Ingeniería electoral 2027: El posible regreso de las colectoras tensiona la alianza oficialista y reabre viejas contradicciones - Cadena Entrerriana 96.5MHz LRS 798
La Casa Rosada ha decidido acelerar a fondo en el rediseño del tablero electoral de cara a las elecciones legislativas y ejecutivas de 2027. Bajo la conducción estratégica de Karina Milei y la flamante gestión operativa del jefe de Gabinete, Diego Sa
listas colectoras como moneda de cambio para suspender o eliminar definitivamente las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
La iniciativa, sin embargo, se mueve todavía en el terreno de las especulaciones aéreas. En los despachos parlamentarios de La Libertad Avanza reconocen la existencia de «bocetos», pero ningún aliado o interlocutor de la oposición dialoguista ha visto un borrador concreto que precise cómo conviviría el sistema de colectoras con la recientemente sancionada Boleta Única de Papel (BUP).
La encrucijada de los gobernadores aliados: El antecedente de Rogelio Frigerio
El incentivo que el Gobierno nacional ofrece a los gobernadores del PRO y de la Unión Cívica Radical es potente: permitirles competir en sus provincias con listas locales propias (a diputados nacionales o gobernaciones) pero «colgados» del tramo presidencial de Javier Milei. Esto garantizaría un piso de votos crucial para la reelección de los mandatarios provinciales sin la necesidad de huir hacia el desdoblamiento electoral.
Sin embargo, el pragmatismo del presente choca de frente con el archivo histórico de sus protagonistas. El caso más paradigmático es el del gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio. En los pasillos de Balcarce 50 afirman que el entrerriano es uno de los pocos mandatarios que «sabe y comprende» la letra chica del plan oficialista debido a su estrecha sintonía con Diego Santilli.
No obstante, la contradicción política es elocuente: como Ministro del Interior del gobierno de Mauricio Macri, fue el propio Frigerio quien ideó y firmó el decreto que prohibió las listas colectoras, un mecanismo que el macrismo entonces tildaba de «artimaña de la vieja política» destinada a distorsionar la voluntad del electorado. Hoy, el tablero de supervivencia política obliga a revisar aquellos dogmas: la colectora surge como la única vía para que el PRO subsista territorialmente frente a la voracidad de la estructura libertaria.
Un escenario de votos ajustados y resistencias
La reforma política no será un trámite sencillo en el Congreso. Al tratarse de una modificación de carácter electoral, requiere de una mayoría absoluta (129 votos en Diputados y 37 en el Senado). La fragilidad del consenso libertario quedó expuesta tras el rechazo público del gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo. El mandatario tucumano, un aliado clave del Gobierno en el Parlamento, sentó posición de forma tajante: «Estamos en contra de eliminar las PASO». Sin el bloque Independencia que responde a Jaldo, las matemáticas legislativas se vuelven críticas para el Ejecutivo.
Por el lado de la oposición dura, el peronismo y el radicalismo disidente denuncian una maniobra de «sometimiento» institucional. Desde el espectro del PJ bonaerense advierten que el Gobierno busca asfixiar la resolución de su interna partidaria (hoy fragmentada entre el kicillofismo y el cristinismo). Mientras tanto, técnicos electorales advierten que una Boleta Única de Papel plagada de colectoras horizontales generaría sábanas de papel de dimensiones impracticables en distritos de alta densidad electoral como Buenos Aires o Santa Fe, dinamitando el espíritu original de transparencia y simplificación de la reforma.
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