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Provinciales
Clarin 05/07/2026 07:37 12 min de lectura

Gabriel Rolón, en el escenario: cómo hace del psicoanálisis un espectáculo y por qué es un boom teatral

Es rey en el algoritmo, con videos hipervirales y un espectáculo con casi medio millón de espectadores...¿Qué tiene este psicoanalista que logra que sus libros se vendan como agua?

Gabriel Rolón, en el escenario: cómo hace del psicoanálisis un espectáculo y por qué es un boom teatral
Foto: Clarin

-Tengo un revólver en la mano-, dice un paciente desesperado en el contestador de su psicoanalista.

El paciente es "de mentira", el contestador también, lo que no es falso es el psicólogo. Gabriel Rolón propone esa escena en el comienzo de la obra Palabra plena para hablar también de él, del tipo que doma o espanta fantasmas ajenos, mientras intenta exorcizar los propios.

Avisa que no está en tierra neutral, que algo de la geografía de la función teatral de esta noche le atraviesa la médula. Cierra los ojos, abre los brazos desde el escenario en un gesto de querer estrujar al inquilino de cada butaca, y cuenta lo que la mayoría de los presentes ya sabe: que esta presentación es su vuelta a La Matanza.

El municipio más poblado de la provincia alberga en Laferrere la casilla en la que se crio y en la que venció los peores pronósticos de una cardiopatía congénita.

-¿Por qué vienen a verlo?-, pregunta un aspirante a influencer que lo filma todo con su versátil Iphone.

-Porque es traductor-, lanza un marido iluminado, que tiene que explicar el chiste de que Rolón no traduce inglés, japonés ni húngaro, sino que traduce a Sigmund Freud, a Jacques Lacan...

Ahí está en el Teatro de la Universidad de La Matanza el hijo del albañil que leía a Tolstoi y de la ama de casa que lo alentó a dejar Ciencias Económicas. El espectáculo cumple cuatro años y gira por Argentina con casi medio millón de espectadores desde entonces. Esa suerte de "charla Ted" con elementos de ficción es uno de los trabajos de este psicólogo-escritor multitasking.

Su decir suave, de inflexiones estudiadas, parece ser de los preferidos para el algoritmo. Alcanza con entrar a Instagram, Tik Tok, Facebook o X (ex Twitter), y ahí anda Rolón centuplicado en recortes, con frases del estilo "en un mundo en blanco y negro los que amamos nos llenan de color", o "siempre que tengas una ilusión preparate para la desilusión", o "la herida narcisista que implica ser humano no sana nunca", o "el enamorado siempre pierde".

El aluvión de likes también tiene su contracara. Algunos haters lo acusan de "la disneylización del psicoanálisis", y un par de colegas lo señalan por "bajar o reducir" la ciencia que estudia la mente y el comportamiento humano a un nivel que no necesitan las masas que jamás pisaron un consultorio.

Gabriel Felipe prefiere esquivar la polémica, eludir el terreno de la controversia y focalizarse en ese modo voz tenue y su calma administrada. Como si hubiera estudiado con Alfredo Alcón, sabe la importancia de la pausa en cuotas, de que las frases respiren. En sus columnas en Perros de la calle (por FM Urbana Play), lleva al oyente despacito y con nostalgia por una calle de ideas simples. Le dice que "la súplica no atrae", que "el humillado no es deseable", o que "un buen amor lastima en el límite de lo soportable".

Hay algo pastoral en su tono. En una época de streaming o TV saturados de gritos, de fricción y de opiniones instantáneas, la mercancía de Rolón es el susurro. Eso podría llegar a explicar las razones del encantamiento de las masas, aunque más que a él, habría que analizar al momento y a la muchedumbre, preguntarse por qué se genera esa adhesión social, qué está necesitando el argentino de él. En definitiva, Rolón es el síntoma.

En el país de los 222 psicólogos por cada 100.000 habitantes -según un informe de 2016 de la Organización Mundial de la Salud-, el entorno de Rolón contabiliza más de 2 millones de libros vendidos...

"Yo noto conmiseración, sentimiento de compasión, misericordia en lo que hace, en hacerse cargo del novelón del mal ajeno", comparte Alejandro Dolina, amigo e impulsor en los noventa, en el mítico ciclo radial La venganza será terrible. "Ya en La venganza él tenía esa forma de usar la voz pausada, de no enojarse, ni levantar el tono ni siquiera en forma actoral. El mero ejercicio de la improvisación durante tanto tiempo lo va haciendo a uno ducho en el pensamiento repentino y la invención, y eso le pasó a él. Es un buen pensador".

