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Provinciales
TN 02/07/2026 18:15 2 min de lectura

Una chef, un sommelier, un publicista y un gastronómico crearon Casa Bogotá: "Tuvimos un sueño, pero nada se consigue sin remar"

Cuatro emprendedores recuperaron una casona histórica que estaba prácticamente en ruinas y la transformaron en un proyecto que genera trabajo, rescata patrimonio y le devuelve identidad a un barrio.

Una chef, un sommelier, un publicista y un gastronómico crearon Casa Bogotá: "Tuvimos un sueño, pero nada se consigue sin remar"
Foto: TN

Hay una palabra que aparece una y otra vez cuando uno escucha a quienes deciden emprender en la Argentina: remar.

Remar cuando las cuentas no cierran. Remar cuando aparecen los obstáculos. Remar cuando el proyecto parece demasiado grande para los recursos disponibles.

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La historia de cuatro amigos que decidieron recuperar una casona histórica de Floresta es, en realidad, la historia de miles de emprendedores argentinos que todos los días se levantan para construir algo propio.

No se trata solamente de gastronomía. Tampoco de una casa antigua. Se trata de la decisión de apostar. De asumir riesgos. De generar trabajo.

La propiedad, construida en 1914 y considerada un símbolo del barrio, llevaba años de deterioro y abandono. Muchos veían una estructura condenada al paso del tiempo. Ellos vieron una oportunidad. Son el gastronómico Alejandro Raizman, el sommelier José Muñoz, el publicista Nicolás Peria y la chef Daniela Lobeto.

Y eso es quizás lo que distingue a los remadores. Ven posibilidades donde otros encuentran problemas. Ven futuro donde otros observan ruinas.

El momento más difícil es cuando todavía no llegaste al punto de equilibrio. Yo lo llamo pasar la rompiente. Hasta llegar ahí, es difícil, dice Raizman.

La recuperación del edificio demandó meses de trabajo, permisos, planificación, restauración y una inversión enorme de esfuerzo humano.

Pero la transformación más importante no ocurrió en las paredes. Ocurrió en el barrio.

Porque detrás de cada emprendimiento exitoso hay algo más profundo que una actividad comercial: existe la capacidad de generar movimiento.

Llegan trabajadores. Llegan proveedores. Llegan clientes. Llegan nuevas oportunidades.

En tiempos donde abundan las noticias sobre cierres, dificultades económicas e incertidumbre, estas historias muestran otra cara de la realidad.

La de quienes siguen apostando. La de quienes no esperan condiciones perfectas para empezar. El valor del plato no es el precio, sino que la gente se vaya agradecida, dice la chef.

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Porque cada nuevo negocio representa mucho más que una actividad económica. Representa una decisión. La decisión de creer. En ese sentido, Muñoz aporta: Todo sale adelante si remamos juntos.

Son los remadores. Los que generan empleo. Los que invierten. Los que sostienen proyectos. Los que empujan incluso cuando la corriente viene en contra.

Porque detrás de cada persiana que se levanta hay mucho más que un negocio. Hay una historia de coraje.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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