Santilli y 13 gobernadores: una foto elocuente sobre la nueva etapa de Milei
Al asumir como Jefe de Gabinete, El Colorado armó una fiesta acorde a su estilo: la presencia de mandatarios en la Rosada fue su mejor expresión y transmitió varios mensajes sugerentes sobre quiénes tienen más poder desde ahora y cómo aspiran a e
Rara vez se confirma eso de que una imagen vale más que mil palabras, y más todavía en política, donde las palabras valen mucho.
Pero hay excepciones, y la del lunes pasado fue sin duda una de ellas.
Ese día circularon muchas imágenes llamativas de la asunción de Diego Santilli como jefe de Gabinete: la del abrazo del trío los panchos, Milei, Adorni y el propio Santilli, que debe haber estado muy incómodo en esa escena, fue una. Otra fue la de Adrián Ravier dando su primera conferencia de prensa y metiendo la pata por primera vez (con eso de que quienes no puedan pagar el gas mejor que se abriguen), lo que probó que la torpeza oficial no se extinguió con Adorni.
Pero una foto destacó sobre todas las demás: la que se tomó Santilli con su mujer a un lado y rodeado por una decena de gobernadores, de lo más variopintos y sonrientes.
Había ya un mundo de diferencia entre las imágenes de la asunción del Colorado, y la que eternizara seis meses atrás a Adorni en la cúspide de su breve y muy redituable carrera política, cuando asumió su último, esperemos en serio que último, cargo público: entonces hubo solo una foto de familia, la de los hermanos Milei con su hijo dilecto, más algunos otros retoños portadores del mismo ADN; ahora hubo fotos de todas las familias políticas del país, la libertaria, la peronista, la del PRO, la radical, y también de todas mezcladas, en abrazos y sonrisas de todos contra todos.
Aunque de entre todas estas imágenes novedosas, la que más destacó fue aquella. Primero, porque retrata, como dijimos, a mandatarios de todas las fuerzas; y segundo, porque quien oficia en ella de anfitrión y centro de atención es Santilli, para más enjundia, son Santilli y su mujer, como nueva pareja estelar, y Milei no aparece.
Aclaremos que el presidente ya había logrado ubicarse en el centro de retratos similares del poder, incluso con más participantes, en otras ocasiones: al momento de firmar el Pacto de Mayo, o tras su victoria en las legislativas del año pasado. Pero no deja de ser llamativo que quien ahora ocupa su lugar es el nuevo gerente de la administración y gerente de la coalición de apoyo.
¿Por qué lo habrá permitido, y justo en el acto de resignación más significativo que se ve obligado a emprender desde su asunción, cuando está entregando a su retoño preferido para que lo devoren las fieras, y coronar en su lugar a un adoptado, de dudoso linaje y aún más dudosas lealtades? Y tal vez más importante que todo lo anterior: ¿habrá consultado Santilli al presidente antes de tomarse esa fotografía, o se mandó y la hizo?
¿Y qué habrán querido decirnos los gobernadores al aceptar fotografiarse en esa pose tan simpática y familiar; sobre todo aquellos que, como Martín Llaryora, fueron muy criticados ya solo por ir ese día a la Rosada?
Leé también: Diego Santilli enfrenta su primer desafío en el Congreso: reunir los votos para eliminar las PASO
Uno de los mensajes de los mandatarios provinciales que puede desprenderse de la imagen en cuestión sería que Santilli es su hombre en la Rosada, no solo un instrumento del presidente frente a ellos, sino también un recurso con el que ahora ellos cuentan, o esperan contar, para pesar más en las decisiones del presidente.
Porque todos los que ahí aparecen rodeando al nuevo ministro coordinador aspiran a ser parte del éxito, si es que hay éxito que compartir, del programa de estabilización y reformas, y seguir integrando el círculo áulico y más estable del poder, si se puede evitar una nueva crisis y otra vuelta de campana en el sistema político.
Para esos gobernadores sacarse esta foto fue como decir: Acá estamos, queremos colaborar en tu éxito y la continuidad de tu programa, incluso con tu reelección, pero lo haremos solo si te sentás, por interpósita persona aunque sea, en esta mesa.
Razón por la cual se entiende también que Milei no haya querido compartir la escena, si es que se lo pidieron: debió ser, para sus sueños no del todo resignados de gobernar en soledad y con máxima autonomía, pedirle demasiado.
Aunque si fue así, también se puede entender ahora todo lo que el presidente pierde cuando cede tanto protagonismo a Santilli, por renuencia a compartir escenario con otros actores: si la fotografía en cuestión resume a la tripulación del poder permanente, porque están allí los protagonistas centrales de la nueva política, ¿será que él se está quedando afuera, porque sigue siendo, frente al sistema, una golondrina que no hace verano, que pasado su estrellato no va a dejar demasiado rastro?
Tal vez le hubiera convenido dejarse de embromar con su fantasía de no ser un político como los demás, y demostrar que había entendido plenamente lo que la caída de Adorni acarreó para su proyecto. De haberse prestado sin reticencias a este nuevo juego hubiera estado más en línea con lo que hicieron Menem o Kirchner en situaciones semejantes, mostrando estar suficientemente seguro de su rol y su poder, para no temer que alguien se lo arrebatara por el simple subterfugio de un flash.
Pero eso sería pedirle peras al olmo. Milei no puede advertir lo que sacrifica al actuar aún como un out sider, porque para un hombre tan excepcional como él resulta inaceptable contaminarse con cualquier virus de normalidad que ande dando vuelta por ahí: aunque al actuar así se vuelve más y no menos dependiente de la ayuda de otros, y acelera su vuelta al llano, no la evita (aún en el caso de que consiga la reelección), cree firmemente estar haciendo lo contrario.