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Provinciales
San Juan 8 06/07/2026 10:00 3 min de lectura

Cómo el aburrimiento permite volver a uno mismo

Aburrirse no solo es normal, sino necesario, ya que, el aburrimiento puede ayudarnos a despertar la curiosidad y a crear nuevas ideas.

Cómo el aburrimiento permite volver a uno mismo
Foto: San Juan 8

Vivimos en una época donde el aburrimiento se ha convertido casi en algo intolerable, señala Pedro Neira, responsable del departamento de psicología de Clínica López Ibor de España. Sin embargo, aburrirse no solo es normal, sino necesario, ya que, el aburrimiento puede ayudarnos a despertar la curiosidad y a crear nuevas ideas.

No nos damos tiempo para no hacer nada y aburrirnos un rato

Samuel López, neuropsicólogo del Centro Médico Vithas Granada, dice que la necesidad de estar presentes para todo el mundo y en todas las ocasiones, el malestar que generan los tiempos en las respuestas, resultan ser fuentes de estrés y malestar emocional e incluso trastornos del estado de ánimo y psicológicos, y por ello López señala que se puede recomendar el aburrimiento como factores de alivio o de compensación.

Lejos quedaron los tiempos en que nos aburríamos por la tarde y buscábamos algo que hacer. Neira explica que el aburrimiento actúa como una señal interna que nos invita a parar, observar y conectar con nosotros mismos. Nos permite entrenar algo fundamental: la tolerancia al malestar. Si somos capaces de mantener ese tiempo sin ocupación sin buscar una salida inmediata fortalecemos nuestra capacidad de autorregulación emocional, indicó.

En esa línea, López propone buscar momentos para aburrirnos. Vamos a darnos una pausa de la estimulación para observar nuestro entorno y a nosotros mismos, sin el objetivo ni la necesidad de compartirlo. Probemos generar experiencias reales propias, personales y tratar de guardarlas en nuestra memoria.

Aburrirse sirve para muchas cosas. Estar sin móvil, sin recibir notificaciones y sin necesidad de consumir contenido nos da la oportunidad de reorganizar la información, recuperar la atención y conectar ideas espontáneamente. Además:

- No recibir una estimulación constante favorece la atención y reduce la fatiga mental.

- Facilita la consolidación de la memoria y el aprendizaje.

- Disminuye la activación fisiológica asociada al estrés.

- Favorece la introspección y el autoconocimiento, así como la detección de emociones reales.

- Reduce la dependencia de la gratificación inmediata, clave en las redes sociales.

- Estimula la curiosidad y permite identificar intereses personales genuinos.

- Facilita la creatividad, porque la mente empieza a divagar y generar nuevas ideas.

No es el móvil, es no controlar su uso

Los psicólogos recuerdan que el problema no está en la tecnología, sino en la pérdida de control sobre su uso. Por eso hay que estar atento a las señales que nos advierten que puede haber una dependencia de la tecnología y que no son exclusivos de los adolescentes porque también se producen en adultos:

- Necesidad constante de consultar el móvil sin motivo aparente.

- Malestar cuando no se tiene acceso al dispositivo.

- Dificultad para permanecer desconectado durante periodos breves de tiempo.

- Pérdida de la noción del tiempo navegando por redes sociales.

- Si aparece un impacto negativo sobre el descanso, las relaciones personales o las actividades cotidianas.

Una de las señales que más nos preocupa es la incapacidad para tolerar el aburrimiento. Hemos llenado cualquier momento de espera, silencio o inactividad con estímulos digitales. Cada vez cuesta más simplemente estar, pensar o descansar sin recurrir a una pantalla, afirma Luis García Alonso, de la Clínica López Ibor.

Dejar el uso continuo del móvil o de cualquier pantalla ayuda a que seamos capaces de tolerar nuevos espacios sin hiperestimulación. Esto ayuda a recalibrar nuestro sistema de recompensa. Si acostumbramos al cerebro a recibir dopamina constante a través de estímulos rápidos (notificaciones, videos cortos, scrolls infinitos), las actividades más lentas o profundas pueden volverse menos atractivas. Recuperar el aburrimiento es, en cierto modo, recuperar la capacidad de disfrutar de lo cotidiano.

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