Una mirada desde la alcantarilla. Camellos
Los camellos miran el suelo, hunden las pestañas ralas en los huecos. POR BELÉN ZAVALLO
Si fueran aire, los zapatos vaciarían sus bocas. Las encías permanecen mudas, aún en su condición humana. Un hambre ancestral se tensa en su cuerpo fino de navaja.
Los camellos cargan un carro de hierros enredados. Suben las calles, olfatean en la basura.
Un gesto animal duerme en su cara, alguna hiena depositó la mueca triste de su miedo.
Parpadean sangre sobre la sangre de sus ojos. Nadie sabrá nunca si vieron otros colores, si señalaron con sus dedos arcoiris.
Gaviotas y garzas no rondaron sus costas.
Los camellos miran el suelo, hunden las pestañas ralas en los huecos.
El desierto levanta cristales en sus pechos. Un tiempo fino se desplaza. Son camellos u hombres. Van por las calles despobladas. Los huesos se desarman y cabalgan el lomo blando del viento.
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