El barrio de las manzanas tallarín y más vecinos en alerta por proyectos inmobiliarios y construcción en altura
Aunque está lejos de las áreas más comerciales, también hay proyectos cuestionados. El proyecto que presentaron en la Legislatura.
Tallarín. Así se llaman las manzanas atípicas que caracterizan a una de las zonas residenciales más bonitas de Buenos Aires: Barrio Naón, en Mataderos. Para muchos, uno de los secretos mejor guardados de la Ciudad. Aquí las manzanas tallarín conforman la identidad de este entramado urbano de casas bajas que ahora mismo tiene a las familias vecinas en alerta. Como ocurre desde hace años en los barrios de la franja norte, los desarrollos inmobiliarios y la construcción en altura asedian también al oeste.
Porque serán muy curiosas y de rasgos únicos, pero estas manzanas finitas fueron alcanzadas también por el famoso "CUr versión 2018".
Ese año, en la Legislatura porteña, se votó un nuevo Código Urbanístico que, básicamente, generó cuatro grandes cambios en la Ciudad: el aumento de la densidad constructiva; el completamiento de tejido, o enrase (igualar las nuevas construcciones con las existentes, hacia arriba); avance de obra hacia el corazón de las manzanas; y mixtura de usos (por ejemplo, gastronomía o depósitos en donde antes no estaba permitido). Esto impactó sobre todo en los barrios de casas bajas.
El nuevo CUr fue tan disruptivo que los vecinos y vecinas se organizaron para frenar estos cambios. Tres zonas lo lograron en la Legislatura: Bajo Belgrano, Altos de Nuñez y Barrio River. Hasta que en 2024, como las protestas alcanzaron a decenas de barrios -desde Villa Ortúzar, hasta Chacarita, Colegiales, Villa Crespo, Villa Urquiza, Saavedra, Colegiales y un largo etc.-, y estaba prevista una revisión por ley, el Ejecutivo porteño se vio obligado a introducir cambios y limitar alturas.
Pero entre 2018 y los cambios recientes, los desarrolladores no sólo construyeron los edificios que se ven hoy en el barrio, sino que tienen permisos otorgados con el "viejo CUr".
En el Barrio Naón, el rastro de los edificios entre medianeras, se ve a cada paso, casi en cada cuadra. Justo cruzando frente a una obra en construcción, un vecino charla con Clarín y cuenta cuáles fueron los cambios que más lo impactaron: "Algo en lo que jamás había pensado, el asoleamiento. Los nuevos edificios proyectan una sombra que generan frío y humedad. Ensombrecen, un poco me deprime la situación. También me empezó a preocupar la recolección de residuos y los ruidos de las obras, años y años de ruidos" enumera Héctor. Nació en el barrio y tiene 77 años.
Para ser más precisos, justo en la esquina de Zelada y José León Suárez, en donde Héctor comparte su mirada sobre los cambios, hay tres edificios pegados: uno sobre Zelada, el otro sobre Suárez y el de la ochava. Y ahi nomás, a menos de 50 metros, otro más. Así está el barrio.
"Mi casa tiene un patio trasero chico porque esta manzana tiene parcelas cortitas. El edificio que construyeron del otro lado de la manzana está pegado a mi patio, con ventanales y balcones que se nos vienen encima. Los funcionarios que permitieron esto y los legisladores que votaron estos cambios no tienen idea de cómo viven las familias en los barrios de casas bajas; y tampoco les interesó conocer nuestra opinión", se lamentó Héctor.
¿Cómo es el barrio en el que vive Héctor? Unico, por eso está considerado como una joya oculta de la Ciudad: está delimitado por las avenidas General Paz, Emilio Castro, Carhué y Alberdi (donde se ve la mayor concentración de manzanas tallarín). Y conserva aún muchos chalets pintoresquista del primer peronismo; casitas a dos aguas, con tejas rojas, pequeños jardines delanteros y porche. Las conocen también como estilo "californiano".
La traza de manzanas alargadas y parcelas pequeñas fue planeada en la década del 40. Conviven con casas de dos plantas, muchas de las décadas de los 80 y 90. Algunas, sobre todo las ubicadas sobre calle Ulrico Schmidl, caserones. También hay casas que fueron modernizadas en los últimos años; con un estilo más neto, menos ampuloso.
