Del penal del Mundial a una entrevista de trabajo: qué hacen los deportistas para rendir bajo presión y cómo aplicar esas técnicas en la vida cotidiana
Mientras millones de personas viven con intensidad cada partido del Mundial, especialistas explican qué ocurre en el cerebro cuando la presión alcanza su punto máximo. Las herramientas que utilizan los atletas de élite para administrar la ansiedad ta
Un estadio repleto, millones de personas frente al televisor y apenas unos segundos para definir un partido de fútbol. La imagen de un jugador caminando hacia el punto del penal es siempre una postal emblemática, sobre todo en el Mundial. Pero detrás de ese momento no solo hay talento, entrenamiento o precisión técnica. También hay un cerebro intentando administrar una enorme carga de presión.
La pregunta surge de manera inevitable: ¿cómo hacen los futbolistas para ejecutar un penal cuando saben que un país entero los está mirando? Y, sobre todo, ¿qué pueden aprender quienes enfrentan desafíos mucho más cotidianos, como un examen, una entrevista laboral o una presentación en el trabajo?
Los especialistas coinciden en un punto central: la clave no está en eliminar los nervios, sino en aprender a funcionar a pesar de ellos.
El psicólogo social y coach deportivo Guillermo Miguenz explica que existe un error frecuente: creer que el problema es sentir ansiedad. Todos los jugadores tienen ansiedad, absolutamente todos. Ese nerviosismo está siempre porque se trata de alto rendimiento. Lo importante es que esa emoción no impida la ejecución, señaló en diálogo con TN.
En realidad, el verdadero enemigo suele ser otro: la sobrecarga de pensamientos. Patear un penal es una ejecución motora que un futbolista viene entrenando desde que es chico. Es un movimiento automatizado. El problema aparece cuando empieza a pensar demasiado cómo hacerlo. Una ejecución inconsciente queda obturada por una cadena de pensamientos, explicó Miguenz.
Ese mecanismo, asegura, no es exclusivo del deporte. También aparece cuando una persona estudió durante semanas para un examen y, frente a la hoja en blanco, siente que olvidó todo; o cuando alguien preparó una presentación y, al comenzar a hablar, las palabras parecen desaparecer.
Lo que interrumpe el rendimiento es el rumiar, esa cadena de pensamientos que aparece intentando controlar lo que ya sabemos hacer", afirmó el especialista.
Para reducir esa interferencia mental, los deportistas recurren a herramientas sencillas, pero entrenadas de manera sistemática.
La neuropsicóloga Karina Carreño explica que estas estrategias tienen un respaldo científico: Los grandes deportistas trabajan con respiración consciente para regular el estrés, visualización mental para preparar el cerebro antes de competir, rutinas precompetitivas que les dan sensación de control y técnicas de atención plena para mantenerse enfocados en el presente".
Además, entrenan algo menos visible, pero igual de importante: el diálogo interno. Reemplazan pensamientos como no puedo fallar por mensajes que favorecen el rendimiento. Hoy sabemos que la fortaleza mental también se entrena, sostuvo.
Detrás de un deportista de élite existe, además, un trabajo interdisciplinario que muchas veces pasa inadvertido. Psicólogos deportivos, terapeutas, coaches, nutricionistas y preparadores físicos trabajan sobre habilidades como la regulación emocional, la tolerancia a la frustración, la concentración y la recuperación después del error.
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Carreño advierte que ese acceso al entrenamiento psicológico marca una diferencia importante con la vida cotidiana. Mientras el alto rendimiento incorpora el entrenamiento mental como una inversión indispensable, para gran parte de la población el cuidado de la salud mental sigue siendo un privilegio más que un derecho, planteó.
Desde la neurociencia también existe una explicación para entender qué sucede en esos instantes de máxima exigencia. El neurólogo Alejandro Andersson señala que, bajo presión extrema, el cerebro entra en un estado de máxima activación. "No son solamente nervios. Se activan sistemas de alerta, atención, emoción, memoria motora y control ejecutivo", explicó.
En ese proceso intervienen distintas regiones cerebrales. La amígdala detecta el peligro y dispara la respuesta emocional; la corteza prefrontal participa en la toma de decisiones y el control de los impulsos; mientras que los ganglios basales y el cerebelo permiten ejecutar movimientos que fueron aprendidos y automatizados durante años de entrenamiento.
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El estrés, aclara Andersson, no siempre juega en contra. Un nivel moderado de activación puede mejorar el rendimiento. Aumenta la concentración, la velocidad de reacción y la capacidad de enfocarse en lo importante. Ese es el estado ideal del deportista: activado, atento, intenso, pero todavía con control, describió.
También influye la forma en que cada persona interpreta la situación. Para algunos, el penal representa un desafío; para otros, una amenaza. Esa diferencia modifica la respuesta cerebral. El mismo estrés puede potenciar o bloquear según cómo el cerebro procese la experiencia", señaló el experto.
La buena noticia es que las mismas herramientas utilizadas en el deporte pueden trasladarse a cualquier situación de la vida diaria.
Antes de una entrevista de trabajo, una exposición oral o una conversación difícil, Carreño recomienda tres pasos simples: respirar lentamente durante uno o dos minutos, visualizar cómo se quiere afrontar la situación y concentrarse únicamente en aquello que depende de uno.
Cuando dejamos de pensar en el resultado y ponemos el foco en la tarea, disminuye la ansiedad y mejora el rendimiento. Es exactamente el mismo principio que utilizan los deportistas de élite", aseguró la especialista.
Miguenz aporta otro dato que ayuda a poner las expectativas en perspectiva: distintos estudios muestran que entre el 90% y el 95% de los deportistas rinden mejor en los entrenamientos que en la competencia. No porque les falte capacidad, sino porque ninguna práctica logra reproducir completamente el contexto emocional de un partido decisivo.
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Un examen importante, una entrevista laboral o un penal en un Mundial tienen algo en común: el contexto modifica la experiencia.
Quizás por eso la enseñanza más valiosa del deporte no sea aprender a dejar de sentir miedo. La verdadera diferencia está en comprender que los nervios no son un obstáculo en sí mismos. Son la señal de que lo que está por ocurrir importa. Y, cuando el entrenamiento acompaña, esa misma activación puede convertirse en concentración, claridad y confianza para dar el siguiente paso.