Tendrá que agradecer al locutor y periodista Guillermo Stronati el lugar que se le abrió "accidentalmente" en los medios. Cuenta Dolina que conoció a Rolón hace unos 30 años, cuando era guitarrista de Hernán Salinas y estudiaba psicología.

En una de esas volteretas raras del destino, en Mar del Plata, a donde estaban tanto Dolina como Rolón, una de las voces entonces de La venganza será terrible, Stronati, se enfermó, y Dolina decidió convocar al amigo Gabriel con su guitarra para sentirse menos solo. Esa participación "de emergencia" terminó en 14 años de presencia en el mítico ciclo.

"Es una casualidad. No me debe nada", se ríe Dolina, que está cumpliendo 41 años con La venganza... "Él no se quedó con lo que pasaba en el programa y empezó a plantearse su propio universo artístico, que tenía que ver con su formación como terapeuta y sus inquietudes. El Rolón de La venganza no es el mismo de hoy, en aquel momento formaba parte de un trío conspiratorio y su rol era la voz de la razón. Lo vi crecer y comprobé las virtudes que ahora se le hacen patentes a todos. Forjó su propia personalidad artística. Es un tipo que ha llegado lejos".

La herida de Rolón

Un gran cuentacuentos que sabe hilar microcuentos de su propia biografía. Será por eso que fue invitado de uno de los grandes bancos que pagan a personas influyentes para que se siente con público a responder preguntas.

Una de esas charlas con fondo azul está disponible en Youtube y funciona como un fresco podcast para esos días de introspección. "Tal vez no debería estar aquí, porque cuando nací a mi madre le dijeron que yo iba a tener siete días de vida", arranca al hueso.

La historia de cómo el pronóstico cardiológico de siete días se extendió a siete meses y después a siete años es un dato que el psicólogo usa recurrentemente para contar su "empecinamiento con la vida", su temprana consciencia del final y su énfasis para aprovechar "lo que está en en el medio".

El camino a la psicología llegó casi a los 30 para este técnico en mantenimiento de la cordura que con la mayoría de edad planeó ser profesor de matemática y luego contador, pero cuyo sueño principal era la música. En una casa en la que los discos de todo tipo de intérprete giraban sin cesar, quiso ser pianista, pero un día su padre llegó de la obra en construcción con una guitarra usada y cambió los planes.

"Él había escuchado mi deseo, pero un piano era inaccesible, estaba en casa de los ricos", contó a Clarín alguna vez.

Elizabeth "La Negra" Vernaci lo conoció vía Dolina hace cuatro décadas. La invitación a su ciclo Puerta marcada, en FM Horizonte, en los noventa, le posibilitó al psicoanalista hacer sus primeras armas como columnista. Lo que en principio se pensó como una tímida intervención, terminó siendo una labor permanente, al punto de que pasaron la década de trabajo juntos (luego en Tarde negra, Rock & Pop): "Era uno de los mejores bloques, porque la gente necesita que alguien le explique la psicología desde un lugar fácil. Es único, cuando lo intenté con otros, no hubo manera. Siempre hay algo de la sabiduría que los psicólogos quieren mostrar, y entonces no sale algo de la verdad que Gaby saca a flote. Es un excelente orador".

"Lo caracteriza un montón saber qué lugar ocupa. Cuando trabajaba con El Negro, nunca quiso opacarlo, si bien tenía cómo y si bien el Negro es inopacable... Es un tipo con mucha calidez y calidad de gente. No se le ven segundas intenciones", subraya Vernaci.

Bisnieto de una indígena llamada Modesta, Rolón suele usar la historia de sus antepasados para explicar cómo el árbol genealógico determina formas de estar en el mundo en las siguientes generaciones. "Hijo, vos no, vos siempre educado y modesto, me decía mi madre cuando quería salir a hacer lío con mis amigos del barrio. Mo-des-to", resalta en ese parlamento con el que mantiene a la platea conectada durante una hora y media.

El hombre que vive de la charla se resiste cada vez más a las entrevistas. Verlo en una función en gira permite entender mejor su mecanismo. Rolón no juega a psicoanalizar a espectadores, sino que "encarna" al psicólogo de un ex combatiente de Malvinas y termina desnudando su propia herida, autoanalizándose, contando cómo las ramas de ese clan lo definen.