Hay dos versiones sobre su nombre del barrio, vinculadas a la misma familia y a dos hombres llamados Luis: una versión cuenta que el barrio fue bautizado en honor al padre Luis Naón, un sacerdote italiano, llegado a Mataderos a principios del 1900. Fue una figura con un importante rol social entre las familias obreras de la zona. Además colocó la piedra fundamental de la Parroquia San Vicente de Paul (en la calle Manuel Artigas).
La otra versión hace referencia al Luis Naón que fue tío del sacerdote: era un terrateniente, propietario de estas tierras. Es así que habría recibido el nombre simplemente por tratarse de "las tierras de Naón".
A su estética única, el barrio le suma una curiosidad increíble: sus palmeras. Algunas muy frondosas y altas, lo que denotan su antigüedad. Otras, más jóvenes y chiquitas, lo que marca que los vecinos sostienen la tradición y continúan colocándolas.
¿Cuál es el origen de estas alineaciones? Las primeras se habrían plantado ya en el inicio de la urbanización. Hay una importante alienación en el eje de Ulrico Schmidl y General Paz. Desde este punto se tiene una vista muy llamativa, no sólo de las palmeras sino también de las casonas que dan sobre esta calle y las veredas, muy amplias.
Tiene una estética tan particular que se ha utilizado esta ubicación como set de series, películas y producciones de fotos y videos. Posiblemente sea la zona de la Ciudad con mayor concentración de palmeras, incluso superando al Parque 3 de Febrero, en Palermo.
Todo esto conforma el conjunto que hace único al barrio. Por eso la preocupación fue ganando el ánimo vecinal; desde hace años están organizados, visibilizando la situación -en Instagram @colectivobarrionaon- y ya con un proyecto de ley en la Legislatura porteña. Además, organizan charlas en los colegios y están convocando a diseñar el escudo del barrio.
Luciana y Claudia son dos vecinas que a estas alturas ya se convirtieron en expertas en normativas, en alturas y edificabilidad. Le cuentan a Clarín que la zona está en jaque desde antes del cambio de normativa: "Ya en 2017 los gobiernos de Nación y Ciudad impulsaron una rezonificación sobre tierras de Vialidad Nacional y Flota Automotor (N. de R.: sobre General Paz) para construir torres de 75 metros de altura. Pretendían vender esos lotes para financiar obras de infraestructura. Acá nace la primer lucha vecinal", recuerdan.
Lo que pasó desde 2018 en adelante (con el nuevo CUr y el avance de las obras) es que el barrio comenzó a verse impactado por la "heterogeneidad morfológica debido a los cambios de normativa, un impacto muy negativo", explica
¿Un ejemplo de esto? La obra que comenzó a materializarse en Ercilla 7653, un edificio de 14 pisos con gimnasio, pileta, SUM y otros amenities. La parcela en la que hubo una casa ahora tendrá 40 departamentos y 8 cocheras, según la información publicada por la propia desarrolladora. "Cuando detectamos el proyecto y lo que se venía, se reactivaron los grupos de Whatsapp, las redes sociales, fuimos a pedir entrevistas con legisladores y además recurrimos a la Justicia", explican.
Con un proyecto de ley específico para el barrio, en junio se presentaron en la Comisión de Planeamiento Urbano. La propuesta vecinal busca que se identifiquen dos sectores: un Sector A, que proteja las famosas manzanas tallarín, y en donde se defina una "Urbanización Determinada", la U90 - Barrio Naón. Y un Sector B, al que se considere "Entorno Barrio Naón".
En el primero, que se resguarde la escala y la fisonomía del barrio, con hasta 9 metros de altura máxima; en el segundo, al contar con parcelas más amplias, permitir hasta 12 metros de alto, sobre todo en el contorno que da hacia las avenidas.
Los reclamos están en marcha. Como ocurrió en 2024, cuando el Ejecutivo envío el proyecto de ley para modificar la normativa y limitar alturas, esperan ser escuchados como vecinos y residentes de este rincón único de la Ciudad.
SC
Sobre la firma
Newsletter Clarín