Ravier debutó con tropiezos y quedó expuesto a la inevitable comparación con Adorni - Parlamentario
En su primera conferencia de prensa como vocero presidencial, mostró escasa soltura, respuestas leídas y dificultades para manejar temas sensibles.
En su primera conferencia de prensa como vocero presidencial, mostró escasa soltura, respuestas leídas y dificultades para manejar temas sensibles.
Como muestra basta un botón, dice una famosa frase en la industria textil que habla de la calidad del producto, y en ese camino bien se puede afirmar que el flamante vocero Adrián Ravier no le llega a los talones al polémico y eyectado vocero Manuel Adorni.
Claro, los tiempos son diferentes: Adorni asumió en un gobierno de La Libertad Avanza con un gran apoyo y la sociedad festejaba que el entonces vocero se complaciese al anunciar el cierre de oficinas públicas y el despido de miles de trabajadores.
Eran los tiempos de la supuesta guerra a la casta política y de la motosierra del presidente Javier Milei, que cortaba tanto reparticiones improductivas como tejido social productivo, con un amplio apoyo de la opinión pública.
Eran tiempos en que el país era gobernado con mano firme por el Triángulo de hierro, compuesto por el presidente Milei, su hermana Karina y el asesor presidencial estrella Santiago Caputo.
Ravier asumió el martes como vocero presidencial en medio de grandes expectativas por las internas palaciegas entre Karina Milei y Santiago Caputo, y Karina y Javier Milei con Patricia Bullrich.
Y dio su primera conferencia de prensa buscando poner fin a los escándalos en torno a los onerosos y excéntricos gastos de Adorni, sus misteriosos y furtivos viajes turísticos y la investigación judicial por enriquecimiento ilícito.
Pero Ravier debutó mal como vocero, quizá como la contracara de Adorni en su primer año de gestión (después desbarrancó) que lo convirtió en un funcionario con alta aceptación después del jefe de Estado.
Ravier trastabilló al leer en forma monocorde y aburrida (más allá de los nervios) su informe -mayormente de tono económico y con decenas de cifras inentendibles, tal cual su expertise de economista-, pero también lee las respuestas que les da a los periodistas en la conferencia de prensa.
Su equipo le prepara un paper/machete sobre posibles preguntas de los periodistas (Adorni también lo tenía, pero no leía todo) y él las lee puntualmente de corrido, sin sonrojarse.
Ante la inquietud de los periodistas por la celosa custodia impuesta arbitrariamente en la Sala de Periodistas Decano Roberto Di Sandro, virtualmente militarizada por agentes de la Casa Militar de la Rosada, Ravier dijo con desconocimiento supino que por ejemplo en Washington los periodistas están en otro edificio y no en la Casa Blanca.
La primera idea estrambótica de trasladar a los periodistas de la Casa Rosada surgió durante la gestión del presidente Mauricio Macri (los poderosos viceministros Manuel Quintana y Gustavo Lopetegui letenían ganas a la oficina ubicada en el corazón de la Casa Rosada), y el proyecto -frustrado por la tenaz oposición de los acreditados- era llevarlos al Centro Cultural Kirchner, lejos, cuando estaba virtualmente desactivado.
La diferencia con la Casa Blanca y otros países democráticos es que los presidentes dan conferencias de prensa periódicas (Macri y sus ministros lo hacían) a agenda abierta, al igual que integrantes de su Gabinete, y van a los medios oficialistas, pero también opositores.
En más de dos años y medio de gestión el presidente Milei no dio ninguna conferencia de prensa. Y hay ministros -y Karina y Santiago Caputo- a los que casi no se les conoce la voz.
En cuanto a Ravier, también tuvo su primera frase desafortunada (él mismo, autocrítico, la describió después como poco feliz) y polémica, que quedará para siempre en su repertorio de vocero: mandó a los argentinos a abrigarse frente al frío al justificar los aumentos mensuales en las tarifas de servicios públicos.
Como sea, en el Triángulo de hierro advirtieron rápidamente la por ahora poca solvencia del flamante vocero, y su jefe, Santiago Caputo, mandó el martes al titular de la Fundación Faro, de donde proviene Ravier, a auxiliarlo en varios programas oficialistas.
El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, hizo lo mismo.
Por último, se verá en estos días el rol del nuevo secretario de Prensa, Fabián Fernández, quien -según Ravier- tiene la potestad de reabrir y pacificar la Sala de Periodistas Decano Roberto Di Sandro.