayor preocupación está puesta en los varones jóvenes, aproximadamente entre los 18 y los 34 años. Explicó que se observa un cambio en el perfil de los casos: Antes era más frecuente encontrar cuadros asociados a depresiones, trastornos mentales o consumos problemáticos, pero hoy hay una vinculación creciente con las condiciones de vida y la falta de empleo, según publicó elDiarioAR.
El deterioro del mercado laboral acompaña este escenario. Desde noviembre de 2023, se perdieron 314.000 puestos de trabajo registrados, según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). La tasa de desocupación cerró 2025 en 7,5%, el nivel más alto desde la pandemia, con casi 1,7 millones de personas sin empleo. Entre los jóvenes de hasta 29 años, la tasa superó el 16% tanto en varones como en mujeres. Además, el 12,2% de las personas ocupadas tiene más de un trabajo, y en ocho de cada diez casos ese pluriempleo implica sostener dos ocupaciones simultáneas.
Calmels señaló que las dificultades económicas aparecen cada vez con más frecuencia en las trayectorias de quienes atraviesan situaciones críticas. Siguen existiendo factores como las rupturas vinculares, pero vemos una asociación cada vez más frecuente entre los suicidios, la pérdida del empleo y, sobre todo, el endeudamiento. Estamos encontrando personas que llegan a situaciones límite atravesadas por niveles de deuda muy severos, que generan una sensación de asfixia, afirmó.
El informe Nivel de Endeudamiento de los Hogares Argentinos, publicado en marzo de 2026, indica que el 91,7% de los hogares mantiene al menos una deuda activa; el 23,5% acumula más de tres deudas simultáneas el doble que un año antes y uno de cada seis hogares tiene cuentas embargadas. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, la mora alcanza el 40%, la tasa más alta entre los distintos grupos etarios.
Los estudios académicos también reflejan el impacto creciente de las dificultades económicas en el bienestar emocional. El Relevamiento del Estado Psicológico de la Población Argentina 2025, elaborado por la Facultad de Psicología de la UBA, muestra que el 55,9% de quienes atraviesan una crisis personal la atribuye a problemas económicos, como ingresos insuficientes o deudas, superando a las crisis vitales (52,4%) o familiares (36,4%). Este estudio identifica además los niveles más altos de riesgo suicida entre los jóvenes de 18 a 29 años.
Cristian Garay, subsecretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA y uno de los autores del relevamiento, afirmó: El factor de la crisis económica tiene un lugar muy importante en todos los estudios que venimos realizando. Si no aparece como la principal causa de malestar emocional, aparece entre las primeras. El desempleo y la incertidumbre económica explican buena parte de los problemas de salud mental que observamos.
El informe también advierte sobre las dificultades para acceder a tratamiento psicológico. Entre quienes consideran que necesitan atención pero no la reciben, el 43,4% señala que no puede afrontar el costo.
Para Calmels, el aumento de los suicidios debe entenderse como un fenómeno multicausal, atravesado por un contexto social cada vez más complejo. No se trata necesariamente de personas aisladas. Lo que aparece es una creciente dificultad para sostener un horizonte de vida, para imaginar un futuro, porque cuando la vida se convierte únicamente en una lucha por la subsistencia, también pierde sentido, concluye.
Nicolás Pontaquarto, capacitador de la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género, señaló que que entre el 75% y el 80% de los suicidios correspondan a varones no nos sorprende, es una tendencia histórica. Sin embargo, advirtió que lo que sí nos llama la atención es el crecimiento de los suicidios y el desplazamiento de la edad. En 2019, un estudio de UNICEF ubicaba la mayor prevalencia entre varones de 15 a 19 años; hoy esa franja se desplazó a los 20-30 años. Eso obliga a preguntarnos qué pasa cuando esos jóvenes terminan la escuela e intentan insertarse en el mundo laboral. Ahí aparece una enorme dificultad para imaginar un horizonte, agregó.
Sobre la construcción de la masculinidad, Pontaquarto añadió que muchos varones tienen muy pocas herramientas para tramitar el sufrimiento o la frustración y que existe una relación distante con el sistema de salud. Los varones que integran las estadísticas de suicidios, en la mayoría de los casos, nunca pasaron por el sistema de salud. Entre las mujeres suele haber más intentos, y eso permite una intervención y un seguimiento posterior.
El capacitador explicó que el mandato de proveedor sigue vigente aunque las condiciones que lo sostenían ya no existen. Durante décadas existían empleos más estables y mayores posibilidades de proyectar una vida. Hoy esas condiciones cambiaron, pero el mandato permanece. Cuando no se cumple, aparecen frustración, fracaso y derrumbe. Además, señaló que se suma un clima cultural individualista: Se instala la idea de que pedir ayuda es un fracaso y que el otro es un competidor.
Pontaquarto también apuntó a los modelos masculinos que circulan en las redes sociales, como los influencers financieros que prometen enriquecimiento rápido. Cuando esa promesa fracasa aparece una enorme frustración, y toda la responsabilidad recae en el individuo, planteó. En los talleres que realiza con varones en sindicatos y empresas, el endeudamiento aparece con frecuencia. No tenemos un registro sistemático que vincule endeudamiento y suicidio, pero esos relatos son constantes: la frustración por no sostener económicamente a la familia, las dificultades laborales, las deudas, el miedo a no cumplir con el mandato de proveedor, concluyó.
En este contexto, se produjo un ajuste significativo en el área de Salud Mental. La Ley Nacional 26.657 establece que el área debería recibir al menos el 10% del presupuesto sanitario, pero para 2026 la asignación prevista representa apenas