Sudáfrica expulsa a miles de extranjeros por la ola xenófoba - Informe Digital
Más de 35.000 personas fueron repatriadas o expulsadas desde junio y miles intentaban salir este viernes.
Sudáfrica atraviesa una crisis migratoria marcada por semanas de violencia xenófoba. Más de 35.000 extranjeros fueron repatriados o expulsados desde el 7 de junio y miles más intentaban abandonar el país este viernes, según la Autoridad de Gestión de Fronteras.
La presión creció después de que grupos antimigración exigieran la salida de todos los indocumentados antes del 30 de junio. La amenaza derivó en marchas en varias ciudades, algunas con saqueos y choques que dejaron al menos cuatro muertos dos mozambiqueños, un etíope y un malauí y más de 900 detenidos, de acuerdo con la policía sudafricana.
El desborde también se sintió en los pasos fronterizos. Unas 11.000 personas aguardaban cerca de Musina para completar los trámites de salida, según el medio público SABC. Los retornos se concentran en Beitbridge, donde coordinan la Embajada zimbabuense, el gobierno sudafricano y el Departamento de Protección Civil de Zimbabue.
Solo Zimbabue contabiliza más de 56.000 retornados desde fines de mayo: 47.252 volvieron por sus propios medios y 9.221 con asistencia estatal, según Joshua Chibundu, responsable regional de Inmigración. El cruce también funciona como corredor de tránsito para ciudadanos de Malaui que deben atravesar territorio zimbabuense para llegar a destino.
En Durban, las autoridades desalojaron un refugio que llegó a albergar hasta 10.000 personas, aunque cerca de 1.000 migrantes más se presentaron allí solo durante esa jornada. Ghana, Nigeria, Uganda, Kenia, Mozambique y Malaui también organizaron repatriaciones voluntarias para sus ciudadanos.
La urgencia se refleja en testimonios concretos. Después del 30 de junio, la gente de mi barrio empezó a decir que matarían a todos los extranjeros. Pensé que tenía que irme antes de que me mataran, contó Musa Hashimi, malauí de 32 años que trabajaba en una fábrica textil. Fahida Kazembe, compatriota suya embarazada de ocho meses, también debió partir antes de lo previsto. Anoche, nuestra casera dijo que ya no podíamos seguir viviendo en su casa, relató.
La escalada llevó al presidente Cyril Ramaphosa a autorizar el despliegue de 3.405 miembros de la Fuerza de Defensa Nacional (SANDF) desde el 28 de junio, con un costo estimado de 54,6 millones de rands (3,37 millones de dólares). Los grupos antimigración prometieron continuar con marchas semanales para presionar a las autoridades.
El ministro en la Presidencia, Khumbudzo Ntshavheni, advirtió que los grupos movilizados no pueden seguir yendo puerta por puerta exigiendo documentos de identidad a ciudadanos extranjeros. El gobierno condenó los ataques, aunque sostuvo su derecho a frenar el ingreso clandestino.
Los convocantes atribuyen a los extranjeros el desempleo, las fallas en los servicios públicos y el aumento de la delincuencia, y en algunos casos les vedaron el acceso a atención médica y educación. Según científicos sociales, esas afirmaciones carecen de respaldo: la población llegada de otros países ronda los 3 millones, aproximadamente el 4% del total, según StatsSA.
La violencia xenófoba tiene antecedentes en el país. El episodio más grave ocurrió en 2008, con más de 60 muertos; en 2019 se registró otro que dejó al menos 18.
(Con información de AFP, EFE y Reuters)