Erling Haaland y el plan de su padre para convertirlo en golfista: Me obligó a jugar durante tres años
El Androide siempre quiso ser futbolista, pero su papá prefería que su hijo practicara un deporte sin contacto con los rivales. Las razones.
Son varios los jugadores de fútbol que eligen el golf una vez que se retiran. El Kun Agüero o Carlos Tevez son dos ejemplos cercanos. Lo poco común es que un futbolista de la talla de Erling Haaland haya sido forzado por su padre a ser golfista antes de jugar a la pelota.
Me obligó a jugar 3 años, contó el delantero del Manchester City y de la selección de Noruega con una sonrisa. Pero no por lo anecdótico deja de ser un hecho concreto: su padre Alf-Inge Haaland tenía el plan para convertirlo en golfista, básicamente porque no estaba tan de acuerdo con que su hijo fuera futbolista.
La decisión parece, como mínimo, curiosa ante las enormes condiciones que Erling mostró desde chico. Sin embargo, los más de 20 años de carrera de Alf-Inge Haaland (con paso por la Premier League y por la selección de Noruega) no le habían dejado una buena experiencia del mundo del fútbol.
Erling nació el 21 de julio de 2000 en Leeds, Inglaterra, cuando su padre jugaba en el Leeds United y estaba a poco de ser transferido al Manchester City. Pero no todo fue felicidad para Haaland padre en el fútbol, ya que menos de un año después del nacimiento de su hijo sufrió una traumática lesión, provocada intencionalmente por un rival, que lo puso al borde del retiro.
Ese hecho lo golpeó tanto que buscó proteger a Erling. Entre los 10 y los 13 años le inculcó la práctica del golf, un deporte sin contacto y menos riesgoso que el fútbol. Pero tapar el sol con la mano fue imposible: su hijo crecía físicamente a pasos acelerados y sus tremendas condiciones con la pelota dejaban en claro cuál era el camino que realmente lo apasionaba.
Erling Haaland y el plan del padre para convertirlo en golfista: una crianza a fuerza de carácter competitivo y resiliencia
El Androide, quien a pesar de ser inglés de nacimiento optó por representar a Noruega en honor a sus orígenes paternos y maternos, era todavía un bebé cuando Roy Keene, capitán e ídolo del Manchester United, le rompió la rodilla de un planchazo a su padre.
Si la venganza es un plato que se sirve frío, el irlandés lo degustó casi helado, porque esperó cuatro años para consumarla. ¿Qué había pasado antes? En agosto de 1997, en un partido entre Leeds y el Manchester United, Alf-Inge desestabilizó a Keene en un cruce y éste, solo, se rompió los ligamentos. Pero lo que el irlandés nunca perdonó fue que Haaland le reclamase que se levantara al pensar que estaba simulando.
Con los años, aquel episodio quedó grabado como una de las patadas más recordadas de la Premier League. Para Alf-Inge, las consecuencias fueron serias: aunque intentó continuar su carrera, nunca volvió a estar al 100% y las secuelas de aquella lesión lo acompañaron hasta el final de su carrera.
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En ese contexto creció Erling: mientras él quería ser como su padre, su padre intentaba alejarlo de un ambiente que conocía demasiado bien. Por eso buscó orientarlo hacia el golf, un deporte que exige concentración, temple y precisión, pero que no expone al cuerpo al riesgo constante del fútbol.
Por supuesto, no lo consiguió. Alf-Inge terminó aceptando -y disfrutando- la decisión de su hijo de jugar al fútbol. Si bien no logró convertirlo en golfista, tal vez sí lo ayudó con una parte importante de su formación.
En cierto modo, podrían adjudicársele al golf algunos conceptos que Erling maneja a la perfeccción, como la concentración, paciencia y la frialdad para resolver bajo presión. Más que moldear solamente a un goleador demoledor, aquella etapa ayudó a formar a un deportista de elite que es la gran figura de Noruega en el Mundial, con cinco goles convertidos en tres partidos jugados.