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Provinciales
TN 02/07/2026 07:54 5 min de lectura

El secreto de la mermelada que desayuna el rey Carlos III y el auge de la naranja amarga en el suelo bonaerense

Mientras los frutos de Sevilla viajan a Buckingham, en distritos como San Pedro, Pergamino y Azul se rescata el valor de esta variedad cítrica. De arbolado urbano a dulces artesanales o productos farmacéuticos, el campo local emula una tradición que

El secreto de la mermelada que desayuna el rey Carlos III y el auge de la naranja amarga en el suelo bonaerense
Foto: TN

Cada invierno europeo, un silencioso ritual diplomático y gastronómico se pone en marcha en los jardines del Real Alcázar de Sevilla.

Más de mil naranjos amargos, cuyos frutos tapizan los patios históricos de la ciudad andaluza, comienzan su viaje hacia el Palacio de Buckingham.

Es una tradición que supera los 120 años de historia y que abastece el exigente desayuno del rey Carlos III con la célebre bitter orange marmalade.

Sin embargo, cruzando el Atlántico y en pleno invierno austral de 2026, una fiebre similar pero con un destino inesperado está transformando las veredas del interior de la provincia de Buenos Aires.

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Ciudades como San Pedro, Azul y Pergamino descubrieron que sus propios naranjos amargos, plantados originalmente como mero adorno urbano, guardan un tesoro codiciado por los mercados más exigentes del mundo.

Un manjar de reyes

La fascinación de la Corona británica por la naranja amarga sevillana (Citrus aurantium) nació a principios del siglo XX de la mano de la reina Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de la reina Victoria del Reino Unido y esposa de Alfonso XIII.

Al instalarse en España, la soberana extrañaba las amargas notas matutinas de las confituras de su tierra natal. Como un gesto de cortesía y afecto, las autoridades españolas comenzaron a enviar cargamentos de los frutos recolectados en el Alcázar hacia Londres. Salvo por los lógicos paréntesis de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, el envío jamás se interrumpió.

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La razón por la cual esta variedad es insustituible en la mesa real radica en su química natural.

Aunque su pulpa cruda es excesivamente ácida y desagradable para el consumo directo, su cáscara posee una concentración excepcional de aceites esenciales sumamente aromáticos.

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Durante la cocción, estos aceites liberan un sabor profundo, complejo y elegantemente amargo. Además, el fruto es sumamente rico en pectinina natural, lo que permite lograr una textura espesa y perfectamente gelatinizada sin necesidad de recurrir a aditivos o espesantes artificiales.

Esta búsqueda de autenticidad, pureza y respeto por el territorio encaja a la perfección con la filosofía del rey Carlos III.

El monarca británico fue, desde la década de 1980 en su residencia de Highgrove House, un pionero global en la defensa de la agricultura ecológica y la sostenibilidad.

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A través de marcas como Duchy Originals (hoy asociada a Waitrose bajo la línea Waitrose Duchy Organic), el soberano promovió la producción a pequeña escala con un fuerte valor identitario. Para el paladar real, la mermelada no es un simple aderezo dulce, sino un manifiesto de memoria histórica, biodiversidad y alta gastronomía.

Fiebre verde en las veredas

Mientras Europa saborea el legado andaluz en finas rodajas sobre tostadas, en el suelo bonaerense la naranja amarga está escribiendo un capítulo inédito ligado a la ciencia y la exportación de frontera.

En localidades como San Pedro, los árboles plantados hace décadas para embellecer el centro de la ciudad con motivo del Día del Viverista dejaron de ser un elemento del paisaje o un problema de limpieza vecinal para convertirse en el epicentro de una negociación internacional sin precedentes.

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El interés ya no proviene de refinados maestros confiteros británicos, sino de laboratorios y plantas de procesamiento farmacéutico de Vietnam y China. El objeto de deseo son las llamadas bolillitas: pequeños frutos verdes de naranja amarga que miden estrictamente entre 1,5 y 2 centímetros de diámetro.

Es precisamente en este estadio temprano de maduración donde el cítrico concentra sus máximos niveles de hesperidina, un flavonoide de alta demanda global en la industria de la medicina por sus propiedades antioxidantes y protectoras del sistema cardiovascular.

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El fenómeno cobró tal magnitud que universidades y expertos locales lideran la articulación comercial. En la ciudad de Azul, el ingeniero agrónomo Hernán Godoy, Profesor Adjunto de Fruticultura de la Facultad de Agronomía de la UNICEN, comenzó a investigar el potencial de los naranjos amargos locales, algunos con más de 70 años de historia en el arbolado público.

Una de sus notas técnicas llamó la atención de EnterVietnam, una firma de logística asiática liderada por un CEO argentino, que rápidamente activó los protocolos para recolectar, procesar en laboratorio y despachar muestras urgentes por correo internacional.

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El desafío logístico y el potencial económico para la región son colosales. La demanda asiática estimada asciende a unas 8000 toneladas anuales del insumo vegetal, lo que obliga al sector a pensar en cómo reconvertir la recolección urbana en un esquema de producción formal, emulando los cuidados que recibe el fruto en los palacios europeos, pero con un perfil tecnológico y biológico.

De Azul a Pergamino y San Pedro, el campo bonaerense demuestra que la naranja amarga sea para endulzar el desayuno de un rey o para abastecer laboratorios del sudeste asiático dejó de ser un descarte urbano para consolidarse como un sofisticado embajador global.

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