"Felipe, el hijo de la 'india', mi abuelo, trabajaba en los maizales y caía rendido. Una vez se rebeló, hizo huelga antes del derecho a huelga. Con ese hecho ganó de alguna forma un título de 'nobleza', le empezaron a llamar Don Felipe. Es un faro y es como un fantasma que me recorre", se emociona en escena, tanto que parece que va a llorar. "¿Mi segundo nombre? Felipe"....

En un país en el que su gente discute fundamentalmente de fútbol, política y economía, aparece en escena este especialista en nudos, de traje oscuro y frases claras, y logra que millones discutan sobre el inconsciente. Usa un diván, un escritorio y una silla, y habla de la era de la desmesura, del engaño de la "manifestación" y de los gurúes que culpabilizan al que fracasa por no haber "manifestado" bien el propósito.

El mago de los miércoles

¿Será costoso analizarse con él? ¿Alguien sabe si sigue tomando pacientes? ¿Alguien puede orientarme si hay posibilidad de entrar en una lista de espera? ¿Será igual de cálido en la charla tête-à-tête? Algunos de los mensajes del millón y medio de seguidores en Facebook tienen ese tono de curiosidad de quien busca ser su paciente. Pero G.R. ya no toma pacientes nuevos.

Al comienzo tuvo su consultorio en el barrio de Once. Ahora lo tiene en Las Cañitas, pero el grupo al que atiende es reducidísimo, ya no incorpora casos nuevos por cuestiones lógicas de pluriempleo. Cuenta alguien de su entorno que la sala en la que recolecta traumas ajenos y hace "alineación y balanceo de patitos" es parecida a "un hotel boutique", con una enorme biblioteca en cuyos estantes no reinan los libros, sino los objetos abstractos de decoración moderna.

Tiene un límite moral. "Escucho a un abusador y tengo ganas de denunciarlo, no de escucharlo y contenerlo", dijo al diario español El País. "Justamente, si algo debe conocer un analista son sus límites. No voy a poder ayudar a esa persona, porque es más lo que me enoja y angustia".

"Se le recriminó farandulizar el psicoanálisis, se le ha objetado una ruptura del acuerdo tácito entre analista y paciente", lo interrogó el Licenciado en Sociología y periodista argentino Martín Sivak. "Los casos sobre los que escribí están totalmente consensuados con los pacientes. Los leyeron antes de ser publicados y están totalmente disimulados. Todos nos hemos formado leyendo los casos clínicos de Freud: Dora, del hombre de las ratas, del hombre de los lobos", respondió.

Hay un día a la semana en que Rolón logra el milagro de que en el estudio de Urbana Play (FM 104.3) no vuele una mosca. Pablo Zuca, gerente artístico, cuenta que "los miércoles a la mañana se convirtieron en los momentos más esperados por los oyentes de todas las generaciones". Gabriel lanza conceptos que parecen clickbait ("te seguís peleando con tu ex porque no querés terminar el vínculo") y va a fondo con las explicaciones.

"Tiene el don de la palabra, el tono, el tempo y el mensaje, y logra que nadie quede afuera. Andy Kusnetzoff (Perros de la calle) lo lleva por temas más allá de lo superficial y Gabriel recupera la intimidad con el oyente", aporta Zuca.

Si alguno de los invitados al ciclo radial lo cruza en busca de fórmulas baratas de felicidad, es probable que el nieto de Don Felipe le pare el carro: "El psicoanálisis es algo que no busca necesariamente el bienestar, sino la verdad. El paciente tendrá que trabajar para poder tener un bienestar en la verdad que él lleva".

"¿Quién lo psicoanalizará a él?, se pregunta una espectadora que le tira besos desde la platea matancera, ahora que Rolón parece al borde del llanto, como desestabilizado por lo que acaba de recibir y de entregar.

Y uno se va de su obra con la sensación de que a contramano del "pare de sufrir", Rolón da permiso para sufrir. Que a la edad en que los hombres se jubilan (el 1 de noviembre cumplirá 65) es un antónimo de esos "líderes de algoritmo" que hablan de soltar con la "a" prolongada. Él propone algo más sensato y adulto, pararse en lo que duele, habitarlo y entenderlo.

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